¿Qué pretende este blog?


Mi blog pretende realizar una crítica, lo más completa posible, de los principales hoteles europeos, así como proporcionar instrucciones y usos de protocolo y buenas maneras tanto a los profesionales del sector como a los huéspedes de los establecimientos. Como se observa, todo está basado en la independencia que me caracteriza, no perteneciendo a ninguna empresa relacionada con este mundo. Soy un consultor independiente. Personalmente he visitado cada uno de los locales de los que hablo en este blog.
Es mi capricho, del que llevo disfrutando varios años y quiero poner mis conocimientos y opiniones a disposición de todo aquel que quiera leerlos.
La idea surgió al no encontrar nada en la red - ni siquiera en inglés - sobre auténticas críticas de hoteles, al margen de comentarios de clientes enfadados que "cuelgan" sus quejas en distintas webs como un simple "derecho al pataleo" sin intento alguno de asesorar, construir o mejorar.
Muchas gracias por vuestra atención y colaboración.

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martes, 20 de septiembre de 2011

Dolores de spa-lda





Hace poco, en el spa de un gran hotel italiano de la Costa Amalfitana, tuve una experiencia que quiero relatar a continuación. Y es que soy un hombre contumaz. Tengo dolores de espalda, como el 99% de la población mundial, pero claro, los míos son más agudos y graves que los del resto. Al ser un hombre poco deportista -es una absurda expresión puesto que no hago deporte desde el bachiller-, tengo los músculos de la espalda menos desarrollados que una larva de mosquito. Mi traumatólogo, al que le exijo el milagro de que me cure tales dolencias, siempre me indica que no hay más solución que fortalecer los lumbares, cervicales y la zona trapezoidal porque la tengo (la espalda) más blanda que un merengue. Y ese endurecimiento o fortalecimiento sólo es posible con un milagro o haciendo deporte. Siempre evado la segunda opción, intentando quedarme con la primera. Sinceramente no sé cual de las dos es más factible en mi persona.

Pues bien, como siempre estoy esperando esa curación milagrosa, devoro el menú de tratamientos de los spas de los hoteles que visito. Hay que partir de la premisa, como ya he indicado en otros escritos, que no me gusta que me soben, soy un tanto reacio a recibir tratamientos estéticos tales como envolturas, pillings y metrosexualidades varias, algo que a mi acompañante le chifla y no puede soportar no envolverse como una croqueta en cualquier sustancia densa con el fin de conseguir una piel tersa y brillante, de terciopelo; aunque sea sólo por un día y medio -es lo que suele durar el efecto-.
Por tanto, voy directamente a los masajes. Mi acompañante, recordándome pasados acontecimientos a olvidar con tales intervenciones (les aconsejo, si no lo han hecho ya, que consulten este post), siempre intenta que decline tales medidas pero como soy un terco obcecado y, no olvidemos, busco el milagro de mi curación, mi inconsciente cree que con un tratamiento de 50 minutos, renaceré nuevo, con la espalda de Jean Cleaud Van Dame, tipo "levántate y anda". Como pasa siempre, desoí las indicaciones de mi acompañante, algo de lo que me arrepentí nada más acabar la terapia, y aún terminándola.

Concerté cita con reservas del spa para un masaje descontracturante, que incidía directamente en las dolencias de espalda. Dos horas antes de comenzar, ya me encontraba nervioso puesto que en mi contradicción absoluta, grito de dolor cuando se ejerce presión en cualquier punto de mi espalda, lógicamente debido a su debilidad. Eso, aparte de vaciar el botiquín de antiinflamatorios al acabar el manoseo. Es tal el miedo, que utilizo los primeros veinte minutos para explicar al terapeuta cuál es mi situación con el fin de que no me haga daño. Pero esta vez, fue tal mi exposición, llena de imploraciones y ruegos, que decidió cambiar el tratamiento por otro más indicado a mi situación.

¿No le han entregado el tanga desechable? -Me indicó amablemente el terapeuta. Esta vez, por fin, no me había tocado un mastodonte de dos por dos con la espalda tipo armario empotrado y una edad más cercana a la jubilación que a la Universidad. Era un chico más bien bajo, bien parecido, y de complexión muy fina, rubio con ojos azules y de sonrisa serena. Le contesté que sí, que me lo habían entregado pero que prefería utilizar mi traje de baño. Eso que te dan a la entrada del spa, en los vestuarios, debería estar prohibido para los hombres. Una vez me puse uno y me miré al espejo; lloré amargamente de la vergüenza que me causé a mí mismo. Juré nunca más volver a utilizarlo. Lógicamente no le expliqué al profesional el porqué de mi negativa. Seguramente le di la impresión de ser un remilgado vergonzoso. Pero me dió igual. Prefiero quedar de ñoño que de sátiro impúdico con semejante prenda -por llamar a ese papel de alguna manera-.

Al acabar mi "spich" de náusea existencial sobre mi espalda, pude cerciorarme que al terapeuta le había importado un bledo todo lo dicho y creo que más por miedo que por otra cosa, me dijo lo siguiente.
Mire usted, esta vez, posiblemente, no vamos a "entrar" (me imagino que sería a la espalda). Comenzaremos por una sesión de ultrasonidos que incidirán positivamente sobre su región lumbar. Posteriormente continuaremos con una auriculoterapia que le relejará toda la zona. Acabaremos con una reflexología de pies incidiendo en las terminaciones que nos interesan y una envoltura en lava volcánica para tonificar esos mantecosos músculos de su espalda.

Al acabar de escucharle, tuve miedo. Eso de la auriculoterapia me sonaba mal y no me atreví por vergüenza a que me explicara más en profundidad su significado. Aparte, yo creía haberle dicho que me dolía la espalda y nada de lo que me había indicado parecía que fuera destinado anatómicamente a esa parte de mi cuerpo. Pero, impactado, no me dio tiempo a reaccionar y en un minuto me ví tumbado en la camilla boca arriba. 

