Este blog ha sido creado para la crítica al detalle de los mejores hoteles de Europa. Desde la clase, la elegancia, la caballerosidad y buena educación se intenta valorar lo bueno y lo mejorable de los principales establecimientos hoteleros del viejo continente. No interesa aquí lo que dicen las páginas web oficiales sino lo que no dicen, es decir, las experiencias del crítico en hostelería.
¿Qué pretende este blog?
Mi blog pretende realizar una crítica, lo más completa posible, de los principales hoteles europeos, así como proporcionar instrucciones y usos de protocolo y buenas maneras tanto a los profesionales del sector como a los huéspedes de los establecimientos. Como se observa, todo está basado en la independencia que me caracteriza, no perteneciendo a ninguna empresa relacionada con este mundo. Soy un consultor independiente. Personalmente he visitado cada uno de los locales de los que hablo en este blog. Es mi capricho, del que llevo disfrutando varios años y quiero poner mis conocimientos y opiniones a disposición de todo aquel que quiera leerlos. La idea surgió al no encontrar nada en la red - ni siquiera en inglés - sobre auténticas críticas de hoteles, al margen de comentarios de clientes enfadados que "cuelgan" sus quejas en distintas webs como un simple "derecho al pataleo" sin intento alguno de asesorar, construir o mejorar. Muchas gracias por vuestra atención y colaboración.
Es conocido por mis lectores que soy un pesimista existencial respecto al número de seguidores de este blog. Aún así, por deferencia a ellos, ya que -aunque en privado- me lo han solicitado, voy a centrarme en próximos post en los hoteles de lujo españoles. Bajo el título "Alfredo, de gira por España" hablaré de los establecimientos con más clase de nuestro país. No seré tan exhaustivo como frecuento debido a que convertiría en kilométrico este capítulo. Si pierdo, por tanto, dos o tres de mis lectores frecuentes me veré abocado al más absoluto de los fracasos y mi psiquiatra me lo recriminará.
Quiero que se me excuse al no utilizar en esta saga, absolutamente todos los criterios de calidad y rigor sobre los hoteles que, creo, han quedado claros en mis anteriores entradas. Lo digo porque, quitando algunas ciudades españolas (pocas), los hoteles con clase en España no se prodigan efusivamente, que digamos. Por tanto, sin llegar al detalle de ir municipio por municipio, al menos quisiera citar uno de cada Comunidad Autónoma.
Como estoy delimitando el criterio geográfico al ámbito nacional español, espero suscitar interés en el lector y le animo a que rompa el vacío absoluto y gélido del que hacen gala casi todos los buzones de comentarios de cada uno de mis post.
Hace poco, navegando por el ciberespacio a la caza de alguna noticia relacionada con la hostelería, me topé con una acaecida en Australia cuyo contenido afirmaba:
"El artículo dice que los viajeros que esparcen comentarios o reseñas negativas sobre hoteles podrían exponerse a largas y costosas batallas legales. Asimismo, también menciona que algunas páginas de reseñas de hoteles tienen sus términos y condiciones donde subrayan que se los indemnice en caso de alguna difamación difundida sin fundamentos. La mayoría de estas condiciones se encuentran en la letra pequeña de estas páginas y yo nunca me había fijado en ellas sin detenerme a publicar una crítica positiva o negativa. Por lo visto, parece que el miedo a la mala imagen acecha y no estaría mal que revisáramos nuestra libertad de expresión antes de disparar."
Si bien es cierto que Australia queda algo lejos de España, me hizo reflexionar y quiero expresarles con sinceridad, mis queridos lectores, que intento callarme antes de afirmar algo que pueda llevar a la difamación sin fundamentos, empero, no me callaré, ni me harán callar, si mi intención es colaborar a mejorar lo que, de hecho, se hace mal. No se puede permitir que en un hotel de lujo, con el paso del tiempo, adquiera prácticas, o mejor dicho, vicios de hostal de estación de tren de provincias. En España, muy a mi pesar, tales vicios los he encontrado con más profusión que en el resto de Europa, salvando algunos casos.
Comenzaremos en la próxima entrada del blog con Galicia y Asturias.
He esperado cierto tiempo para escribir la crítica del Hotel Cipriani. Es muy recomendable al criticar algo negativamente, esperar para enfriar la mente y calmar los ánimos; en definitiva, para ganar en objetividad. Lo mismo sucede en el caso presente, pero al revés. Ha sido una estancia tan maravillosa que he tenido que vencer el deseo de escribirla nada más llegar. Todo sea por acercarse lo máximo posible a la verdad.
Web
Qué puedo decir de la web del Hotel Ciprianio de cualquiera de los hoteles que componen la cadena Orient Express, sin dudarlo, la cadena con un lujo más exclusivo y personal que conozco, y que me lo permita Four Seasons. Perfectamente distribuida toda la información, muy asequible a la hora de consultar precio y disponibilidad de habitación, fotos en muy alta calidad; en definitiva, muy acorde a los criterios particulares del hotel. Y muy celosa de no mostrar absolutamente todo lo que te espera al llegar.
Como suelo hacer en muchas ocasiones, reservé telefónicamente una estancia de tres noches en el hotel a través de la central de reservas The Leading Hotels of the World. Agradezco, como siempre, la atención que tuvieron para conmigo los agentes de habla española de dicha central.
Llegada a Venecia y Check-in
Mi acompañante y yo aterrizamos en el aeropuerto de Marco Polo por la mañana. La vista desde el avión aproximándose a la ciudad es preciosa, el cielo totalmente despejado. Al no ser un aeropuerto muy grande, en pocos minutos ya nos encontrábamos en la salida del mismo y un chofer nos esperaba con una Minivan justo en la puerta para trasladarnos al embarcadero. Es un trayecto de unos tres minutos. Sin prisa pero sin pausa -así es como hay que actuar en estos traslados- nos vimos ya subidos a un water taxi que en no más de quince minutos nos trasladó al Cipriani.
Llegada al embarcadero del hotel
Yo no puedo decir que el Hotel Cipriani sea el mejor hotel del mundo, eso es un tanto cursi y no he estado en todos los hoteles del planeta para poder sentenciar de esa manera. Pero sí que afirmo rotundamente que, conforme a mis criterios de calidad y servicio, no se equivocaría quien dictara tal afirmación.
El hotel, fundado en los años cincuenta por Giussepe Cipriani, también fundador del famoso Harry´s Bar, fue siempre sinónimo de lujo y distinción. Y ya en la década de los setenta, el Hotel Cipriani fue adquirido por Sr. James B. Sherwood, al mando de Sea Containers y posteriormente fundador de Orient Express.
Desde el barco, llegando al embarcadero del hotel, ya imaginas lo que te espera. Roberto Senigaglia es la primera persona del staff del hotel con quien uno se encuentra al llegar. El hotel Cipriani tiene una circunstancia personal que lo hace único. Sólo se puede acceder a él en barco, no es posible llegar a él en otro transporte. Por tanto, el puesto de Roberto es muy "sui generis" ya que no lo hay en otros hoteles. Pero que me perdonen el resto de sus compañeros, él es el "alma mater" del Cipriani.
Roberto Senigaglia. Lamento que la foto esté hecha a contraluz. Soy muy mal fotógrafo
Su lugar de trabajo es el embarcadero del hotel. Sus únicas herramientas, su teléfono -no para de sonar- y una agenda de papel situada en una especie de mostrador cuyas hojas no paran de moverse con el viento. Para que me puedan comprender, Roberto, lo podemos situar dentro del Concierge del hotel con las particularidades que hablaba anteriormente. Tiene, a mi juicio, el mejor don que pueda tener un trabajador de un hotel. Y no es otro que al mirarte una sola vez, Roberto, sabe todo lo necesario de ti para hacerte una estancia en el Cipriani absolutamente inolvidable. Eso vale su precio en oro -habida cuenta de la multiplicidad de peculiares clientes del hotel- y no hay salario que lo compense de verdad. Es afable, siempre tiene una sonrisa en la boca, no es charlatán pero te da muy buena conversación. Pero, sobre todo, se adelanta a todos tus deseos. ¿Se puede pedir algo más como primera impresión de un hotel?
