¿Qué pretende este blog?


Mi blog pretende realizar una crítica, lo más completa posible, de los principales hoteles europeos, así como proporcionar instrucciones y usos de protocolo y buenas maneras tanto a los profesionales del sector como a los huéspedes de los establecimientos. Como se observa, todo está basado en la independencia que me caracteriza, no perteneciendo a ninguna empresa relacionada con este mundo. Soy un consultor independiente. Personalmente he visitado cada uno de los locales de los que hablo en este blog.
Es mi capricho, del que llevo disfrutando varios años y quiero poner mis conocimientos y opiniones a disposición de todo aquel que quiera leerlos.
La idea surgió al no encontrar nada en la red - ni siquiera en inglés - sobre auténticas críticas de hoteles, al margen de comentarios de clientes enfadados que "cuelgan" sus quejas en distintas webs como un simple "derecho al pataleo" sin intento alguno de asesorar, construir o mejorar.
Muchas gracias por vuestra atención y colaboración.

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martes, 15 de mayo de 2012

Hotel Ritz. Madrid













Web
Como ya sucede en todos los hoteles de Orient-Express, la web del Hotel Ritz posee el diseño común al resto de la cadena. De fácil navegación, fotos de muy buena calidad y reservas propias. Como punto a mejorar, destacaría que no se puede acceder a una reserva a través de dispositivos móviles tipo iphone o ipad.

Check-in
Mi acompañante y yo llegamos a Madrid, esta vez por Ave desde Barcelona. En dos horas y media te plantas en la capital. Sinceramente, ya no merece la pena -a mi parecer- un avión para este trayecto; eso sí, las tarifas por regla general, son algo más caras para el tren. Quién lo iba a decir hace sólo unos pocos años. Sucede que debes pasar el mal trago, una vez llegado a Atocha, de coger un taxi al Ritz. En el momento que te subes al vehículo y dices al taxista dónde vas, algunos de tus familiares difuntos se revuelven en su tumba, los pobrecitos. Y es que para no más de quinientos metros que separan la estación del hotel, el propietario del vehículo ha estado haciendo un par de horas o tres de cola. Pero no voy a ir tirando por todo el Paseo del Prado con las maletas. Qué le vamos a hacer. Para algo está la bajada de bandera.

Entrada y fachada del hotel


El Ritz se encuentra situado en un precioso entorno de la ciudad, en plena Plaza de la Lealtad, a unos pocos pasos del Museo del Prado y de la Iglesia de San Jerónimo. Aunque el lugar es de indiscutible belleza, nadie puede dudar eso, y de emblemática arquitectura; particularmente no me gusta el enclave. Salvo que visites los museos de Madrid, queda un poco lejos de todo y cerca de casi nada. Yo, como friki de los viajes, soy de los que les gusta Claudio Coello, Ortega y Gasset, Velázquez, coger un metro. Nada de eso está cerca del hotel, sobre todo lo último que tienes que irte a la Puerta de Alcalá para tomarlo.
Pero señores, el Ritz es el Ritz y era una de mis espinas clavadas en Madrid pues, por varios motivos, no había tenido la oportunidad de hincarle el diente. Y hablando de hincamientos, lo que se dice hincar, se hincó. Pero no de la manera que uno esperaba. Me iré explicando.

La llegada al hotel es preciosa. El servicio de portería, de gran experiencia, nos recibió muy afablemente. Mientras uno despachaba el equipaje, el otro nos empujaba la puerta giratoria para acceder al hotel. El hall es fastuoso, como en cualquiera de los tres o cuatro Ritz del mundo. Digo cuatro porque, aparte del de París, Londres y Madrid; Barcelona mantiene opción con El Palace (Antiguo Ritz) del que hablaré pronto. Bien, continuando con lo que nos ocupa, una mesa de cristal con adornos florales de primerísima categoría, es lo primero que te encuentras. A la derecha está el mostrador del Concierge y, a la izquierda, el de Recepción, un poco metido en una habitacioncita.