¡No se acueste usted!, me dijo. Póngase sentado que le voy a pasar la máquina. Pegué un brinco y tras diez minutos de ultrasonidos, tenía la cadera doblada de la postura tan incómoda en la que me encontraba. Bien, me comentó Titto, ese era el nombre del fisioterapeuta. Seguro que se encuentra algo mejor. Pues sí, le dije. Parece que no me duele tanto. Eso era mentira porque no había notado nada salvo lo incómodo que me encontraba sentado en esa camilla tan alta -más parecida a un altar de sacrificios azteca que a una cama- ya que no me llegaban los piés al suelo.
Acuéstese ahora boca arriba para proceder a la auriculoterapia. Ello me tranquilizó puesto que esa postura no dejaba al aire la parte de mi cuerpo a la que yo creía que iba destinada tal intervención. De repente y sin avisar, Titto, me empieza a destrozar las orejas con tal fuerza y presión que no sentía desde mi edad escolar, cuando algún profesor me levantaba en peso por alguna de ellas. Diez interminables minutos después, acabó de ejercitar dicha presión. Le he tocado los puntos que inciden directamente sobre su espalda para que note mejoría. Yo no sé si tenía mejor o peor los puntos pero las orejas me echaban fuego, rojas como un tomate e indirectamente, Titto, comenzaba a tocarme otra cosa.

Ahora vamos a proceder a una pequeña sesión de reflexología en los pies. Mire usted, Titto, tengo muchas cosquillas y no sé cómo lo voy a soportar. La reflexología no da cosquillas, caballero, me dijo. Y su puñetera madre que no da cosquillas. Era tal la fuerza con la que me presionaba los piés que más que cosquillas era un intenso dolor que no daba, en ningún momento, márgen a ningún tipo de placer. Terminada la dolorosa sesión, por fin, de reflexología, dí gracias a Dios, me levanté como bien pude de la camilla de tratamientos y me empecé a poner el albornoz. ¿Pero qué está usted haciendo? -Me dijo Titto. Pues ponerme el albornoz -le dije. No hemos terminado. Aún queda el tratamiento envolvente en lava volcánica. Estuve a punto de mandarlo a tomar por saco pero, cortésmente, como oveja llevada al matadero, volví a desprenderme de la tan ansiada prenda y me subí al potro de tortura, cabizbajo, interiormente cagándome en mi pena y pidiendo disculpas. Miré el reloj y llevábamos una hora y cinco minutos, cuando el total estipulado de la sesión era de cincuenta minutos; pero claro, no hay que olvidar que Titto, oída mi náusea existencial del principio, optó por cambiar el tratamiento, que coincidencia que fuera a más y no a menos tiempo utilizado.

Bien, acuéstese boca arriba en esta otra camilla que tengo preparada con un barro especial de lava volcánica. Va a estar veinte minutos en ella. Notará, al principio, que está muy fría. Conforme vaya avanzando el tiempo sentirá que se irá calentando y acabará notando unas burbujas al final. No se preocupe que la sensación es agradable. Obedecí en todo lo que me exhortaba Titto y, si bien es cierto que al tumbarme noté frío, lo agradecí puesto que mi cuerpo, entre el calentón de las orejas, la espalda destrozada y los pies descoyunturados, no estaba ya para muchos trotes. Pero eso se iba poniendo caliente, y más caliente. Si bien es cierto que no llegaba a quemar, llegué a sentir al mismísimo Vesubio en mi espalda vertiendo lava a cantidades ingentes. Unas burbujas, similares a las del arroz cuando se está cuajando, no paraban de brotar rompiéndose en mi espalda. En ese momento, se me saltaron las lágrimas, no tanto de dolor sino recordando las palabras de mi acompañante disuadiéndome de los tratamientos de masaje y recomendándome un tratamiento facial de luminosidad instantánea y rescatador de la piel. ¡Qué imbécil soy! -pensé. Ya habrá acabado de darse el suyo y yo aquí sufriendo. Y más que sufrí cuando firmé la factura a la salida.
Cuando la lava volcánica se iba enfriando, Titto, la retiró y limpió la zona afectada que no llegó a ser nombrada catástrofe natural, pero casi.

¿A que se siente usted, ahora que hemos acabado, mucho mejor? Por supuesto, Titto, tiene usted unas manos de santo. Eso fue lo que le dije pero, obviamente, sólo pensaba en su padre. Mientras -esta vez correctamente-  me vestía el albornoz, el terapeuta me indicó que semanalmente debía, en mi lugar de origen, aplicarme lo mismo que él había hecho en un centro especializado para ello. Yo le afirmé que sería lo primero que haría al llegar a mi ciudad de residencia, sólo quería que se callara y me dejara ir de una vez. Pásese por la piscina de tratamientos y relájese unos diez minutos más, antes de marchar, me dijo. Le despedí con un apretón de manos, de esos lánguidos porque no me quedaban fuerzas, dándole la impresión de que me había curado y fui, doblado, arrastrando los pies, directamente a los vestuarios puesto que me estaba haciendo pipí.
Antes de tirar de la cadena noté cómo un ruido salía del armario de las taquillas, que se hacía más intenso cercano al número 15, que era la mía. La abrí y era el vibrador de mi teléfono que echaba humo de WhatsApp de mi acompañante con agradables mensajes tales como "Imbécil, dónde te metes", "Hace media hora que he terminado", "Te espero en la habitación, subnormal" y piropos varios. Rápidamente me cambié de ropa, firmé la dolorosa -que vaya si era dolorosa-, era el doble de lo que esperaba y me fui corriendo como pude a la habitación para reunirme con mi acompañante. Una vez tomado dos sobres de ibuprofeno por el dolor que sentía, le comenté todo lo acaecido. -Te lo dije, nunca me haces caso. Siempre te das masajes y acabas una semana que no te puedes mover. Mira mi piel, suave, tersa, luminosa, como de terciopelo. Si hubieras hecho lo que te dije te habrían quitado toda la grasa acumulada en tu cabezón y no estarías como un deshecho.