Jardines de entrada al hotel con el embarcadero al fondo
Pues sí, aún hay mucho más. El Cipriani tiene una entrada repleta de plantas y flores olorosas; un verdadero jardín veneciano que te traslada a otra época. Conserva esa majestuosa y lujosa decadencia que sólo tres o cuatro hoteles en el mundo la tienen. El mostrador de recepción y del Conciege están situados uno frente al otro. Hicimos un check-in ultra rápido, nos estaban esperando y eso que tuvieron el detalle de hacernos un "early check-in" puesto que nuestro vuelo era muy mañanero.
Una relaciones públicas nos acompañó a la habitación. La primera impresión es fascinante. Un pasillo separa el dormitorio del baño y del armario vestidor. El dormitorio constaba de una cama tamaño King de la firma americana Sealy -exclusivamente fabricadas para Orient Express-, tan bien vestida por géneros de lujo de Rivolta Carmignani que daba gusto verla.
Detalle de la habitación
Dos lámparas de tela de estilo veneciano, magníficas e imperiales pero muy acogedoras, iluminaban todo el cuarto. A un lado una mesita baja con un pequeño sofá, formaban una estancia; al otro lado -de la cama- un escritorio de madera noble con toda la información necesaria del hotel. Y entre estos, una pequeña mesa de mármol, donde de inmediato, nos sirvieron como amenidad de bienvenida una botella de champán y unas fresas deliciosas.
Detalle de la habitación
Pasillo de la habitación. Baño a la derecha
Otra estancia de la habitación
La televisión, como debe suceder en los buenos hoteles, pasaba desapercibida en un mueble de pared que podía moverse a ambos lados. Las lámparas de mesa, junto al plafón del pasillo, eran de cristal de Murano. El minibar muy bien camuflado y de correcto funcionamiento con flores frescas encima del mueble. El aire acondicionado, proporcionaba el frío necesario, si así lo deseaba; y era muy silencioso. El suelo, precioso, de madera maciza. Nada de esas tonterías de tarimas flotantes. La habitación sólo tenía un fallo que debe ser prontamente corregido por la dirección del hotel. Sólo tenía una toma accesible de enchufe de corriente disponible. Su número, si mal no recuerdo, era la 129. Mis lectores saben que no me gusta dar el número de la habitación donde he estado pero esta vez sirva como ayuda para solucionar este pequeño tema.
La terraza era un remanso de paz y serenidad. Enorme, cubría toda la dimensión más larga de la habitación, con vistas a los maravillosos y perfectamente cuidados jardines del hotel. Otra mesita con dos sillas fueron situadas en dicha terraza donde pude disfrutar de unos relajantes pitillos. No me gusta fumar dentro de la habitación del hotel, me parece de mal gusto aunque la habitación sea para fumadores. En mi caso no lo era pero amablemente el servicio de habitaciones dispuso un cenicero encima de la mesita de la terraza.
Larga terraza
Vista de los preciosos jardines desde el balcón de la habitación
Otra vista de los jardines con el huerto de plantas aromáticas
Y aún nos queda hablar del baño. Con un mármol blanco majestuoso, el lavabo situado a la derecha de la entrada, la bañera enfrente y el inodoro y bidé a la izquierda -en una estancia aparte- y la ducha en otra, sólo las fotos que adjunto hacen algo de justicia al mismo. El perímetro del espejo estaba recubierto con una cenefa de cristal de Murano que le daba un toque perfecto. No me cabe otra que catalogarlo de excelente.
Bañera
Lavabo
La cestita de cerámica de las toiletries, Penhaligon´s de la línea Blenheim Bouquet, como no podía ser de otra manera, era perfecta; además era repuesta cada turndown en su totalidad. También combinaba con jabón de manos Bulgari y elixir bucal y crema de manos Molton Brown. Las sales de baño estaban situadas en un recipiente de porcelana cerca de la bañera. También cerca estaba enrollada la esterilla para no resbalarse dentro de la bañera. Yo la odio pero no conozco a ningún inglés que no le guste. Las toallas eran esponjosas y cálidas, los albornoces cada uno de una talla diferente, como debe ser, al igual que las zapatillas. Los albornoces y toallas también estaban firmados por Rivolta Carmignani.
Detalle de las toiletries
Y justo a la salida del baño se encontraba el armario vestidor. Una auténtica obra de ingeniería tradicional puesto que no era excesivamente grande pero tenía una distribución tan perfecta que no hacía falta más. Como nota a mejorar, las puertas de corredera tenían un tope de vuelta y se cerraban solas, siendo un tanto incómodo a la hora de abrir y cerrar cajones, pues todo tendía a tropezarse.
La caja fuerte, situada en el armario a la altura adecuada, fácil manejo. Perchas de diferente tipo y muchas, paraguas, bolsa con el emblema del hotel, almohada dura de cortesía, en fin, todo lo necesario para cuidar hasta el más mínimo detalle.
Detalle de algunas amenities del armario
Venecia es una ciudad preciosa pero, paradójicamente, es insoportable al mismo tiempo. Viajé a finales de abril del presente año y, aunque gozamos de un tiempo estupendo, de once de la mañana a ocho de la tarde, mejor quedarse en el hotel. Aparte de que en Venecia, el calor aprieta, no puedes andar del gentío que alberga. La cola para entrar en la catedral daba la vuelta a la plaza de San Marcos. Empujones, camisetas sudorosas de tirantes, cámaras de fotos compulsivas, bocadillos de salchichón barato y gorras de visera de propaganda pueblan la masificada Venecia. Una vez caída la noche, da gusto ver como casi todos desaparecen -sinceramente no sé donde se meten- y puedes pasear tranquilamente perdiéndote entre sus estrechas calles y puentes. Es en ese momento cuando te das cuenta de lo maravillosa que es esta ciudad. No puedes pasar sin tomarte un helado con una copa de champán en Cafe Florian o en Quadrioyendo su música en directo, notando la rivalidad entre ambas orquestas. Sinceramente, yo soy de los de Florian.
Eso es lo perfecto del Cipriani. Me refiero a que a un paseo de cinco minutos en barco, llegas al remanso de paz más perfecto que puedas desear teniendo al otro lado la masificación más poblada de la tierra. Un barco gratuito -lo de gratuito en el Cipriani es un decir- conecta la Plaza de San Marcos con el hotel las 24 horas del día ,a disposición de sus clientes. El corto paseo cruzando la bahía es delicioso. Pero que hablen mejor las imágenes.
Lancha que conecta el hotel con la Plaza de San Marcos
Detalle del interior de la lancha
La lancha shuttle arrivando a San Marcos. Foto tomada desde el Palazzo Vendramín
Embarcadero privado del hotel justo al lado de la Plaza de San Marcos. La entrada al paraíso después del infierno
Otro embarcadero del hotel, frente a la piscina. Se utiliza por las noches para no perturbar el sueño de los huéspedes
La piscina del hotel
El hotel Cipriani está situado en la isla de la Giudecca de Venecia. Si por algo se caracteriza la ciudad es por aprovechar los espacios hasta el extremo. Todo lo contrario pasa en el Cipriani. Es asombroso pero la piscina tiene dimensiones olímpicas, con temperatura regulada a 29 grados Celsius toda la temporada. No hay que olvidar que el hotel sólo está abierto de abril a octubre. Alrededor de la misma, se sitúan las tumbonas cómodas y confortables. El encargado que atiende la piscina, muy correcto, prepara perfectamente cada tumbona extendiendo la toalla en la misma, cuidando hasta el detalle de que, en la cabecera se sitúe el emblema del hotel. El último día de mi estancia nos atendió otro mozo, un tanto mayor de edad que el anterior y he de decir que no cuidó tanto los detalles como el primero. Por ejemplo, no extendió la toalla en la tumbona y no nos dió otra toalla para poder secarnos. Siempre hay que recibir a cada huésped de un hotel en la piscina con dos toallas, una para la tumbona y otra para secarse. Para más información pinchar aquí.