Cocierge, hall de entrada. Al fondo izquierda, entrada salón de desayunos


Llegamos pronto, no eran más de las once y, es lógico, la habitación estaba por verificarla la gobernanta. Muy amablemente nos invitaron a una bebida en el loby mientras esperamos. No más de quince minutos. Como debe suceder en todo hotel que se precie de estilo tradicional, un pianista a esas horas ya amenizaba el ambiente. El trasiego de políticos, gente famosa, famosilla y de la farándula madrileña era continuo. De hecho, es importante diferenciar los huéspedes del Ritz (la mayoría ingleses y japoneses; casi ningún español) y los que se reúnen en el Ritz a desayunar, a tomar el té, a charlar, a dejarse ver (eso sí son españoles, de los que hablaba antes).

Loby del hotel

Una persona de recepción nos comunicó que ya estaba disponible la habitación. Y aquí viene el primer punto de mejora. Tenía reservada una habitación doble, sencilla. La tarjeta de socio "acces" de The Leading Hotels of the World, aparte del desayuno y del uso gratuito de la wifi, te da la posibilidad de un "upgrade" de habitación, en el caso de que exista disponibilidad. Me repatea que, cuando te dan ese "upgrade", te lo repiten varias veces. Y es de agradecer ese detalle del hotel. Sucede que cuando no lo hay, por los motivos que sea, -como sucedió en este caso-, se callan y no dicen nada. Eso no está bien. La opción que a mi juicio es la más acertada es comentar algo así: "lamento decirle que no es posible ofrecerle un "upgrade" en esta ocasión por estar completos". Ya está. Es absolutamente comprensible para cualquier ser educado y nadie se debiera sentir mal por ese comentario. Si quieres una suite, la pagas y punto.

La habitación
La habitación estaba situada en el punto más lejano desde el ascensor. Había casi que hacer un descanso a mitad de camino para tomar fuerzas y proseguir la ruta. Pero este tema reconozco que tiene sus opiniones contrarias. Hay huéspedes que prefieren esa privacidad que confiere la lejanía. Bien, la entrada a la habitación fue sorprendente, cuanto menos.

El tamaño es el más pequeño en el que he estado nunca en un hotel de lujo. El ambiente era avejentado, que no clásico, con luz amarillenta, dando la sensación de que Alfonso XIII iba a salir del armario -y perdón por la expresión que puede dar lugar a equívoco- para darnos la bienvenida. La cama, de tamaño "queen" y marca Flex era muy cómoda y sus sábanas de muy buen algodón. No obstante, el cabecero daba algo de miedo.

Cama


Justo a los pies de la misma, se disponía, absolutamente huérfana, una butaca, con tapicería indescriptible a juego con dos sillas; la una arrinconada, la otra para poder sentarse enfrente del mínimo escritorio, de madera noble, eso sí. 

Butaca con silla


La moqueta era muy vieja pero bien cuidada. La televisión estaba situada encima de un mueble que no pegaba ni con cola. En el escritorio, como se ve en la foto, estaba el regalo de bienvenida como miembro de The Leaders Club; un pastel de almendra con más celofán que otra cosa y sólo un juego de cubiertos. El agua era de botella de plástico, tipo hostal, situada en las mesillas de noche. Eso sí, eran repuestas en el turn-down. En una había un cargador de iphone un tanto arcaico. 

Escritorio

Mesilla de noche y cargador de iphone con radio-despertador



De los armarios, mejor ni hablar, una especie de cajonera se escondía detrás de la puerta. Al lado, otra puerta con un perchero, una caja fuerte encima de otra cajonera y, encima, unas mantas. El aire acondicionado sólo daba calor, no frío; seguramente no habían conectado el general aún. El sistema de domótica era novedoso para el pasado siglo pero un tanto anticuado para hoy en día.

Interior de armario sin intervención humana

Detalle del otro armario adyacente


Párrafo nuevo merece el cuarto de baño. Absolutamente pequeño con doble lavabo de grifería dorada, de la barata de Roca, necesitaba urgentemente una remodelación. El secador de pelo secaba menos que el soplido de una hormiga. Mi acompañante desistió de tal acción, cuarenta minutos después de estar intentándolo. 