Sí, mi cielo, tienes toda la razón.

miércoles, 26 de enero de 2011

Las llaves inteligentes. Primera parte



Atrás han quedado los clásicos llaveros de hierro pesadísimos que portaban una llave chiquitita de acceso a nuestra habitación. Las llave electrónica, esa tarjeta extraplana de plástico -antes con agujeritos, ahora con chip- han usurpado su puesto. Y lo que pretendo estudiar a continuación es si nos han hecho, o no, más agradable nuestra estancia en un hotel.

Al realizar nuestro "check-in" ya las introducen en una pestañita del "bienvenida". Y hablo en plural porque suelen ser dos en el caso de que viajemos en pareja. No veo mal la práctica porque es necesario que cada huésped tenga su llave aunque compartan alcoba. Pero aquí empieza mi primera propuesta. ¿Por qué 2 y no 3? Me explico. En la mayoría de habitaciones que utilizan sistema de apertura por llave electrónica, una vez dentro, existe una pequeña ranura donde se debe introducir la llave para conectar con el sistema de corriente eléctrica de la habitación. Es común en este tipo de hoteles que el aire acondicionado esté conectado a ese conmutador principal. Sucede que yo, que soy muy pero que muy caluroso, cuando abandono temporalmente la habitación con mi acompañante, tengo que quitar la llave de esa ranura pues quien va conmigo usa la otra. Desconecto, por tanto, la entrada de corriente a la habitación y cuando vuelvo a entrar al cuarto me acuerdo del señor de recepción, de su tía abuela, de Sandokan y de su sobrino. Es necesario volver a introducir la puñetera tarjeta en la ranura y esperar media hora o más (según las frigorías del aparato y la latitud del hotel) absolutamente desquiciado y medio desnudo -les aseguro que es muy embarazoso- con un ataque de calor sofocante, a que se estabilice, de nuevo, la temperatura de la habitación. Y ello sucede en cada momento que te ausentas de la misma. Solución.

La mejor solución, que ya he visto en algunos hoteles, es erradicar la miserable ranurita incordiante del conmutador principal,  no teniendo que hacer nada, como sucede en mi casa, en la de mi padre y en la de cualquiera de ustedes. Una llave para cada uno y absoluta libertad de movimiento (aunque de ello hablaremos) y plena comodidad para todos.
Otra solución -parcial, eso sí-, es entregar tres llaves en vez de dos para poder dejar una fija en la maldita ranurita y siempre poder tener el aire acondicionado conectado si se desea. Para los que me tachen de antiecológico, dos cosas. Una "no juzgad y no seréis juzgados"; otra, me es indiferente. Soy de los que reciclan basura pero me puede el calor y necesito frío para poder pensar. Y sobre todo, me importa un bledo cómo se me juzgue.

Continuando con nuestro estudio, existe otro momento antipático con las llaves inteligentes. El mundo, cada vez más, está plagado de llaves electrónicas. Aparte de la de tu cuarto, si utilizas el Spa del hotel, en su recepción te dan otra llave para abrir y cerrar la taquilla. De este tipo he visto varias. La más avanzada es una, de tamaño igual a las que hablábamos, que abre y cierra la taquilla siempre y cuando presiones con ella el botón de la misma. Hasta aquí todo muy bien. Me cambio de indumentaria, me pongo el albornoz y ahora viene el problema ¿Dónde meto la llave? Los groseros seguro me dirían varios orificios que no voy a repetir. Aunque la llave esté personalizada, no la voy a dejar en el vestuario a la vista de todos, tampoco la voy a esconder como si fuera un palurdo. Si la saco a la zona de aguas, no me voy a introducir en el agua con ella ni a meterla en el hamman. Además -como me sucedió- el albornoz del Spa no tenía bolsillos. Al final, tuve que ir con la llave en mano como un imbécil por todas las estancias.
Siempre, pero siempre siempre, hay que estar en los pequeños detalles.

Pero lo más importante, en referencia a las llaves inteligentes, viene ahora. Prefiero contarlo como si de una historia se tratara, esta sí que es absolutamente verídica, pero lo dejamos para el siguiente post, amigo lector, pues no quiero aburrirle y sí crearle algo de ansia.

jueves, 28 de octubre de 2010

Cómo conseguir ser VIP en un hotel de lujo siendo español



Ya he comentado en otras ocasiones que el español, por naturaleza, tiene la desgracia de ser no muy bien mirado en el resto de Europa. Si esta premisa la elevamos al terreno de la hostelería de lujo, crece en su justa proporción. Al español lo miran con recelo, como si no supieran por donde va a tirar. Ello requiere, como buen español, una serie de argucias y tácticas para conseguir no solamente que no pase, sino que suceda lo contrario, es decir, paso a relatar una serie de tácticas cuyo objetivo es lograr que nos traten en estos hoteles con absoluta exquisitez.

Va por delante que esto no debería suceder siguiendo un uso correcto de las buenas maneras y la buena educación. Pero tenemos los pies en la tierra y, por desgracia, de hecho, sucede. El trato y servicio a los españoles en hoteles de lujo europeos -a nivel general- debe mejorar. Por tanto, a diferencia de otras entradas de mi blog donde hablo de buenos usos y costumbres relacionados con la hostelería, lo que viene a continuación no podemos englobarlo dentro de ellas sino en las artimañas pícaras pero legítimas del que desea recibir el mismo trato que los demás.