La maravillosa piscina de agua caliente
Como detalle a mejorar en la gestión de la piscina, casi una hora y media antes del cierre diario de la misma, (07:00 p.m.) comienzan a retirar los cojines de las tumbonas. Esta circunstancia incomoda a los que en ese momento están disfrutando del sol y del baño porque aparenta que te invitan a retirarte. Es bueno apurar un tanto más para preparar el perímetro de la piscina para la noche.
Por lo demás -estos son detalles muy pequeños-, mi acompañante y yo disfrutamos de unas tardes de sol inolvidables en la maravillosa piscina del hotel Cipriani, sin duda uno de los grandes lugares del mundo para descansar y disfrutar.
Los restaurantes y bares del Hotel Cipriani
Quiero que se me entienda bien lo que voy a contar a continuación. En Venecia, a mi juicio, no se come nada bien. Es más, es la ciudad italiana en donde peor he comido. En un futuro post nombraré algunos restaurantes de la ciudad.
El hotel cuenta con dos restaurantes; el Fortuny -digamos el principal con su dinning room- y el Cip´s Club, situado al otro extremo, como flotante en un embarcadero, con vistas a la bahía y a San Marcos; este último un tanto menos formal. Sin entrar a valorar el tipo de comida (no soy crítico gastronómico), no me acabaron de convencer. El servicio es excelente, las materias primas se notaban de primera calidad pero el tipo de comida no es mi preferida. Es decir, hablamos -para que me entiendan- de ese tipo de cocina con raíces antiguas francesas, salsas y mucho toque inglés. Pero, todo hay que decirlo, es el tipo de comida que la mayoría de los clientes del Cipriani demandan, y así debe ser. Les aseguro que no hay muchos españoles que frecuenten el hotel -no sé si por pena o fortuna de la direccion del mismo-. Por tanto, probado el Fortuny, nos decantamos por salir a cenar a la ciudad, aunque, salvo alguna excepción, tampoco encontramos grandes templos de la cocina. Los postres eran deliciosos.
Pero cuando uno cena en el Fortuny o en el Cip´s Club, no sólo lo hace por su gastronomía, que reitero, no puedo decir nada malo de ella. Lo hace por toda la envoltura que ello conlleva; servicio, vistas, exclusividad, buen hacer, romanticismo, compañía; en fin lo que, a mi juicio, verdaderamente importa en una velada.
Vista de la laguna desde el Fortuny
Interior del elegante Fortuny
Cip´s Club con su embarcadero privado
El salón del Fortuny se utiliza las mañanas con lluvia o viento para albergar el desayuno. De mis tres días de estancia, dos pudimos disfrutar de un desayuno en la terraza casi tocando el agua con la mano y, el último día, en el comedor del Fortuny, también con unas vistas impresionantes.
El desayuno es tipo bufé y a la carta. Si bien es cierto que la oferta de alimentos es bastante grande, no es de los más extensos que he visto. Pero no hace falta más, lo otro es una grosería. Es suficiente con un muy buen jamón, unos quesos de primerísimo nivel, un embutido riquísimo, fruta, cereales, buen zumo de naranja y de pomelo y un pan excelente. El servicio de desayuno es muy bueno; como nota a mejorar aún más dicho servicio, propongo que el jefe de camareros pueda impartir la directriz de que el equipo mire más a menudo a los ojos de los comensales para notar que le están reclamando para algún servicio. Un camarero nunca mira al suelo.
Terraza donde se sirve el desayuno
El Bar Gabbiano, en la explanada de la piscina, es fabuloso para poder disfrutar de un buen café a media tarde o de una copa después de cenar. El barman supo escucharme perfectamente cuando le solicité mi particular gin-tonic. Muy cómodos los sillones y sofás de la terraza. Muy buen detalle el de instalar unas pequeñas estufas eléctricas que proporcionan el suficiente calor por la noche sin llegar a achicharrarte.
Bar Gabbiano. Actualmente ha sido remodelado
Al otro extremo de la piscina está situado el Pool Bar con unas mesas y sillas de forja, muy adecuado para tomar algo mientras se está en la piscina del hotel, sin los inconvenientes de la indumentaria de baño.
El Bar Fortuny, adyacente al restaurante con el mismo nombre, abierto antes de la cena, mientras descansa el Gabbiano, es muy aconsejable para disfrutar de un Bloody Mary antes de la misma. También puedes pedirte un famoso Bellini -que a mi no me gustó. Soy muy rarito para los combinados-.
El turndown del Cipriani
Siempre doy mucha importancia a este servicio de un hotel. Es más, como he dicho en otras ocasiones, estudiando cómo un hotel realiza el turndown podemos llegar a catalogarlo verdaderamente de lujo o de pufo, en lo que a servicio se refiere. Sin dudarlo, el Hotel Cipriani no tiene ni un ápice de pufo y es un referente en este aspecto. En primer lugar, porque no incomoda en absoluto su horario. Para ello, optan por un interruptor eléctrico para saber si el huésped está dentro o fuera de la habitación. Con ello, nos evitamos las incómodas tarjetas de "non disturb"-que lógicamente también pueden ser usadas si se desea- y el servicio de habitaciones sabe en todo momento cuando la habitación está libre -aparte del arte que el servicio de camareras debe tener para esta cobertura-.
La cama es descubierta con gracia, el cubrecama es plegado ordenadamente, las almohadas se disponen en la cabecera meticulosamente, unas alfombras de salto de cama de hilo son depositadas a ambos lados de la misma y las zapatillas encima de dicha alformbra. El cabecero de la cama, al no ser de género de tela sino de madera, no es cubierto por ningún paño.
Los cojines de las sillas de la terraza son recogidos y guardados, el menú para pedir el desayuno a la habitación es situado en un lugar accesible, una hoja informativa de la dirección del hotel sobre actividades y eventos del día siguiente es entregada también.
Las cortinas opacas son cerradas para proporcionar la máxima oscuridad, así como las cortinas principales.
Las toallas usadas del baño son repuestas en su totalidad así como las toiletries, que ya de por sí son muy abundantes.
¿Qué más se puede pedir a este servicio? Sólo una cosa más; muy pequeña, la verdad. Deberían depositar diariamente y no sólo el primer día de estancia, una botella de agua en cada mesita de noche y sería bueno asegurarse si el cliente desea "still" o "sparkling". Por ejemplo, los miembros de "The Leaders Club" lo pueden especificar en su perfil privado de la web.
El resto de las instalaciones y servicios del Hotel Cipriani
Necesitaría dos horas para relatar todas las instalaciones del hotel. No lo haré. Pero no puedo terminar sin comentar que el hotel, digamos, tiene dos hoteles dentro del mismo. De hecho, el nombre completo del mismo es Hotel Cipriani & Palazzo Vendramín. Las habitaciones del Vendramín -y también del Palazzeto- tienen vistas a la laguna y a la Plaza de San Marcos. El Palazzo está situado al otro lado de los jardines del hotel a una muy corta y agradable distancia a pie. Su temporada de apertura es parecida a la del Cipriani (abre veinte o treinta días después que este) y comparte absolutamente todos los servicios e instalaciones del hotel. Por así decirlo, es un tipo de alojamiento más exclusivo y privado pero, como es natural, los precios son más elevados.
