¿Qué pretende este blog?


Mi blog pretende realizar una crítica, lo más completa posible, de los principales hoteles europeos, así como proporcionar instrucciones y usos de protocolo y buenas maneras tanto a los profesionales del sector como a los huéspedes de los establecimientos. Como se observa, todo está basado en la independencia que me caracteriza, no perteneciendo a ninguna empresa relacionada con este mundo. Soy un consultor independiente. Personalmente he visitado cada uno de los locales de los que hablo en este blog.
Es mi capricho, del que llevo disfrutando varios años y quiero poner mis conocimientos y opiniones a disposición de todo aquel que quiera leerlos.
La idea surgió al no encontrar nada en la red - ni siquiera en inglés - sobre auténticas críticas de hoteles, al margen de comentarios de clientes enfadados que "cuelgan" sus quejas en distintas webs como un simple "derecho al pataleo" sin intento alguno de asesorar, construir o mejorar.
Muchas gracias por vuestra atención y colaboración.

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lunes, 21 de febrero de 2011

Las estrellas de un hotel



Está muy generalizada la idea de medir la categoría de un hotel por su número de estrellas. Incluso, a muchos, se les llena la boca con los estrambotes de las mismas. Por ejemplo, 4 estrellas "Superior" o 5 estrellas "Lujo o Gran Lujo". No voy a hablar, por vergüenza, de esos cursis que hablan de hoteles de 6 o 7 estrellas como el Burj Al Arab de Dubai u otras ciudades de Oriente Medio. Seguro que algún nuevo rico tipo Don Turbante Petrodolar ya está pensando en alguno de 9 o de 11. Como dicen los murcianos "¡Acho! A cuantah má, mejor".

Ciertamente, no podemos negar que las estrellas nos confieren una catalogación común (más o menos) sobre servicios e instalaciones de un hotel en cualquier parte del mundo. Pero quien esté leyendo este texto pensará que no es del todo cierto. Un hotel de tres estrellas en Amsterdam no suele tener nada que ver con uno de la misma categoría en España. O sí. No sé. De verdad, no aconsejo a nadie optar por un hotel mirando exclusivamente el número de estrellas del mismo.

Los nuevos ricos sólo miran el dinero y antes de elegir se hacen esta pregunta: ¿Cuál es el que más cuartos vale? Sigue siendo murciano nuestro ejemplo. "Pues, el menos barato es el Cala di Volpe. ¡Eh lujosísimo, tiene 5 estrellas gran lujo, la órdiga! Está por la isla esa de Cerdeña, en un puerto que se llama Ciervo o argo asín". Con todo, ese personaje y su acompañante, después de haber decidido siguiendo esas directrices penosas, se plantan en Porto Cervo en la Costa Smeralda a pasar una semana. Luego regresan a Totana echando pestes del mismo porque, seamos sinceros, este tipo de personas probablemente no sepan disfrutar de los servicios de un hotel como el que hablamos y no es intención mía ser clasista ni minusvalorar a nadie. Y menos a un murciano.

Los ruines o mezquinos se pasan por el lado contrario. Si existiera algún hotel con estrellas "negativas", procederían a su reserva inmediatamente. Estos casos suelen darse a menudo entre los madrileños.
-Oye, Cuqui. Mira a ver si encuentras en Venecia un hotel de dos estrellas a lo sumo. De esos que por 38 euros te dan el desayuno-. ¡Pero hija! -responde él- a ver si vamos a tener que compartir hasta el baño con los de la habitación de enfrente.
"¡Pues sí, he encontrado uno en "e-nightmare" por 40 euros la noche con desayuno! Está situado en la zona nueva de la ciudad (eso suele ser siempre cerca del aeropuerto) y sólo tiene 47 críticas negativas de 105 en Tripadvisor. Es prepago pero lo reservo no vaya a ser que se acabe la oferta."
Pobres chicos. No saben lo que les espera.
Por todo, merece la pena detenerse un poco más a la hora de elegir.
Yo no soy perfecto -lo habrá notado cualquiera que haya leído un par o tres entradas de mi blog- y en algunas ocasiones, hace ya algún tiempo, optaba por acudir a esas macro-agencias de viajes a pedir asesoramiento sobre hoteles en el destino por el que había optado. Rápidamente me pude percatar que la chica o chico que me atendía sólo se guiaba por el criterio de número de estrellas de los hoteles y, alguno que rozaba el "summun" de la cordura, también utilizaba criterios de distancia desde el centro de la ciudad. Pero nada más. Como si de autómatas se tratara, sólo le ponían voz a la pantalla de su ordenador.
"Pues sí, he encontrado un hotel de cuatro estrellas con desayuno incluido muy cerca de la plaza Dam". Cualquier persona que conozca mínimamente la capital holandesa, o haya leído algún artículo de la Conde Nast sabrá que el peor lugar de la capital holandesa para buscar alojamiento es ese. Aparte del bullicio, te puede perfectamente tocar un hotel en pleno Barrio Rojo donde las luces de neón no te permitan pegar ojo en toda la noche. Las luces de neón o los gritos de los borrachos.
Creo que ya lo he dicho anteriormente pero recuerdo que hace unos siete años pregunté en una agencia de viajes sobre alguno a la Costa Amalfitana y me respondieron que en dónde estaba eso. Les aseguro que no era Viajes Blas.