1. El idioma inglés. Es lo principal. Si el primer contacto del huésped en recepción de un hotel de cualquier país de Europa -que no sea España, obviamente- no se realiza en este idioma (o en el oriundo del hotel), tenemos un problema. Agravante. No muchos españoles hablan inglés. Vamos a intentar si no solucionarlo, mitigarlo.
Si usted viaja solo (qué triste -si no es por trabajo-), sólo le cabe una solución. Aprenda inglés fluido.
Si tiene suerte de viajar acompañado, por ejemplo, por su mujer, que ella aprenda inglés. Esta segunda opción (bromas y machismos aparte), suele ser la más aconsejada en el caso de que no sepamos inglés. Si habla el idoma deje que su acompañante realice el trámite de recepción y usted siga atento la conversación como si entendiera absolutamente todo lo que se habla. Asienta de vez en cuando con la cabeza para reforzar su mensaje. Si le hacen directamente una pregunta a usted, dígale previamente a su acompañante que le interrumpa para que pueda contestar él o ella. Usted quedará como un calzonazos y seguramente, el personal del hotel se dará cuenta de su analfabetismo pero qué le vamos a hacer. Por último, aprenda frases hechas como "tengo una reserva" o "¿Podrían subir a recoger las maletas para la salida?" o "¿Podrían reservarme una mesa en este restaurante?". Eso sí, dígalas siempre en presencia de su acompañante. Una "contrapregunta" en este caso puede ser fatídica.

2. Las Tres Tarjetas. Es una táctica muy efectiva para realizar con eficacia el "check-in". Superado el inconveniente del idioma, lo primero que una persona debe hacer al acercarse a recepción de cualquier hotel para hacer la entrada es tener a mano tres tarjetas. A saber. El documento nacional de identidad, la tarjeta de crédito para la garantía y la tarjeta de membresía de la cadena o central de reservas del hotel. Y hay que darlas antes de que nos las pidan. Si vamos acompañados, también entregaremos una más, el documento nacional de identidad de nuestro acompañante. Háganme caso, el momento del "check-in" es el más importante. Si nos ven sueltos tendremos más posibilidades de un "upgrade".

3. La Propina. No soy partidario de estar impartiendo propinas durante todo el tiempo que dure mi estancia en el hotel. Lo aconsejable es dar una al principio al botones o mayordomo y otra al final. Si estamos muy agradecidos por la gestión que nos han ofrecido los miembros del "concierge", antes de nuestra partida, podemos gratificarles con una. Aunque está en completo desuso, si su habitación se la encuentra absolutamente resplandeciente, no está mal dar propina a la camarera de la habitación.  Por favor, no sea nuevo rico y no vaya dando propinas a diestro y siniestro como si le sobrara el dinero.

4. El "Concierge". Aparte de entregarle, si lo ve conveniente, la propina al final, no lo utilice como si fuera su mayordomo personal. Al principio, entréguele un papel con los restaurantes y días y horas de reserva que desea. Es un detalle de mucha clase.

5. La Indumentaria. Sea respetuoso con los usos y formalidades respecto a la indumentaria que aconseja el hotel. Si hay que cenar con corbata, póngasela aunque haga calor. Si no quiere, ¿Por qué ha elegido ese hotel?
6. La Naturalidad. No circule por las zonas comunes del hotel con cara de asustado. Me explico. Nunca piense que usted no tiene suficiente "clase" como para estar en dicho hotel, no tenga temor reverencial al resto de los huéspedes o al "staff" del hotel pensando que usted no pertenece a ese nicho de personas. Usted no es menos ni más que nadie. Compórtese con educación, sonriendo y que le resbale lo que piensen los demás. Aunque crea que digo tontería, eso se nota a la legua y puede usted pasar por palurdo sin serlo.

7. Use los diferentes espacios del hotel. Vamos a ver, si usted se aloja en el Four Seasons Firenze, por ejemplo, y no desayuna en el hotel, no consume nada del bar, no come en ningún restaurante del hotel, no se da ningún tratamiento en el Spa... ¿Para qué va a un hotel como ese? Sin llegar a ser un fusilador de visas, disfrute de su tiempo en las diferentes estancias del hotel.

8.- En cualquier hotel de Europa trabaja, al menos, un español. Esto está empíricamente demostrado. Por tanto, con soltura y cortesía, intente enterarse y logre hablar con él. Ello, lógicamente, en el caso de que usted no domine el idioma inglés. Conseguirá seguramente un mejor trato por todo el personal del hotel.


Espero que estos consejos o argucias les sirvan, aunque no sea español, para que su estancia en un hotel de lujo le sea más agradable y reciba un mejor trato por el personal del hotel. Le agradecería que si las pone en práctica y consigue lo que quiere, me lo haga saber en un comentario para comprobar que no son sólo tonterías lo que escribe este humilde servidor.

viernes, 5 de marzo de 2010

Cómo diferenciar un hotel de lujo de un "pufo" (2ª entrega)



7- Suelen ser fiables las páginas como esta -lógicamente- donde vienen reflejados comentarios sobre hoteles. Pero si lo que buscas antes de hacer una reserva es ver los comentarios que han hecho otros clientes respecto a su estancia en un hotel determinado, huye de esas páginas que incluyen desde un "top luxury" hasta el "Hotel Palas" que no "Palace". Es decir, no valen las que contienen críticas de hoteles de arrabal ni las que engloban desde el mejor hasta el peor.


8- La fiebre de las ofertas o "packages" ha llegado hasta la hostelería de lujo. Es un hecho que hay que aceptar. Ahora bien, ten cuidado de esos hoteles que, en tarifa web (oficial) te dan un precio y puedes encontrar el mismo hotel y la misma habitación en las mismas fechas un 30 o 40% más económico en una central de reservas o en una web de esas generalistas de reservas de hoteles. Es injusto pero sucede, tal acto le resta clase y gallardía al establecimiento que debería cuidar el importe de sus tarifas en toda la red y, muy importante, también están obligados a cuidar de que la solicitud de precio vía telefónica directamente con reservas del hotel vaya en consonancia con las consultadas a través de internet.