El hotel recibe muy cordialmente a los niños, eso es muy de agradecer para los periodos vacacionales. Cuenta con un "Smile Club" para los peques, abierto de junio a septiembre con supervisión de profesionales. También tienen una pequeña piscina vigilada y una sala grande para que puedan pintar y hacer sus trastadas.
Una cosa que me encanta es que tienen kits de bienvenida especiales para ellos con albornoces y zapatillas de su talla; me parece un detalle muy gracioso y de buen gusto.
Desde la recepción del hotel hasta la piscina, puedes perderte por un sin fin de soportales con boutiques de auténtico lujo donde puedes adquirir múltiples artículos tanto de vestir como para casa. Loro Piana, es mi preferida. También tienen una boutique on line, un tanto escasa para lo que puedes encontrar allí.
El Concierge del hotel es muy eficaz y amable. Como no podía ser de otra manera, pertenecen a la asociación "Le Clefs d´or" que se distingue por sus altos estándares en calidad y servicio. Se desviven por cualquier petición, ya sea alquiler de water taxi, desplazamientos de cualquier tipo, reservas en restaurantes, transfers al aeropuerto o cualquier capricho que una persona pueda desear. Muy grandes profesionales.
El hotel también dispone de pista de tenis y sala de fitness. Pero mención especial hay que hacer a su reciente "Casanova Wellness", un romántico espacio donde se puede disfrutar de relajantes masajes para parejas, baño de vapor, sauna y un salón de belleza. No dispone de piscina de hidroterapia.
No quiero cansarles con la descripción de todo lo que se pueden encontrar en este perfecto hotel. Pero si tuviera que resumir todo lo dicho hasta ahora o elegir la cualidad que más me haya gustado; sin dudarlo me quedo con la gran clase y estilo que desprende el hotel por sus cuatro costados. Te puedes encontrar -como me pasó- con clientes absolutamente excéntricos, con indumentarias que rayan lo cursi o lo extravagante. Pero el que frecuenta el Cipriani es un cliente educado que sabe comportarse con gran corrección y que va buscando, aparte de todos los servicios que hemos visto, eso, precisamente tranquilidad, intimidad, buena educación, buenas maneras, trato servicial -que no servil- y agradable.
Preciosa vista aérea de Venecia. Ya saben distinguir el hotel
Mis felicitaciones a todo el equipo que forma el hotel, desde la última camarera de habitaciones hasta Giampaolo Ottazzi, general manager del Cipriani. Mención especial hago a mi querido Roberto Senigaglia que tiene la culpa de que, en breve, vuelva a visitar -esta vez con mi familia al completo- el mejor hotel en el que me he hospedado nunca -y los que leen mi blog saben que pongo el listón muy alto-, el Hotel Cipriani & Palazzo Vendramin.
Álvaro S. en un reciente comentario me sugirió que escribiera sobre el minibar de una habitación de hotel. En primer lugar, agradezco a los que me leéis dichas recomendaciones, peticiones o sugerencias porque uno ni tiene tiempo ni dinero para ir cada semana cuatro días a un hotel para luego hacer la crítica; ni tampoco una imaginación de cuento de hadas -y eso que la mía es muy calenturienta- para hacer un buen post sobre un tema relacionado con los hoteles cada semana. Así que, por favor, no os cortéis a la hora de escribirme. Pedid y se os dará; y también se os agradecerá.
Bien, dicho esto, ya he hablado algo de los minibares en otras entradas del blog como "las amenities que están de más y las que no deben faltar" y "Las preguntas prohibidas". Se trata, pues, de recopilar lo dicho hasta ahora y de ampliar toda la información para hacernos una visión lo más completa posible de este elemento que no dejará jamás de sorprenderme, como es el minibar.
Partimos de la base de que, para la gran mayoría de mortales, el minibar es un accesorio endiablado al que no hay que acercarse, siquiera. Sí, seamos sinceros. Cuántas veces hemos entrado en una habitación, nos hemos puesto a mirar todo, a sacar punta a cualquier aspecto de la habitación o del baño y, cuando nos topamos con el minibar, una voz, casi siempre femenina, dice. ¡No lo toques! Sí, lo reconozco, el minibar suele tener una tarifa de precios que, en ocasiones, hace que se lleguen a caer las pestañas. Sigamos siendo sinceros, cuántas veces nos hemos quedado embobados mirando esas botellitas de licor tan bien puestas, ese paquetito de frutos secos que dice cómeme, ese benjamín de champán que parece que tiene tu nombre.... esa, en definitiva, cara de espanto cuando ves la lista de precios y te cagas en todo.
Pero ni calvo, ni con siete pelucas. Si bien, no se trata de fusilar hasta el zumo de tomate del minibar, como si en nuestra vida hubiésemos estado en una cafetería, tampoco se trata de ser un auténtico rácano y jamás usar nada del mismo si nos apetece.
Haga usted examen. ¿Cuántas veces ha respondido a la maldita pregunta del check-out de recepción ¿Tiene usted algo de minibar, con un sí? Digo maldita porque detesto que me la hagan. A nadie le interesa si soy un bebedor compulsivo de ron; y en recepción siempre suele haber mucho tránsito de personas. Siguiendo con lo nuestro, ¿Cuántas veces hemos dicho sí? Si es ninguna y sí nos apetece, pues ya va siendo hora de estrenarse.
Pero claro, ahora llegan los inconvenientes logísticos.
Puede suceder que el minibar sea inteligente, es decir, que tenga una memoria informática conectada directamente con recepción. Si queremos sacar la fanta naranja para hacer hueco al biberón del nene, automáticamente salta un chip como si hubiéramos consumido la fanta. Esto siempre me ha parecido una falta de educación grave de los hoteles para con los huéspedes. Ahora bien, comprendo que hay cierto tipo de clientes de hotel que cual mochileros insaciables, se llevan de viaje la mortadela, la tortilla de patatas, las latas de atún barato, el nescafé. En fín, que llegan a utilizar el minibar como si fuera el frigorífico de su casa y el próximo cliente que entra a la habitación se encuentra con un pestizamen a chorizo que no le deja dormir en toda la noche. Por esta razón, creo que algún ingeniero aburrido inventó dicho minibar inteligente. Aún con todo, estoy en contra de ellos.
También puede ocurrir que el minibar se parezca a la central termodinámica de Móstoles por el puñetero ruido que hace que no te deja pegar ojo; o lo que es peor, el minibar tipo Sputnik que de lo que se mueve, parece que va a despegar en cualquier momento. El minibar debe ser revisado por el hotel de vez en cuando, y no me refiero sólo a la reposición de su contenido, que muchas veces, de no usarse está caducado.
El agua de cortesía que todos los hoteles deberían depositar encima de la mesita de noche en el servicio de turndown, es una amenidad gratuita del hotel; no es consumición de minibar. Por cierto, ante esto debo decir que muchos hoteles sólo dejan el agua la primera noche. Muy mal. Hay que reponerla cada día; racanear con el agua me parece una grosería impropia de un hotel de lujo.
Si en su habitación, cerca del minibar, descubre una cubitera vacía, no es para que se la eche a la maleta; es para pedir que le repongan hielo cuando lo desee llamando al servicio de habitaciones. El sacacorchos y el abrebotellas tampoco están para aumentar el menaje de nuestro hogar.
Antes comentaba que odiaba que me hicieran la pregunta de si había consumido algo de minibar en el checkout. Lo correcto en este caso es tener un servicio de habitaciones muy bien dirigido. En el momento de la salida, una camarera entra y echa un vistazo. Ella comunicará a recepción si hemos consumido algo de minibar o no. Si no es así, se entrega la cartulina en recepción marcando nuestras consumiciones antes de que el intrépido recepcionista nos haga la pregunta.