Lavabos

Secador de pelo anclado a la pared alicatada


El enchufe para máquinillas de afeitar parecía el que usó César Ritz en sus inicios y las toiletries, de la gama Quercus de Penhaligon´s se disponían en tarritos de 30 ml. Por los pasillos del hotel me encontré con un carrito que tenia toiletries Acqua di Pama. Imagino que las utilizarán para habitaciones superiores. No obstante, aunque me parece una práctica de muy mal gusto que un hotel utilice toiletries diferentes para diferentes tipos de habitación, yo me quedo con Penhaligon´s.

Toiletries

Enchufe baño


La bañera se lleva la palma. Estrechísima y con la horrible cortinilla. Pero eso no es lo peor. No tenia ducha de mano y sólo te podías duchar por el chorro de arriba. Los que utilizan la ducha de mano, saben apreciar lo dificultoso que es practicar dicha tarea sin ella. Fue de lo único que me quejé en recepción a la salida, no quería montar jaleo a lo maleducado, y la respuesta fué que, si lo hubiera dicho, me habrían puesto una de mano. No sé cómo ni cuando. Yo nunca miro si hay ducha de mano en un hotel hasta que estoy en pelotas dentro de la bañera. Los albornoces muy confortables pero las toallas necesitaban también una remodelación.

Bañera


Los que leen mis críticas de hoteles se darán cuenta que he sido extremadamente exigente con este hotel. Pues, señores, es así. Estamos hablando del Ritz, no del Rice. No es de recibo semejante habitación para nadie, ni siquiera para los de la oferta de Trivago o para los socios de LHW que utilizan la noche de cortesía por recompensa de estadías. No fue este mi caso. 

El hall del Ritz
Sólo por eso, merece la pena visitar el hotel. Es espectacular. A mi juicio, más acogedor que el de Londres. Con un pianista tocando siempre -mañana y tarde-, como debe ser, el servicio es impecable. El centro floral de la mesa de entrada es espectacular.


Detalle floral


La cubertería y cristalería digna del Ritz. El ambiente, aunque de una edad un tanto elevada, estupendo. La puerta giratoria de entrada es durísima. De hecho, mi acompañante no podía empujarla. Cada vez que entrábamos o salíamos del hotel, pasaba ella primero y yo le propinaba un empujón (a la puerta, lógicamente) que me dejó el brazo con agujetas. El hotel, en estas fechas, estaba lleno de japoneses y de ingleses, todos ellos, como decía, de edades muy avanzadas; posiblemente ese sea el motivo por el que nos dieron esa habitación. Pero eso no me importa; esa habitación en el Ritz, no se puede dar ya a nadie.

El desayuno del Ritz
Petado, nunca he asistido a un desayuno con tal cantidad de personas a la vez. Nos situaron en la peor mesa de todas, justo a la entrada del salón. Es tipo buffet, no a la carta, justo en medio de la sala está depositada una mesa con los productos, de muy buena calidad pero poco variados. Hay que hacer juegos malabares para ir zigzagueando hasta el centro salvando obstáculos de camareros, mesas y señoras inglesas obesas llenando sus platos de jamón. La repostería, me hizo gracia, estaba en un carrito aparte, también justo a la entrada de la sala, y tenías que ponerte en cuclillas  para acceder a los donuts y algunos dulces más. Ni qué decir tiene que con la edad avanzada de la mayoría de los huéspedes, las bandejas estaban sin tocar.

El turn-down del Ritz
Muy escueto. Te descubren la cama, te reponen toiletries, agua y colocan la alfombrilla de hilo para salto de cama. En mi caso particular, ni cerraron las cortinas de la habitación que daba a un patio interior. También es cierto que, en espacio tan reducido, poco más podemos hacer. El servicio de camareras, un tanto lento. 25 minutos de espera para una almohada es mucho.