9- Si lo hemos hecho mal y nos vemos inmersos en un "pufo" de hotel, lo primero es no ponernos nerviosos. Lo segundo es jurar no volver a pisarlo y eliminarlo de nuestra base de datos y lo tercero es jamás decirle a nadie que se ha estado alojado en semejante recinto. Está de mas quejarse puesto que el error no ha sido del hotel sino tuyo por no haberte asesorado bien.


10- Nunca, jamás, bajo ningún concepto, hagas caso de esa pareja de amigos tuyos que te intentan asesorar sobre un viaje si ellos han realizado alguna vez un "crucero" con una compañía que no sea "Silversea" u otra muy parecida. Eso que muchos llaman "cruceros" no son otra cosa que fletamentos de barcazas de más o menos envergadura, absolutamente poblados de camisetas de tirantes y obscenos "top-less" con camarotes más poblados que el de los Hermanos Marx y con un menú más repetitivo que el de un mal restaurante de polígono. Salvo si deseas dar la vuelta al mundo en un camarote suite del Queen Elisabeth II, si intentas tener clase, evita los abordajes a semejantes buques.


11- El número de estrellas no siempre es correlativo a la categoría y a la clase del hotel. Nos podemos encontrar con un hotel de cinco estrellas pero sin cobertura de ninguna central de reservas ni de ninguna cadena hotelera. De elegirlo, seguramente estamos abocados al fracaso. A mí me ha pasado alguna vez, no soy perfecto. Detesto los hoteles calificados como cuatro estrellas superior. En definitiva, guíate mejor por el prestigio de la cadena hotelera a la que pertenece el local que por el número de estrellas de un hotel y recuerda que en Francia, la máxima categoría son 4 estrellas, no 5; aunque esto cambiará en breve.


12-Hay portales generalistas de reservas de hoteles que, bajo el reclamo de reservar una habitación más barata, no te proporcionan el nombre del hotel hasta que has pagado (y suele ser tarifa "non refundable"). Bien, ante esto que veo muy bien para cualquier hotel normal, solo me cabe decir que si sueles hacer este tipo de reservas, mejor que no sigas leyendo mi blog. Reservar un hotel con clase de esta manera demuestra la clase de la persona que hace la reserva. Y, aunque los hoteles con clase no suelen colaborar con este tipo de tarifas y webs (a algunos se la cuelan), también demuestra la clase de la hospedería.

martes, 12 de enero de 2010

Gran Hotel Bahía del Duque Resort







Web

Nos encontramos ante un hotel con una web www.bahia-duque.com bastante funcional, de un diseño sencillo y con fácil acceso a los diferentes menús y submenús de la misma. Acceso cómodo a la consulta de disponibilidad y precios de las diferentes habitaciones y villas y completo album fotográfico del Resort. No obstante, nos encontramos con un hotel lo suficientemente amplio como para que sea complejo reflejar toda la información del mismo. La gestión de reserva la realizan a través de "yourreservation" que junto a "ihotelier" me parecen las mejores y más completas a la hora de proceder a la reserva de una estancia en un hotel. Como puntos a mejorar estaría la actualización de la página, debería hacerse con mayor frecuencia y un mayor número de fotografías de sus habitaciones y villas.

Reserva de estancia
Como ya he comentado en otras ocasiones, creo que debería hacerse solo de tres maneras. Si bien es cierto que podríamos introducir una cuarta, a través de algunas agencias de viajes serias y con clase debido a que el Gran Hotel Bahía del Duque Resort es lo suficientemente conocido y está dentro de algunos -odio ese nombre- "paquetes vacacionales". Lo odio porque muchas veces hacen honor a su nombre, son unos auténticos "paquetes" vacacionales.

Bien, la primera opción, sería hacer la reserva directamente a través de la web del hotel. Se hace de una manera sencilla y queda muy bien explicado -exceptuando las "casas ducales"- el contenido de todas las "amenities" de la reserva; es decir, qué va y qué no va incluido en el precio de la reserva.

La segunda opción, es la que yo he elegido, es telefónicamente a través del teléfono de reservas del hotel. Esta opción, cada vez se utiliza menos, es mi preferida. El trato que recibí por parte de la agente de reservas fue excelente, estando muy atenta y explicándome todos los pormenores de las preguntas que le realizaba. Además, la política de precios de este hotel y la de otros muchos hoteles de lujo, está ya muy unificada, por tanto, no vas a encontrar en una recóndita web del universo de internet una oferta de la misma habitación con los mismos extras por la mitad de precio. Te lo aseguro. Aparte, como bien explicaré más abajo, este complejo hotelero es lo suficientemente amplio y con tantos tipos de habitaciones y villas que es conveniente asesorarse bien para poder elegir la habitación que más se adecua a tus preferencias. Por tanto, aconsejo reservar el Gran Hotel Bahía del Duque Resort a través del teléfono de reservas del mismo hotel. En el caso que nos ocupa yo reservé una "casa ducal" por cuatro noches en el mes de octubre por el precio de 1.400 euros, estancia en ducal y desayuno incluido.

La tercera opción, es hacerlo a través de la página web de la central de reservas "The Leading Hotels and the World" www.lhw.com, esta central de reservas que engloba a los mejores hoteles de lujo del mundo, también te permite el proceder a la reserva a través de teléfono con agentes muy profesionales que, si bien, no te asesoran tan puntualmente como directamente en el hotel, están muy en contacto con el mismo para solucionarte cualquier duda que te pueda surgir. Además puedes hablar en español. Aconsejo a los amantes del buen gusto y de los hoteles selectos posean la tarjeta "leaders club" para poder conseguir ciertos beneficios en la reserva del hotel.