En algunos hoteles, hoy en día, se está ofreciendo el minibar de cortesía. Ello no me parece mal. Pero si se hace así debe quedar claro que, el minibar es de cortesía y, aparte de reflejarlo en nuestra reserva, nos lo recordarán en recepción a la hora del check-in. Si el minibar es de cortesía es cicatero que sólo sea el primer día; uno paga la misma tarifa de habitación cada día que se hospeda en un hotel. Y, si el minibar es, de verdad, de cortesía, no se puede dejar dentro sólo un zumo rastrero de melocotón, otro de néctar de naranja, un agua en botella de plástico, una pepsi y dos chuminadas más. No digo que haya que poner güisqui escocés pero dice mucho en detrimento de un hotel, aquel que no mantiene los mismos estándares de servicio y calidad para las amenidades que son de pago y las que van incluidas en la tarifa de reserva. Y, además, el plástico es un material que debe estar prohibido en cualquier hotel que pretenda catalogarse de lujo.
Mucho se ha escrito sobre este tema. No seré yo quien repita lo que otros ya han dicho. Intentaré innovar, en la medida de mis posibilidades intelectuales.
Encontrándome, no hace más de cuatro meses, en Munich, precisamente en el hotel ya comentado Vier Jahreszeiten Kempinski , degustando un almuerzo en su maravilloso lounge, presencié una atroz escena que me dio pie a escribir lo que vendrá a continuación. Una familia de cuatro miembros estaba situada en la mesa de enfrente. El cabeza de familia, y nunca mejor dicho, se la cubría en todo momento con una extensa gorra de fieltro. Su restante indumentaria eran calcetines blancos, sandalias (en invierno de Munich), pantalón de pana gruesa y una cazadora de borreguillo muy vieja. Bebía su consomé con la barbilla pegada al plato, y llamaba la atención del camarero a estridentes gritos. Su señora comía ostras con cuchillo y tenedor (eso es un arte y lo demás son tonterías). Llevaba tacones de aguja granates y un fular impreciso. No paraba de insistirle a sus hijos que ingirieran más comida. El mayor de ellos, empuñaba el tenedor como si fuera a asesinar a Rasputín. El otro, de unos diez años, aún no conocía el uso de los cubiertos y cualquier alimento se lo llevaba a la boca con las manos.
Esto, siendo un ejemplo flagrante de falta absoluta de modales en la mesa es, por desgracia, corriente en nuestra sociedad. No sólo en los bares de carretera sino en hoteles y restaurantes con clase. Es una de las consecuencias de la extensión tan numerosa de la raza "nuevo rico" de la que ya hemos hablado en varias ocasiones.
No voy a realizar una exégesis sobre la manera de vestir una mesa, tipos de presidencia, comportamientos, etc, a la hora de las comidas. Tan sólo quiero recordar algunos usos que, incluso a los que creemos que dominamos estas situaciones, en ocasiones nos pasan desapercibidos.
1.- En un almuerzo o cena informal, entre amigos, o en cualquiera donde los lugares a ocupar en la mesa no están prefijados de antemano, hemos de huir de la garrulada de "los hombres juntos por un lado y las mujeres por otro". Si bien es cierto que el protocolo estricto manda situarse alternativamente hombre y mujer y así sucesivamente, es aconsejable tener esta regla en la cabeza aunque no la sigamos al pie de la letra. Eso sí, no seamos tan estúpidos y cursis de estar todos de pie detrás de cada silla, media hora tonteando a ver quien va en cada lugar. Se hace con rapidez y ya está.
2.- Los hombres, bajo ningún concepto, se quitan la chaqueta antes de sentarse en la mesa, utilizando el respaldo de la silla como galán de noche. Eso sólo está permitido en las bodas de baja estopa. Ello no quiere decir que no podamos cenar con un polo tranquilamente en una noche calurosa de verano en una terraza con nuestros amigos. Ahí haría el primo el que usara chaqueta. Pero siempre es preferible que sobre a que falte.
3.- Las manos siempre a la vista, nunca encima de los muslos debajo del mantel. Es una ordinariez. Los codos nunca encima de la mesa. Por tanto, combinando ambas prescripciones, ya sabemos la manera de colocar los brazos encima de la mesa. Y, encima de ella no ponemos nada más. El i-phone, las gafas de sol, el tabaco, el mechero, las llaves del coche, la cartera y más elementos de supervivencia masculina, se quedan en los bolsillos aunque molesten.Quien lleve pareja femenina, puede pedirle el favor de que los guarde en su bolso. Ese favor casi nunca suele concederse, y si se hace es a regañadientes. Al menos se puede intentar.
4.- Durante el tiempo que dura nuestra comida, no introducimos nuestro codo en el bazo o en el costado del comensal de al lado. Deben estar lo suficientemente juntos para que el compañero no sufra., sin que parezca que estamos bailando el "baile de los pajaritos". Tampoco emprenderemos una feroz batalla por el microespacio próximo como sucede en aviones o cines. Poco a poco voy ganando terreno con el brazo para estar más cómodo en detrimento del que está a mi derecha o izquierda. Cada comensal respetará su espacio.
5.- Los cubiertos no son remos ni puñales. Siempre que hagamos un parón en nuestra comida los situaremos dentro del plato. Nunca el mango apoyará en la mesa y en el filo del plato como si fuéramos de travesía por un río. Ya me entienden. Tampoco los empuñaremos cual puñal. Siempre cogeremos los cubiertos por la parte superior del mango.
6.- Hay alimentos que debemos ingerir con las manos. Aceitunas, ostras, espárragos, jamón. Y cualquier alimento se lleva del plato a la boca; no la boca se lleva al plato, como mi amigo de Munich.
7.- Hay un utensilio que su uso debería estar penado por ley. El palillo o mondadientes. Jamás lo utilice, ni siquiera para llevarse a la boca alimentos.
8- Perdón por el tuteo. Cada vez que quieras beber durante la comida, deja tus cubiertos dentro del plato, traga lo que tienes en la boca, coge tu servilleta extendida encima de tus muslos, llévatela a la boca limpiándotela suavemente, vuelve a dejar la servilleta, coge tu copa, bebe un sorbo, deja la copa, coge la servilleta, vuelve a pasártela por la boca, deja la servilleta extendida encima de tus muslos, coge tus cubiertos y sigue comiendo. Esto, que en sí parece una estupidez farragosa, es uno de los procedimientos que, en mi opinión, más me dan a entender la clase y elegancia de una persona a la hora de comer. Además, el proceso completo no dura más de 8 o 10 segundos.
Como ven, muchas de las recomendaciones son "de cajón" y las sabemos. Pero a veces, se nos olvidan. Aseguro que cualquier persona que las tenga en cuenta, y guarde modales de cortesía básicos como indumentaria, tono de voz bajo y evitar conversaciones incómodas tiene el éxito asegurado, sin ser una cursi ni una estirada.
Existen muchísimos más temas sobre los modales en la mesa que no pretendo citar salvo que algún lector me pida más información, la cual daré gustosamente. Pero no se trata de una tesis doctoral sino de un simple post que pretende divertir y ayudar. Si lo hubiera tenido escrito, se lo habría pasado a la familia del lounge del Vier Jahreszeiten Kempinski para que les aproveche. Jamás digas esta frase en la mesa.
En mi opinión, el hotel que cuida, mima y respeta sus tarifas, tiene ya un largo camino recorrido dentro de un exigente criterio de calidad y buen servicio.
Como norma, tengo siempre el criterio de que antes de reservar habitación en un hotel, compruebo qué precio me oferta él directamente y qué precios encuentro para el mismo hotel y tipo de habitación en otras web o portales de Internet. Si bien es cierto -los que me leen lo saben- que yo sólo reservo una habitación de hotel de tres maneras; o bien directamente a través de la web oficial del establecimiento, o bien a través de la central de reservas a la que pertenece, o bien directamente por teléfono hablando con el departamento de reservas del hotel.