Check-out y salida del hotel
Fue muy rápido y eficaz. Me encantó, eso sí, la recepcionista que, justo enfrente de mí, y con un juego de palabras que no me podía enterar si no fuera porque uno ya sabe ciertas cosas, consultó a gobernanta que estaba haciendo el check-out, si todo quedó ok. Muy bueno el detalle. En ese momento fue cuando hablé del caso de la alcachofa (mi affaire con la ducha de mano). A la salida, el botones ya había depositado las maletas en el taxi, rumbo a Atocha.
 

jueves, 1 de diciembre de 2011

Don Diógenes Melollevo




Don Diógenes Melollevo es un señor que todos ustedes conocen. Se lo han cruzado en varias ocasiones por los aeropuertos, pasillos de un hotel, han compartido sala de desayuno, ascensor, butaca de avión e, incluso, usted mismo puede llamarse así.

D. Diógenes realiza su equipaje siempre con una maleta de más, vacía,  para traerla de nuevo a casa repleta de material indispensable que ha ido recogiendo allá donde va de viaje.
Ya, en el aeropuerto, toma prestados dos o tres planos del mismo, no se vaya a perder por las ocho terminales del aeropuerto de Zaragoza. Las azafatas de Ryanair aún no lo han localizado pero siempre que D. Diógenes viaja, recogen una revista menos de la que entregan al pasaje. Nunca la lee porque está en inglés y no sabe idiomas pero es indispensable que pase a su posesión. Incluso ha llegado a coger los pañitos que cubren el reposa cabezas de Air Nostrum con el "Murcia Costa Cálida" de propaganda.

Al llegar a su hotel de destino, el Sr. Melollevo, coge un buen puñado de esos caramelos de menta que depositan muchas recepciones en su mostrador. Pide el plano de la ciudad cada vez que sale y entra del hotel.

Es un insaciable devorador de toiletries. Las esconde en los cajones para que el servicio de camareras no se de cuenta. ¡Ay, D. Diógenes! Que se cree usted que no se dan cuenta. ¿Dónde mete los 25 tarritos que colecciona entre los que le dejan por la mañana, en el turn-donwn y los que pide directamente al servicio de habitaciones; dónde están los envases vacíos?

Cuando abre el minibar, no coge ni una fanta de limón, no le vayan a cobrar pero arrasa con los posavasos, el sacacorchos, el abrebotellas, las servilletas y hasta esos palitos mezcladores de los combinados alcohólicos. Y lo hace, aunque ninguno de esos utensilios tenga el logo o el nombre del hotel grabado. Como ven, la maleta vacía de D. Diógenes, se va llenando.

Le encanta la bolsita donde le dejan el periódico cada mañana. Y las esponjitas limpiacalzados le vuelven loco. No puede dejar ni una. Tiene problemas para poder meter en su maleta uno de los utensilios que más le atraen; el paraguas. En ocasiones, deja entrever la puntica del mismo por la cremallera del bulto ya que el diámetro del mismo es superior al de su equipaje; pero le da igual. Hasta se lleva los tarjetones de "please, not disturb" que penden del pomo de la puerta. Las postales del cartapacio de encima del escritorio le vuelven loco, y el mismo cartapacio también. El díptico de los canales de televisión es indispensable para la supervivencia del ser humano. A la maleta que va.

Las perchas. ¡Uy, las perchas! Tiene su casa cuatro cajas llenas de ellas. No las usa jamás pero no puede vencer la fuerza que le tira a llevárselas. ¿Y las zapatillas? ¡Madre mía! Cuatro cajas de esas transparentes de los chinos, totalmente llenas. No valen para nada pero no puede dejarlas.

Con el albornoz no se atreve, eso ya es de cobardes pero ya le gustaría, ya. Alguna toalla que otra ha caído, ¿Verdad, D. Diógenes? Con el secador de pelo tampoco pero se hace violencia para no hacerse con él. Eso sí, con la de Kleenex que tiene podría empapelar su alcoba.

Su desayuno es bufet en todo su amplio significado. Siempre se sitúa en una mesa de esas en esquina donde cree que no le ven. Y vaya si le ven. Acaso ¿Qué va hacer con ese medio kilo de chorizo, cuarto y mitad de queso y cinco panecillos, que no sean bocadillos? Se los mete en su bolso de mano con un disimulo propio de agente secreto y, con lo que saca, ya tiene el almuerzo listo. Hasta la cena.