Check-in
Antes de proceder a relatar el check-in hay que explicar que el Gran Hotel Bahía del Duque Resort tiene, con carácter general, tres tipos de estancias, una las habitaciones del, llamémosle "main building" o edificio principal - que no son uno sino varios - , otra las "casas ducales", construidas e inauguradas hace unos siete años y, por último, las villas. Las tres tienen diferentes recepciones según sea la estancia elegida. En el caso que estamos estudiando, "casa ducal", la recepción, independiente, me la hicieron sirviéndome un café, en una pequeña terraza del edificio. Fue muy agradable y atenta sin caer en la pedantería aunque un tanto agresiva por la cantidad de datos transmitidos en tan breve espacio de tiempo. Los que saben de hoteles con clase y de hoteles de lujo me entienden. El acompañamiento por el mayordomo - todos van ataviados con traje regional - a la habitación fue correcto. La entrada a la habitación, gratificante, suficientemente espaciosa -era doble normal-, el cuarto de baño amplio y cómodo, ducha separada, amenities de baño "aqua di parma" -las mejores-, eso sí, mezcladas con unas especiales no sé de qué fabricante en exclusiva para el hotel que dejaban mucho que desear. Cuarto de baño bien iluminado y provisto de albornoz y zapatillas - lógicamente -, bien nutrido de toallas (de las que secan). La habitación con televisor y equipo hi-fi, ambos B&O, cama King, muy cómoda - por cierto -, almohadas aceptables, armarios amplios pero un tanto incómodos - no me gustan los armarios de corredera -, mueble bar bien nutrido, cubitera con hielos - pero solo la primera noche - si no pedías más, fallo, mesa con dos butaquitas adyacentes pero en la misma estancia y un balcón solarium que daba directamente a los jardines, piscinas y caminos (muchos) del hotel. Muy buena privacidad tan solo alterada por algún pavo real que pulula por la finca.

Resort
Son 19 los edificios con los que cuenta este majestuoso hotel de la Costa Adeje Tinerfeña, todos inspirados en la arquitectura canaria del XIX. Sin ánimo de ser exhaustivo, la zona más exclusiva son las villas, con tres categorías, "las palmeras", "Las mimosas" y "Las retamas", si bien cada una es más espaciosa que la anterior, todas gozan de absoluta privacidad, amplia superficie y piscina privada. Difícil encontrar por menos de 700 euros al día una de ellas. Son 40 y fueron inauguradas en 2008. Tienen servicio de mayordomía. Justo abajo de las villas se encuentra situado el SPA, abajo tiene capítulo independiente, y dentro de muy poco se va a inaugurar un campo de golf de 9 hoyos por lo que ya su vecino Abama en Guía de Isora, no le hará competencia.
Las piscinas, ditribuidas por los jardines son múltiples. Cinco piscinas, tres de ellas de agua dulce (dos climatizadas), dos de agua salada y una para niños. Algunas piscinas se conectan entre sí con cascadas de aguas. Todo ello entre una vegetación frondosa que te transporta a cualquier isla recóndita del pacífico.
El hotel posee un "mini-club" para los huéspedes de 3 a 12 años abierto hasta las 18:00 horas. No puedo negar que el Gran Hotel Bahia del Duque Resort es un establecimiento perfectamente equipado para pasar unas buenas vacaciones en familia. También, bajo petición, dispone de servicio de niñera.
Las "casas ducales", donde me alojaba, decoradas por Pascua Ortega, poseen más privacidad que las habitaciones. Tienen "servicio ducal" de mayordomo privado, aún lo estoy esperando, y sirven canapés y bebidas de cortesía en todo momento. Acceso directo al "Bussines Center". Aparte de la ausencia de mi mayordomo que no apareció nada más que en el check-in, hay que decir que la privacidad de la mesa de recepción es nula, me enteré, mientras disfrutaba por las tardes de mi gin-tonic de problemas de las diferentes casas ya que no hay ninguna separación entre la recepción y la sala de estar. Uno de ellos fué un matrimonio inglés de edad avanzada que ya era el tercer día que la botella de su "champagne" francés estaba caliente justo a las five o´clock, hora a la que siempre pedían que la tuvieran dispuesta. Un gran fallo. Aparte, el personal, solía quejarse de vez en cuando, poniendo alguna mala cara. Ciertamente este hotel, siendo de gran lujo, no podemos pedirle que tenga el servicio exquisito de un Four Seasons o de un Ritz. En las "casas ducales" también se podía desayunar aunque todo el mundo prefiere el festín del "buffet breakfast" del que hablaré en el apartado "Bares y Restaurantes".
El resto de habitaciones, repartidas por los diferentes edificios, poseen su entrada por el edificio principal, muchas tienen vista al mar, jacuzzi en la terraza - un poco absurdo teniendo en cuenta las múltiples piscinas - y se pierden por el entramado de los diferentes pasillos de los muchos edificios del Resort. Todo él está siempre comunicado por coches tipo "buggy", algo muy de agradecer porque el hotel queda en cuesta y, después de relajarte en el Spa, no tiene ningún "glamour" subir las rampas andando hasta llegar a tu alcoba. Los coches son conducidos por personal del hotel.

Bares y Restaurantes
En primer lugar, comentar que, debido a la localización del hotel, te ves casi condenado a tener que realizar las comidas diarias dentro del mismo. En el paseo marítimo, ya no pertenece al recinto, hay alguna cosa pero nada de calidad a no ser un Italiano que no me acuerdo de su nombre, ya lo siento.