Pero ello no obsta a que, por curiosidad, mire qué precios me dan otros agentes; eso sí, siempre cuidando de que es la misma fecha, mismo hotel e intentando que sea la misma habitación; como el anuncio de la tele. En algunas ocasiones, tengo que decir, este procedimiento me ha ayudado a que declinara el deseo de reservar en el hotel previsto.
La tarifa del hotel debe ser clara. Es conveniente que tenga un apartado en la web del establecimiento donde, de un pantallazo pueda hacerme una idea muy aproximada de los precios. Debe estar dividido por temporadas y por tipos de habitación, dejando siempre claro en las aclaraciones finales, cualquier tipo de anotación relevante que la dirección del hotel considere oportuno. Otra cosa son los "packages" u ofertas que pueda tener, aunque también se agradece que estén reflejados en la misma web con su precio correspondiente incluido.
Sucede que, hoy en día, han proliferado en Internet un montón de portales de agentes de viajes que logran encontrar la mejor tarifa disponible para el hotel seleccionado de entre varias páginas web, a su vez también de agentes de viajes. Para muestras, por ejemplo la muy concurrida y ya famosa Trivago. No tengo absolutamente nada en contra de estas webs; es más, me gustan y las defiendo. Lo que echo en cara y no a Trivago sino directamente a los hoteles y a sus cadenas, es que pueda llegar a existir mucha diferencia de precio entre la tarifa que me otorga el mismo establecimiento directamente o su central de reservas, sobre todo en los hoteles de lujo. Aunque matizaré, digo ello porque, aun reconociendo que puedan existir negocios y precios especiales para agencias de viaje por compra de una gran cantidad de habitaciones, lo que se da a entender al final es que la tarifa pública colgada en la web del establecimiento es un pufo y, por tanto, no es verdad.
Sólo los nuevos ricos, las estrellas del fútbol, cine, música y pocos más, no miran antes de reservar una habitación, la tarifa del hotel. El vulgo restante, sí que la miramos. Y mucho. Además, la estancia en un hotel se puede llegar a convertir en una tómbola. A una "estirada" con pinta de Rottenmaier le toca la habitación por un precio; y al gordinflas felizote del mojito barato y el flotador repelente de la piscina, la misma habitación a la mitad de precio. La verdad, no sé para que leche lleva el señor obeso unas aletas para nadar en la piscina del Hotel Central de Barcelona; con dos brazadas hacemos el largo. Mientras el gordito feliz se pimpla una copa, su compañera en blanco y negro rechaza la que le ofrece el camarero. No vaya a ser que se la cobren. Ciertamente, no podemos tachar a Trivago de publicidad engañosa. Lo que sucede, al menos a mí, es que llego a odiar el anuncio del gordinflas del flotador por dos motivos.
El primero porque -aunque es verdad que el más sagaz se lleva el gato al agua- veo injusto que el rechoncho haya pagado menos. Esto tiene la particularidad que ahora contaré que seguramente su habitación no tenga vistas, esté muy alejada del ascensor, no haya sido recientemente renovada... en fin ya me entienden.
El segundo motivo, un tanto más clasista -la verdad-, es que si me encuentro a ese señor en la piscina de un hotel, automáticamente cojo a mi acompañante, rehago el equipaje y me marcho fulgurantemente jurando jamás volver a ese hotel. Por tanto, ojo. Y me refiero a los hoteles que no cuidan sus tarifas. Algunos -doy fe- han perdido clientes por este motivo; o lo que es peor han ganado otros de "patacón" que se traen hasta los bocatas hechos de casa y no consumen de extras en el hotel ni un café.
Pero ahora viene, queridos lectores, la gran contrapartida que, sinceramente me repulsa aún más moralmente.
Cuando crees haber encontrado un chollo en una web tipo de las que hablábamos antes, puede ser que se convierta en pesadilla. Me explico. Como decíamos en el párrafo anterior, nadie da duros a cuatro pesetas y es criterio habitual en reparto de habitaciones de algunos hoteles, asignar las "peores" habitaciones a los clientes que han reservado con una tarifa más baja que la establecida por el hotel. Es decir, los que lo han hecho por medio de portales de agentes de viaje de Internet. Puedo llegar a comprenderlo aunque debería estar detallado en la descripción de la reserva. Lo que me repugna, es que en algunas ocasiones no se es exquisito en el trato con los mismos. Ello es una gran injusticia. Si algún lector le ha sucedido algo así o trabaja en el sector hotelero, agradecería me corroborara o contradijese tal afirmación. La solución no viene por medio de Trivago o semejantes, debe venir de las direcciones de los hoteles correspondientes, cuya misión principal, aparte de cuidar las tarifas de su hotel, es velar por el servicio y trato exquisito a todos -y digo todos- sus clientes. Sí, incluido el impresentable del anuncio de trivago, eso sí, el responsable de mantenimiento de la zona de piscina, le debe obligar inmediatamente a desinflar ese flotador, no me refiero a su michelín sino a esa especie de balsa que sufre manteniéndole a flote, compelerle a que se desprenda ipso facto de esa especie de gorro que quema a la vista y que las aletas de buzo... iba a decir una grosería, las deposite en el armario de su habitación.
Con todo, no quiero extenderme mucho más, quiero que esta reflexión pueda servir para pensarnos un poco la manera de reservar una habitación de hotel. Como ven, la realidad es la que es y en algunas ocasiones puede convenir pagar un poco más y quedarse más tranquilos; y no con resignación como la Rottenmaier del Trivago.
NOTA: El caballero del anuncio de Trivago tiene el perfil de obsceno que ya relaté en un post anterior. Para leer y completar información,pinchar aquí.
Está muy generalizada la idea de medir la categoría de un hotel por su número de estrellas. Incluso, a muchos, se les llena la boca con los estrambotes de las mismas. Por ejemplo, 4 estrellas "Superior" o 5 estrellas "Lujo o Gran Lujo". No voy a hablar, por vergüenza, de esos cursis que hablan de hoteles de 6 o 7 estrellas como el Burj Al Arab de Dubai u otras ciudades de Oriente Medio. Seguro que algún nuevo rico tipo Don Turbante Petrodolar ya está pensando en alguno de 9 o de 11. Como dicen los murcianos "¡Acho! A cuantah má, mejor".
Ciertamente, no podemos negar que las estrellas nos confieren una catalogación común (más o menos) sobre servicios e instalaciones de un hotel en cualquier parte del mundo. Pero quien esté leyendo este texto pensará que no es del todo cierto. Un hotel de tres estrellas en Amsterdam no suele tener nada que ver con uno de la misma categoría en España. O sí. No sé. De verdad, no aconsejo a nadie optar por un hotel mirando exclusivamente el número de estrellas del mismo.
Los nuevos ricos sólo miran el dinero y antes de elegir se hacen esta pregunta: ¿Cuál es el que más cuartos vale? Sigue siendo murciano nuestro ejemplo. "Pues, el menos barato es el Cala di Volpe. ¡Eh lujosísimo, tiene 5 estrellas gran lujo, la órdiga! Está por la isla esa de Cerdeña, en un puerto que se llama Ciervo o argo asín". Con todo, ese personaje y su acompañante, después de haber decidido siguiendo esas directrices penosas, se plantan en Porto Cervo en la Costa Smeralda a pasar una semana. Luego regresan a Totana echando pestes del mismo porque, seamos sinceros, este tipo de personas probablemente no sepan disfrutar de los servicios de un hotel como el que hablamos y no es intención mía ser clasista ni minusvalorar a nadie. Y menos a un murciano.
Los ruines o mezquinos se pasan por el lado contrario. Si existiera algún hotel con estrellas "negativas", procederían a su reserva inmediatamente. Estos casos suelen darse a menudo entre los madrileños.
-Oye, Cuqui. Mira a ver si encuentras en Venecia un hotel de dos estrellas a lo sumo. De esos que por 38 euros te dan el desayuno-. ¡Pero hija! -responde él- a ver si vamos a tener que compartir hasta el baño con los de la habitación de enfrente.