El señor Melollevo comunica por teléfono con el servicio de habitaciones del orden de cinco a cincuenta veces al día. Pide gel, champú, espuma de afeitar, cuchillas, esponjas limpiacalzado; todo a troche y moche. Y no se lleva el hielo de la cubitera porque se derrite, que si no...

viernes, 28 de octubre de 2011

La carta de almohadas







Vamos a ser sinceros, la carta de almohadas de un hotel es ese servicio que, hoy en día muchos ofrecen pero pocos quieren que sea demandado por el huésped.
Yo, como dicen los de pueblo, padezco de cervicales. Es mi punto débil y, cuando entran en acción las puñeteras, tengo que drogarme con una mezcla explosiva de ibuprofeno, naproxeno y varios enos más -incluidas las sales de frutas- que me dejan absolutamente grogui y con el estómago mas chungo que un cliente de esos restaurantes que Gordon Ramsay intenta reflotar. No hay omeprazol que contrarreste mi ingesta de enos.

Por todo eno, doy mucha importancia a la cama a la hora de dormir. Ya hablé hace un tiempo sobre los diferentes tipos de cama de un hotel. Pero una cama no es nada sin una almohada que la apoye y acompañe; ambas deben formar un matrimonio bien avenido e indisoluble, colaborando estrechamente entre sí.
Pocas, muy pocas veces he dormido en un hotel con una almohada que me convenza de verdad.

Muchos, a la hora de vestir la cama utilizan docenas de cojines y almohadas que, si no esperas al servicio de turn-down, te lleva media hora ir quitándolos todos hasta desnudarla. Otros hoteles, en cambio, le dan la misma importancia a la almohada que al proceso de oxidación del hierro y te dejan caer una sola con menos relleno que el sujetador de la Barbie. Otros, en el lugar más recóndito de la habitación, justo debajo de un libro, de esos grandes y decorativos, depositan la carta de almohadas para evitar que un estúpido cliente como yo pegue el coñazo. Otros te ofrecen una carta con veintisiete tipos diferentes pero todas, al final, son iguales. Lo único que consiguen es que no te aclares. En fin, después de tu pareja, lo más personal que tiene el ser humano es su almohada y algunos invierten los términos. Por tanto, no es de extrañar que sea difícil conseguir que un cliente acabe absolutamente satisfecho con el tipo de almohada.

Los diferentes tipos de almohadas podríamos catalogarlos en.

La almohada nube: Es esa que cuando la ves parece altísima pero que cuando apoyas la cabeza se va deshinchando como un balón de playa hasta casi, llegar a fundirse con el colchón.

La almohada hiperergonómica: Es aquella que parece estar diseñada por Ferrari con materiales extraterrestres pero, como no estás acostumbrado a dormir en ella, la primera noche te acuerdas del momento que decidiste no quedarte calladito y utilizar la carta de almohadas.

La minialmohada: Es esa que mide 10x10 cm. y que no te da ni para apoyar el lóbulo de la oreja. He visto algunas de estas en varios hoteles. Parecen algodones desmaquillantes, mas que almohadas.

La "papel de fumar". Es esa que no te das cuenta que está en la cama hasta que te acuestas. Es tan fina que se disimula con el colchón.

La almohada hipoalergénica. Es la que está hecha con materiales y tejidos tan complicados que, si bien es cierto que son apropiadas para alérgicos, ni los ácaros quieren dormir encima de lo incómodas que son.

La almohada cojín. Pues eso. Es la que cogen el relleno de un cojín y le ponen una funda de almohada. Menuda tontería. Pero son muy comunes.