El Bernegal.
Es el restaurante bufet del hotel. En el uno se desayuna un esplédido bufet y, cada noche, tienen otro temático para cenar. Parto de que no soy muy amigo de los bufets, restan mucha clase al hotel teniéndote que codear con obesas alemanas con camisas de flores rosas, plato en mano haciendo cola para que les sirvan un huevo frito o en "coquette" en el desayuno. Dicho lo cual, el "Buffet Breakfast" del Gran Hotel Bahía del Duque es el mejor que he visto nunca. Y digo visto porque más que probado, merece la pena ser visto. Es kilométrico, dando toda la vuelta al recinto de "El Bernegal". Posee la opulencia de lo "nuevo rico" aunque hay que decir que la calidad no es mala. No es mala pero es mejorable. Llama la atención una fuente de chocolate de varios pisos que me da un poco de asco y una millonaria entrada de productos muy diversos, la mayoría de los cuales - creo- nadie prueba. El zumo de naranja NO era natural, parecía como si llevara mezcla. Total, al final, uno acaba con los cereales, un poco de fruta, algo de fiambre, queso; los más glotones huevos, bacon y repostería, muy buena, por cierto.
Para las cenas no quise repetir la liturgia del desayuno y no probé este restaurante aunque es más de lo mismo.

Las Aguas
Es el restaurante capitaneado por mi cocinero favorito, Salvador Gallego, propietario de "El Cenador de Salvador" en Moralzarzal, Madrid. Además, Salvador es mi maestro en cocina. Con todo me desagradó. Nunca me han gustado los restaurantes que capitanean pero no regentan los grandes chefs. Son como el perro del hortelano, ni comen ni dejan comer.
Cené en el una vez. Lo mejor, el "bloody mary" del aperitivo. Unas vieiras, muy frescas pero bañadas en salsa de remolacha que no pegaba ni con cola. El cochinillo confitado no estaba mal pero un poco grasiento de más, del postre no me acuerdo por lo que ni fú ni fa. El servicio no es malo, no obstante el personal, incluido el "maitre" y el "soumiller" los vi al día siguiente trabajando en el restaurante del Spa. Eso es inaceptable en un restaurante como el que pretende ser "Las Aguas". Por otro lado, eso no es responsabilidad del hotel, la mesa de al lado estaba ocupada por una familia de rusos que, en un restaurante con clase, los habrían echado a la calle. Posiblemente el 80% de la ocupación de septiembre de 2009 del Gran Hotel Bahía del Duque Resort fueran rusos. No sé de donde salen tantos, además tienen la misma clase que una laca barata o un pisacorbatas, son huéspedes de "palillo" o mondadientes - ambos vocablos son igual de horribles -. Pero claro, tienen dinero y, por desgracia, hoy en día atascan los hoteles de lujo y no de lujo de las zonas cálidas. Los rusos de la mesa de al lado, una familia con tres hijos, el pequeño no tendría más de cuatro años y comía caviar - "¡se terrific!"-, la hija, menor de edad enseñaba casi por completo la inmensa desproporción de sus senos de lo escotada que iba. Además era rechoncha como un repollo. Gritaban como hurracas y acabaron con una melopea del trece - incluida la menor de edad -. Mi acompañante, no daba crédito como yo de semejante espectáculo y ambos sonreíamos levemente mientras acababa su "rissoto" bastante insulso y anodino. En fin, este restaurante necesita mejorar y espero que mi maestro lea mi blog y pueda solucionar este asunto.

La Brasserie
Restaurante de corte francés - que no francés - situado en el corazón del complejo justo al lado de la plaza donde cada noche hay espectáculo. Pues pides algo de pato, de ese que ya viene confitado en lata, untas el pan con la mantequilla, bebes algo de vino y ya está. Sobre todo, en la terraza tiene una muy privilegiada vista a la pista de baile donde van pasando modelitos la clase pasiva rusa e inglesa. Mucha lentejuela -"¡Mon-dieu!" - qué pintarán en Costa Adeje las lentejuelas! Todas ataviadas como si pasaran una velada en el vagón cenador del Orient Express camino la noche antes de llegar a Cracovia. No estaría de más una cabina en el hotel con varios endocrinos para tratar semejantes obesidades obscenas. Lo único decente que se veía era operado ó teñido.

La Trattoria
Restaurante de "estilo" italiano (pasta y pizzas) situado muy cerca del anterior. Hay que decir que, a la entrada de la estancia en el hotel, te dan una hojita con el horario de apertura de los restaurantes durante la semana. No siempre están abiertos todos. Cuando está el francés no está el italiano... y así todos menos el famoso "El Bernegal" del que ya hemos hablado. No quiero derivar mi crítica a lo absurdo pero la oferta gastronómica de Gran Hotel Bahía del Duque Resort, siendo múltiple, no es de gran calidad. Aparte, me fastidia que todos los restaurantes no estén abiertos todos los días de la semana. No obstante para saborear una pizza no está mal.

The Beach Club
Es un bonito restaurante para degustar pescados y arroces. Solo está abierto para almorzar con vista a la piscina principal del hotel. Recomiendo probar el arroz negro. El servicio es amable aunque un tanto rústico. Cuidado con las vistas pues los rusos e ingleses sesentones están cerca tostándose al sol como lagartijas y hace que no se saboreen del todo los buenos pescados.

La Tasca
Cocina "tipo española". Lo probé una vez y, la verdad, tiene más atracción para los huéspedes no españoles. No siempre está abierto. Situado por la zona de piscinas.

La Hacienda
Este restaurante, aún perteneciendo al hotel, está fuera del complejo, justamente en el paseo marítimo. Muy bullicioso, bastante agradable para la cena. Es de corte mejicano y tiene una peculiariedad que aún a día de hoy me la pregunto. Los precios son extremadamente más baratos que en el resto de restaurantes del complejo. Me imagino que la respuesta será porque a él pueden acceder personas no alojadas en el hotel pero me parece injusto. Y no lo digo porque crea que los precios del resto de restaurantes del Resort sean exorbitados -exceptuando "Las Aguas" no lo son, lo digo porque deberían guardar la misma política. Al fin y al cabo es un restaurante más del hotel. Este restaurante, junto con el café "La Bahía" son los únicos que están fuera del hotel exceptuando el chiringito de la playa.