"¡Pues sí, he encontrado uno en "e-nightmare" por 40 euros la noche con desayuno! Está situado en la zona nueva de la ciudad (eso suele ser siempre cerca del aeropuerto) y sólo tiene 47 críticas negativas de 105 en Tripadvisor. Es prepago pero lo reservo no vaya a ser que se acabe la oferta."
Pobres chicos. No saben lo que les espera.
Por todo, merece la pena detenerse un poco más a la hora de elegir.
Yo no soy perfecto -lo habrá notado cualquiera que haya leído un par o tres entradas de mi blog- y en algunas ocasiones, hace ya algún tiempo, optaba por acudir a esas macro-agencias de viajes a pedir asesoramiento sobre hoteles en el destino por el que había optado. Rápidamente me pude percatar que la chica o chico que me atendía sólo se guiaba por el criterio de número de estrellas de los hoteles y, alguno que rozaba el "summun" de la cordura, también utilizaba criterios de distancia desde el centro de la ciudad. Pero nada más. Como si de autómatas se tratara, sólo le ponían voz a la pantalla de su ordenador.
"Pues sí, he encontrado un hotel de cuatro estrellas con desayuno incluido muy cerca de la plaza Dam". Cualquier persona que conozca mínimamente la capital holandesa, o haya leído algún artículo de la Conde Nast sabrá que el peor lugar de la capital holandesa para buscar alojamiento es ese. Aparte del bullicio, te puede perfectamente tocar un hotel en pleno Barrio Rojo donde las luces de neón no te permitan pegar ojo en toda la noche. Las luces de neón o los gritos de los borrachos.
Creo que ya lo he dicho anteriormente pero recuerdo que hace unos siete años pregunté en una agencia de viajes sobre alguno a la Costa Amalfitana y me respondieron que en dónde estaba eso. Les aseguro que no era Viajes Blas.
Para acabar este texto con un mensaje más constructivo, déjenme proponerles unas reglas elementales para tener en cuenta antes de proceder a la reserva de un hotel.
1. No te guíes sólo por el número de estrellas de un hotel.
2. Primero localiza los grandes hoteles de lujo de la ciudad a la que quieres visitar.
3. Una vez localizados, investiga la zona en la que están situados. Este criterio suele ser muy objetivo. Casi siempre están en las mejores zonas de la ciudad.
4. Consulta su precio, a veces te sorprenderán. Vale. Lo reconozco. Lo normal será que te sorprendan por lo caro pero, a veces, uno encuentra un chollo. Y no hace falta que sea por Trivago (a veces Tripago). No olvidemos que la competencia es atroz a todos los niveles.
5. Si no podemos optar a ninguno, empezaremos a mirar por criterio de cercanía a esos hoteles, otros, usando una herramienta muy recomendable como Google Maps y las propias webs de los hoteles. Al final, en la mayoría de ocasiones, encontraremos alguno que se adapte a nuestro presupuesto. Y dará igual que el hotel tenga tres que cuatro o cinco estrellas. Al menos, nos habremos asegurado, no acabar estrellados.
Ya he comentado en otras ocasiones que el español, por naturaleza, tiene la desgracia de ser no muy bien mirado en el resto de Europa. Si esta premisa la elevamos al terreno de la hostelería de lujo, crece en su justa proporción. Al español lo miran con recelo, como si no supieran por donde va a tirar. Ello requiere, como buen español, una serie de argucias y tácticas para conseguir no solamente que no pase, sino que suceda lo contrario, es decir, paso a relatar una serie de tácticas cuyo objetivo es lograr que nos traten en estos hoteles con absoluta exquisitez.
Va por delante que esto no debería suceder siguiendo un uso correcto de las buenas maneras y la buena educación. Pero tenemos los pies en la tierra y, por desgracia, de hecho, sucede. El trato y servicio a los españoles en hoteles de lujo europeos -a nivel general- debe mejorar. Por tanto, a diferencia de otras entradas de mi blog donde hablo de buenos usos y costumbres relacionados con la hostelería, lo que viene a continuación no podemos englobarlo dentro de ellas sino en las artimañas pícaras pero legítimas del que desea recibir el mismo trato que los demás.
1. El idioma inglés. Es lo principal. Si el primer contacto del huésped en recepción de un hotel de cualquier país de Europa -que no sea España, obviamente- no se realiza en este idioma (o en el oriundo del hotel), tenemos un problema. Agravante. No muchos españoles hablan inglés. Vamos a intentar si no solucionarlo, mitigarlo.
Si usted viaja solo (qué triste -si no es por trabajo-), sólo le cabe una solución. Aprenda inglés fluido.
Si tiene suerte de viajar acompañado, por ejemplo, por su mujer, que ella aprenda inglés. Esta segunda opción (bromas y machismos aparte), suele ser la más aconsejada en el caso de que no sepamos inglés. Si habla el idoma deje que su acompañante realice el trámite de recepción y usted siga atento la conversación como si entendiera absolutamente todo lo que se habla. Asienta de vez en cuando con la cabeza para reforzar su mensaje. Si le hacen directamente una pregunta a usted, dígale previamente a su acompañante que le interrumpa para que pueda contestar él o ella. Usted quedará como un calzonazos y seguramente, el personal del hotel se dará cuenta de su analfabetismo pero qué le vamos a hacer. Por último, aprenda frases hechas como "tengo una reserva" o "¿Podrían subir a recoger las maletas para la salida?" o "¿Podrían reservarme una mesa en este restaurante?". Eso sí, dígalas siempre en presencia de su acompañante. Una "contrapregunta" en este caso puede ser fatídica.
2. Las Tres Tarjetas. Es una táctica muy efectiva para realizar con eficacia el "check-in". Superado el inconveniente del idioma, lo primero que una persona debe hacer al acercarse a recepción de cualquier hotel para hacer la entrada es tener a mano tres tarjetas. A saber. El documento nacional de identidad, la tarjeta de crédito para la garantía y la tarjeta de membresía de la cadena o central de reservas del hotel. Y hay que darlas antes de que nos las pidan. Si vamos acompañados, también entregaremos una más, el documento nacional de identidad de nuestro acompañante. Háganme caso, el momento del "check-in" es el más importante. Si nos ven sueltos tendremos más posibilidades de un "upgrade".
3. La Propina. No soy partidario de estar impartiendo propinas durante todo el tiempo que dure mi estancia en el hotel. Lo aconsejable es dar una al principio al botones o mayordomo y otra al final. Si estamos muy agradecidos por la gestión que nos han ofrecido los miembros del "concierge", antes de nuestra partida, podemos gratificarles con una. Aunque está en completo desuso, si su habitación se la encuentra absolutamente resplandeciente, no está mal dar propina a la camarera de la habitación. Por favor, no sea nuevo rico y no vaya dando propinas a diestro y siniestro como si le sobrara el dinero.
4. El "Concierge". Aparte de entregarle, si lo ve conveniente, la propina al final, no lo utilice como si fuera su mayordomo personal. Al principio, entréguele un papel con los restaurantes y días y horas de reserva que desea. Es un detalle de mucha clase.
5. La Indumentaria. Sea respetuoso con los usos y formalidades respecto a la indumentaria que aconseja el hotel. Si hay que cenar con corbata, póngasela aunque haga calor. Si no quiere, ¿Por qué ha elegido ese hotel?
6. La Naturalidad. No circule por las zonas comunes del hotel con cara de asustado. Me explico. Nunca piense que usted no tiene suficiente "clase" como para estar en dicho hotel, no tenga temor reverencial al resto de los huéspedes o al "staff" del hotel pensando que usted no pertenece a ese nicho de personas. Usted no es menos ni más que nadie. Compórtese con educación, sonriendo y que le resbale lo que piensen los demás. Aunque crea que digo tontería, eso se nota a la legua y puede usted pasar por palurdo sin serlo.