La almohada alta y dura: Es la que jamás encontrará en ninguna carta de almohadas de ningún hotel. Es mi preferida.

viernes, 17 de junio de 2011

El minibar de una habitación de hotel. Un mundo por descubrir




Álvaro S. en un reciente comentario me sugirió que escribiera sobre el minibar de una habitación de hotel. En primer lugar, agradezco a los que me leéis dichas recomendaciones, peticiones o sugerencias porque uno ni tiene tiempo ni dinero para ir cada semana cuatro días a un hotel para luego hacer la crítica; ni tampoco una imaginación de cuento de hadas -y eso que la mía es muy calenturienta- para hacer un buen post sobre un tema relacionado con los hoteles cada semana. Así que, por favor, no os cortéis a la hora de escribirme. Pedid y se os dará; y también se os agradecerá.

Bien, dicho esto, ya he hablado algo de los minibares en otras entradas del blog como "las amenities que están de más y las que no deben faltar" y "Las preguntas prohibidas". Se trata, pues, de recopilar lo dicho hasta ahora y de ampliar toda la información para hacernos una visión lo más completa posible de este elemento que no dejará jamás de sorprenderme, como es el minibar.

Partimos de la base de que, para la gran mayoría de mortales, el minibar es un accesorio endiablado al que no hay que acercarse, siquiera. Sí, seamos sinceros. Cuántas veces hemos entrado en una habitación, nos hemos puesto a mirar todo, a sacar punta a cualquier aspecto de la habitación o del baño y, cuando nos topamos con el minibar, una voz, casi siempre femenina, dice. ¡No lo toques! Sí, lo reconozco, el minibar suele tener una tarifa de precios que, en ocasiones, hace que se lleguen a caer las pestañas. Sigamos siendo sinceros, cuántas veces nos hemos quedado embobados mirando esas botellitas de licor tan bien puestas, ese paquetito de frutos secos que dice cómeme, ese benjamín de champán que parece que tiene tu nombre.... esa, en definitiva, cara de espanto cuando ves la lista de precios y te cagas en todo.

Pero ni calvo, ni con siete pelucas. Si bien, no se trata de fusilar hasta el zumo de tomate del minibar, como si en nuestra vida hubiésemos estado en una cafetería, tampoco se trata de ser un auténtico rácano y jamás usar nada del mismo si nos apetece.
Haga usted examen. ¿Cuántas veces ha respondido a la maldita pregunta del check-out de recepción ¿Tiene usted algo de minibar, con un sí? Digo maldita porque detesto que me la hagan. A nadie le interesa si soy un bebedor compulsivo de ron; y en recepción siempre suele haber mucho tránsito de personas. Siguiendo con lo nuestro, ¿Cuántas veces hemos dicho sí? Si es ninguna y sí nos apetece, pues ya va siendo hora de estrenarse.

Pero claro, ahora llegan los inconvenientes logísticos.

Puede suceder que el minibar sea inteligente, es decir, que tenga una memoria informática conectada directamente con recepción. Si queremos sacar la fanta naranja para hacer hueco al biberón del nene, automáticamente salta un chip como si hubiéramos consumido la fanta. Esto siempre me ha parecido una falta de educación grave de los hoteles para con los huéspedes. Ahora bien, comprendo que hay cierto tipo de clientes de hotel que cual mochileros insaciables, se llevan de viaje la mortadela, la tortilla de patatas, las latas de atún barato, el nescafé. En fín, que llegan a utilizar el minibar como si fuera el frigorífico de su casa y el próximo cliente que entra a la habitación se encuentra con un pestizamen a chorizo que no le deja dormir en toda la noche. Por esta razón, creo que algún ingeniero aburrido inventó dicho minibar inteligente. Aún con todo, estoy en contra de ellos.

También puede ocurrir que el minibar se parezca a la central termodinámica de Móstoles por el puñetero ruido que hace que no te deja pegar ojo; o lo que es peor, el minibar tipo Sputnik que de lo que se mueve, parece que va a despegar en cualquier momento. El minibar debe ser revisado por el hotel de vez en cuando, y no me refiero sólo a la reposición de su contenido, que muchas veces, de no usarse está caducado.