Para acabar este texto con un mensaje más constructivo, déjenme proponerles unas reglas elementales para tener en cuenta antes de proceder a la reserva de un hotel.

1. No te guíes sólo por el número de estrellas de un hotel.

2. Primero localiza los grandes hoteles de lujo de la ciudad a la que quieres visitar.

3. Una vez localizados, investiga la zona en la que están situados. Este criterio suele ser muy objetivo. Casi siempre están en las mejores zonas de la ciudad.

4. Consulta su precio, a veces te sorprenderán. Vale. Lo reconozco. Lo normal será que te sorprendan por lo caro pero, a veces, uno encuentra un chollo. Y no hace falta que sea por Trivago (a veces Tripago). No olvidemos que la competencia es atroz a todos los niveles.

5. Si no podemos optar a ninguno, empezaremos a mirar por criterio de cercanía a esos hoteles, otros, usando una herramienta muy recomendable como Google Maps y las propias webs de los hoteles. Al final, en la mayoría de ocasiones, encontraremos alguno que se adapte a nuestro presupuesto. Y dará igual que el hotel tenga tres que cuatro o cinco estrellas. Al menos, nos habremos asegurado, no acabar estrellados.

lunes, 7 de junio de 2010

Yotel Schiphol. Un alto en el camino








Algunos de mis, cada vez más, seguidores (se agradece) se preguntarán qué hago haciendo una reseña de un "hotel" ubicado en el interior de un aeropuerto. Entrecomillo hotel porque, en realidad, Yotel, no es un hotel corriente ni, mucho menos, un hotel de lujo. Por ello el título de mi entrada es "un alto en el camino".
Me pudo la curiosidad. Había oído hablar de esta empresa que, actualmente, posee tres sedes. La que hablamos ahora situada en el aeropuerto de Amsterdam, otra en London Gatwick y otra en London Heathrow.

Yotel Schiphol es un recinto situado dentro del aeropuerto, en el Lounge 2 del mismo y se accede a él una vez pasado el control de pasaportes. Por tanto, si no se posee una tarjeta de embarque, no se puede entrar. Es lógico que sea así. Habría que ser estúpido para reservar este "hotel" para hacer unos días de turismo. La idea está muy bien pensada. Schiphol es un aeropuerto de mucho tránsito y, sobre todo, de muchas conexiones de vuelos internacionales e intercontinentales. Por tanto, el viajero puede relajarse unas horas y retomar fuerzas para continuar el viaje.

Yotel no se reserva por noches sino por horas. Lo puedes hacer directamente desde su página web www.yotel.com que engloba los tres recintos de los que hablaba anteriormente. Te hacen el cargo inmediatamente en la tarjeta de crédito en el momento de la reserva, no obstante puedes cancelarlo en cualquier momento. Está bien ideado para dar facilidad al cliente que, por retraso de su vuelo, no puede llegar a la hora prevista.

El acceso es muy sencillo y está muy bien indicado. El check-in lo haces automático en una máquina. No son habitaciones, son cubículos absolutamente enanos pero, tengo que decirlo, mejor cuidados y con prestaciones mejores que las de algunos hoteles que se dicen buenos.
Hay tres tipos de "habitación", "standard" con cama simple para una persona; "twin" con dos camas en litera y "premium" con cama de matrimonio para dos personas. Yo elegí esta última.
La entrada causa impresión. La cama está recogida como si fuera un sofá. A dos pasos enfrente, el cuarto de baño con lavabo, ducha e inodoro. Dos enanas mesillas de noche pegadas a la cama. Son absolutamente polivalentes para dejar desde la maleta de mano hasta el móvil. Para que me entiendan, se asemeja a un vagón de tren o a un pequeño camarote de barco. Pero me gustó porque todo está cuidado hasta el más mínimo detalle.

La ventana tiene un estor que, una vez bajado, consigue la absoluta oscuridad, la cama tiene en un lateral un "display" totalmente automatizado con el que se controla todo el cuarto, luces, televisión, calefacción, aire acondicionado. La cama se estira pulsando un botón y, créanme, es más cómoda que la de algunos hoteles de lujo en los que he estado. El silencio es absoluto. Además posee un servicio de habitaciones que te acercan la comida solicitada.

El baño llega a crearte sensación de amplitud, buen jabón de manos, gel y champú y está completamente separado del resto del cubículo con una mampara traslúcida que confiere cierta intimidad. Y digo cierta porque esta estancia es imposible compartirla con un enemigo; aunque digan que el roce hace el cariño. Prohibido para encuentros de divorciados.

Mi avión despegaba a las seis de la mañana y, de esta manera, pude levantarme tranquilamente a las cinco y cuarto. De haber estado en Amsterdam ciudad, hubiera tenido que dejar la cama a las cuatro, a esas horas no se es persona ni nada.

La limpieza y el cuidado de los detalles es lo que más me sorprendió. Esta es la razón por la que le he dedicado a Yotel una reseña solo para él.

Buen viaje.