7. Use los diferentes espacios del hotel. Vamos a ver, si usted se aloja en el Four Seasons Firenze, por ejemplo, y no desayuna en el hotel, no consume nada del bar, no come en ningún restaurante del hotel, no se da ningún tratamiento en el Spa... ¿Para qué va a un hotel como ese? Sin llegar a ser un fusilador de visas, disfrute de su tiempo en las diferentes estancias del hotel.
8.- En cualquier hotel de Europa trabaja, al menos, un español. Esto está empíricamente demostrado. Por tanto, con soltura y cortesía, intente enterarse y logre hablar con él. Ello, lógicamente, en el caso de que usted no domine el idioma inglés. Conseguirá seguramente un mejor trato por todo el personal del hotel.
Espero que estos consejos o argucias les sirvan, aunque no sea español, para que su estancia en un hotel de lujo le sea más agradable y reciba un mejor trato por el personal del hotel. Le agradecería que si las pone en práctica y consigue lo que quiere, me lo haga saber en un comentario para comprobar que no son sólo tonterías lo que escribe este humilde servidor.
Mis felicitaciones a L´Albergo della Regina Isabella por haber procedido esta temporada a realizar un lavado de cara a una web un tanto anticuada y descuidada. Como un hotel de lujo que es, L´Albergo, posee ahora una web cuidada al detalle, con una galería fotográfica de las mejores que conozco, un fácil desplazamiento por su menú, posibilidad de reservar subcontratada a "sinxis.com" y han eliminado la pegadiza pero un tanto zafia, musiquilla del pantallazo de inicio.
Pertenciente a la central de reservas internacional "Preferred Hotels of the World", también se puede proceder a reservar una habitación desde la página de la Central. Quizá, un punto flaco, lo tenemos en la poca cantidad de texto que posee, aunque las fotos hablan por sí solas.
Llegada a la isla y "check-in"
No es la primera vez -y Dios mediante, no será la última- que critico un hotel de la Costa de Nápoles (ya lo hice con Capri Palace Hotel and Spa). Soy un enamorado de ella y de sus dos islas principales, Capri y la que nos ocupa, Ischia.
Esta vez, mi acompañante y yo, junto a una pareja de amigos, pasamos cuatro días en L´Albergo. El viaje, aunque parezca lo contrario fue fulminante. Avión desde Barcelona, llegada a Capodichino (aeropuerto de Nápoles) en dos horas. Enseguida tomamos un taxi que nos desplazó a Molo Beberello donde cogimos, casi de inmediato, un batiscafo que, en una grata travesía nos dejó en el puerto de Ischia. Desde allí un taxi, por llamarlo de alguna manera, nos acercó hasta nuestro hotel en el centro del municipio de Lacco Ameno, al noroeste de la isla.
Imagen del puerto de Ischia
Sí, es un taxi de Ischia; no una atracción de feria. Parecido al de Jack Lemmon en "Avanti!"
Entrada principal al hotel. El puente lo comunica con el Spa
La entrada al hotel es preciosa, poblada de una vegetación frondosa, se encuentra en un extremo de la coqueta plaza de Santa Restituta. El suelo, todo de baldosa de cerámica de Vietri, confiere el frescor y la clase de muchos establecimientos de la zona. La recepción -con mostrador en forma de ele junto al "Concierge"- nos espera. Muy amable y rápidamente nos dan la bienvenida y las llaves (como las de antes). Mientras un botones se encarga de subir el equipaje, nuestra entrada en la misma se produce con un "relaciones públicas" muy cortés que nos explica el funcionamiento y los usos y costumbres principales del hotel así como el horario de sus principales servicios.
La habitación -estandar queen-, era bastante amplia, con vistas al jardín y un pequeño balcón con mesita y dos sillas. La tonalidad de las paredes era un azul pastel muy amable a la vista. El suelo, espectacular, todo de Vietri. Los muebles como la mesa del escritorio, cabezal y pie de la cama, de madera maciza. Una especie de buró nos hacía de mesita de apoyo muy efectiva.
El baño, suficientemente amplio y muy bien iluminado, bañera de fácil acceso, lavabo de mármol y toiletries de fabricación exclusiva para el hotel.
Restaurante Regina Isabella
Lacco Ameno es una localidad de Ischia con muchos restaurantes con terrazas de verano. Ciertamente, apetece salir del hotel a degustar pescado fresco, pasta o pizza; sobre todo cuando predomina el buen tiempo. No obstante, alguna noche cenamos en el restaurante Regina Isabella. No ha sido el mejor restaurante en el que he cenado. Con un "dress code" no muy severo pero regulado, te ofrecen un primer planto tipo bufé y un segundo y postre a elegir. No probé el restaurante Indaco, de muy reciente apertura, debido a que estaba temporalmente cerrado durante mi estancia.
Restaurante Regina Isabella con envidiables vistas
Spa Regina Isabella
Las aguas termales de Ischia son muy conocidas por su capacidad curativa y regeneradora desde tiempos ancestrales. Griegos y romanos ya utilizaban las aguas que brotan de las laderas del monte Epomeo a más de 80 grados centígrados. En las termas del Spa Regina Isabella se conserva ese origen curativo; asesorado en todo momento por un equipo bien nutrido de profesionales en la materia, médicos incluidos.
Posee innumerables salas de tratamientos muy bien decoradas y especialmente cuidadas. La piscina de talasoterapia no es muy grande pero suficiente para relajarse. Cuenta también con una piscina especial de "musicoterapia" -nunca lo había oído- y aromaterapia y cromoterapia (y porque no hay más "apias"). Sauna y baño turco, junto a una sala de fitness, completan la oferta del Spa.
Mis lectores más asiduos conocen la cierta aversión que tengo a los tratamientos de belleza y al sobeteo de los masajes corporales. Sólo probé un rato la piscina y me relajé en una tumbona. La sala estaba bien nutrida de toallas en todo momento.
Entrada a las Termas
Piscina del Spa
Piscinas y Mar
Aparte de las ya mencionadas, el Albergo della Regina Isabella, cuenta con una gran piscina exterior de agua de mar y acceso directo a lo que muchos denominan "playa privada" que no es otra cosa que acceso al mar desde un muro con escalera. Comprendo a las personas a las que les encanta darse un chapuzón de ese tipo pero a mí me resulta francamente incómodo volver a subir -otra vez- por la empinada escalera de acceso a tierra firme. En verano, a lo largo del pequeño dique que rodea el hotel, ponen hamacas para tomar el sol. No olvidemos que L´Albergo es un resort en el centro de un municipio, todo un lujo para los que somos animales de ciudad.
Vista del hotel y del puerto
Maravillosa y delicada vista desde una habitación
Detalle
Mención especial quiero hacer a "Bar Regina Isabella". Con un ambiente encomiable, un pianista virtuoso, un servicio de diez y unos cócteles muy bien combinados; guardo un muy grato recuerdo de las noches de Ischia, entre amigos.
L´Albergo continúa siendo uno de esos pocos lugares en Europa (y digo Europa porque en el resto no queda absolutamente ninguno), donde se guarda un "dress code" elegante sin ostentosidades de fanfarrón barato ni amaneramientos barrocos de heterosexual cursi. Las personas llevan puesto en cada momento lo que deben, con porte y elegancia. Es uno de los motivos por los que elijo hoteles como este.
Check-out
Muy buen servicio de recepción tiene este hotel. Un trato amable, afable pero sin compadreos de colega. La factura ya la tenían preparada -la de las dos habitaciones- y un taxi, esta vez como los de siempre nos trasladó a la localidad muy cercana de Casamicciola para alcanzar el ferry que nos trasladó al puerto de Pozzuoli donde, otro taxi nos esperaba para acercarnos a Capodichino. Todo nos lo organizó el "concierge" del hotel y todo fue según lo previsto.