El "Bar Azul", donde puedes pedirte una hamburguesa o un sandwich solo abre por las mañanas; algo que no entiendo puesto que después de ponerte hasta arriba con el bufét de "El Bernegal", nadie exceptuando los rusos que comen a todas horas, pueden pimplarse una comida a las dos. En "La zumería" puedes pedir un zumo de frutas a cualquier hora- hasta las seis de la tarde-. En el "Piano Bar" del edificio principal puedes degustar un "Manhattan" con piano en directo. El "Moët Gastro Tapas" estuvo cerrado todos los días de mi estancia.


El Spa
Merece capítulo aparte este maravilloso oasis de armonía y serenidad abierto en invierno de 2008. Sin duda, lo mejor del hotel con diferencia. Me atrevo a decir que el Spa de Gran Hotel Bahía del Duque Resort es el mejor spa del mundo, al menos de los mejores. Muy pocos espacios destinados a la salud por el agua se pueden permitir el lujo de estar al aire libre. Este, emerge valientemente teniendo como cúpula el azul del cielo y las estrellas del firmamento. Al anochecer, un espectáculo de cromoterapia adorna la piscina y el recinto, llegando al sumum de la relajación y el bienestar. Con zona de solarium y zona cubierta- yo siempre elijo la última porque no me gustan los cangrejos- antes de entrar te someten a un pequeño test para prevenir enfermedades. El servicio - todo chicas perfectamente educadas y serviciales - te mantienen en cada momento en un limbo de placer y tranquilidad. Las taquillas del vestuario están provista de clave electrónica, albornoces de media manga con zapatillas conjuntadas, cientos de toallas a tu disposición, secador-centrifugador de traje de baño, en fin, un verdadero templo del lujo y de la armonía. La sauna a la temperatura adecuada, el "hammán" que te purifica pero no te axfisia y la piscina, amplísima con múltiples tratamientos de chorro. Jarras de agua con limón y menta dispersas por todo el recinto - se agradece -, y con todo, esperando relajadamente que llegue la bendita hora del tratamiento reservado. Puntualmente, mi acompañante y yo elegimos un tratamiento en pareja, dos profesionales nos recogieron y procedimos en peregrinaje a la sala concertada. Durante la procesión, velas, aromas, luces ténues, voces bajas, todo lo necesario para disfrutar de un tratamiento holístico en toda regla. A la entrada de la sala, dos camillas y, con mucho pudor te disponen para la sesión. Todos los productos son by "Espa", sin duda, los mejores. En España, solo este hotel trabaja con esta firma inglesa. Las camillas son eléctricas adoptando suavemente la posición necesaria. La música relajante va subiendo lentamente en intensidad conforme va avanzando el ritual. Las manos de las técnicos van al compás de la música, la luz siempre a la intensidad adecuada. Silencio, mucho silencio, roto solo por algún chasquido de placer por parte del paciente sin pizca de erotismo. Al terminar, utilizamos el otro spa de la planta superior, zona VIP, separado por sexos. Otra sauna, otro "hammán casi mejor que el anterior, hielo, toallas, otra piscina de relajación al aire libre, hamacas y camas comodísimas. No hay prisas, quien las tenga en este lugar mejor estaría en uno de esos hormigueros que hay muy cerca por toda la Costa Adeje. Repito, volveré, Dios mediante, en cuanto me sea posible.

Check-out
Ciertamente fue rápido y eficaz. El taxi solicitado con destino Los Rodeos ya estaba esperando. No hubo ninguna incongruencia en la factura. Eso sí, como bien dije antes, la mesa de recepción tiene tan poca intimidad que otros clientes ven como sacas el dinero para pagar. Es lo más desagradable que te puede pasar en un hotel. Espero que lo cambien rápido. No quiero ni pensar el espectáculo de esos rusos que, por supuesto pagan a tocateja, habiendo disfrutado de dos meses en el hotel. Poco "glamour".

Comentarios finales
Aprovecho siempre esta sección final para relatar alguna impresión que pueda ayudar a entender mejor la crítica realizada anteriormente.
El Spa, auténtico templo de la serenidad solo es interrumpido por los gritos de las parejas de madrileños findesemaneros que se creen que están en la piscina pública de su barrio. Alguno hasta se tiraba al agua, en vez de entrar en ella; incluso hubo uno que utilizó el estilo "bomba".
Aconsejo a los futuros huéspedes que no salgan del hotel a no ser que sea para dar una vuelta por el paseo marítimo. Costa Adeje es como una urbanización sin plan urbanístico donde las tiendas de todo a cien, los bares baratos y los hoteles de la tercera edad lo invaden absolutamente todo. No obstante es tan buena la oferta del Resort que no hace falta salir del mismo.
Por favor, caballero, no introduzca en su maleta su camiseta de tirantes. Si no vence la tentación, anule su reserva.
Por favor, señora, no olvide introducir en su maleta la parte de arriba de su traje de baño o biquini, los niños se lo agradecerán... y los mayores también.
Por favor, padres, no olvidéis la autoridad paternal al entrar al complejo, el resto de huéspedes os lo agradecerán y las encargadas del "mini-club" también.
Por favor, parejas de enamorados, consumar vuestro amor en la intimidad de vuestra alcoba, no utilicéis los espacios comunes
Sin duda, uno de los mejores Resorts europeos, por no decir el mejor. Gran spa, miles de metros cuadrados para perderse -exceptuando temporada alta-, acceso directo a la playa del Duque para quien le guste llenarse de arena el traje de baño, múltiple oferta gastronómica, servicio eficaz pero con falta de clase y todo con un clima tan apetecible como el de las Islas Canarias.

Alfredo.