El agua de cortesía que todos los hoteles deberían depositar encima de la mesita de noche en el servicio de turndown, es una amenidad gratuita del hotel; no es consumición de minibar. Por cierto, ante esto debo decir que muchos hoteles sólo dejan el agua la primera noche. Muy mal. Hay que reponerla cada día; racanear con el agua me parece una grosería impropia de un hotel de lujo.

Si en su habitación, cerca del minibar, descubre una cubitera vacía, no es para que se la eche a la maleta; es para pedir que le repongan hielo cuando lo desee llamando al servicio de habitaciones. El sacacorchos y el abrebotellas tampoco están para aumentar el menaje de nuestro hogar.

Antes comentaba que odiaba que me hicieran la pregunta de si había consumido algo de minibar en el checkout. Lo correcto en este caso es tener un servicio de habitaciones muy bien dirigido. En el momento de la salida, una camarera entra y echa un vistazo. Ella comunicará a recepción si hemos consumido algo de minibar o no. Si no es así, se entrega la cartulina en recepción marcando nuestras consumiciones antes de que el intrépido recepcionista nos haga la pregunta.

En algunos hoteles, hoy en día, se está ofreciendo el minibar de cortesía. Ello no me parece mal. Pero si se hace así debe quedar claro que, el minibar es de cortesía y, aparte de reflejarlo en nuestra reserva, nos lo recordarán en recepción a la hora del check-in. Si el minibar es de cortesía es cicatero que sólo sea el primer día; uno paga la misma tarifa de habitación cada día que se hospeda en un hotel. Y, si el minibar es, de verdad, de cortesía, no se puede dejar dentro sólo un zumo rastrero de melocotón, otro de néctar de naranja, un agua en botella de plástico, una pepsi y dos chuminadas más. No digo que haya que poner güisqui escocés pero dice mucho en detrimento de un hotel, aquel que no mantiene los mismos estándares de servicio y calidad para las amenidades que son de pago y las que van incluidas en la tarifa de reserva. Y, además, el plástico es un material que debe estar prohibido en cualquier hotel que pretenda catalogarse de lujo.

martes, 8 de febrero de 2011

Hotel Villa Magna. Madrid










Web

Hasta hace poco tiempo, el Hotel Villa Magna no ha terminado una web bien definida y completa en todos sus aspectos. Ahora, sí. Con un diseño y una estructura muy conforme con el estilo propio del hotel, esta web se caracteriza por su accesible y sencilla navegación, menús muy bien elegidos, fondos de tonalidades agradables, imágenes de alta calidad y orden, mucho orden. Muy accesible también la consulta de precios y disponibilidad de habitaciones, a través de "ihotelier" y se le da la relevancia merecida -en lo que a logos respecta- a la central de reservas a la que pertenece, The Leading Hotels of the World. A una web que, en el momento de la reinauguración del hotel, le puse muchas pegas -la lanzaron incompleta-, ahora no tengo nada regular que objetarle. Y han innovado en el diseño. Muy acertada la presentación en flash de folletos y cuadernos de viaje.



Fachada principal y entrada del hotel



Check-in

El hotel Villa Magna es, pese a quien le pese, el mejor hotel de Madrid y, sin duda, entre los tres mejores hoteles de ciudad de España. Mi acompañante y yo, llegamos esta vez en nuestro vehículo propio. En pleno  Barrio de Salamanca, en el Paseo de la Castellana (eso no es el Santiago Bernabeu sino cerca de Colón), sólo tienes que rodear la pequeña y preciosa fuente central de acceso y puedes parar el coche tranquilamente para el desembarco del equipaje. Automáticamente, dos mozos nos estaban esperando, uno para aparcar el vehículo dentro del parking, el otro para recoger las maletas.

El Villa Magna tiene un fallo, si es que lo podemos catalogar así. No tiene puerta giratoria. Pero en toda mi estancia, siempre un portero o dos, estaban atentos para abrirla, tanto al entrar como al salir.



Primer mostrador, Concierge; segundo, Recepción


La entrada al hotel es muy confortable y agradable. El mármol, perfectamente pulido y abrillantado te envuelve dándote una perfecta bienvenida. Las sonrisas del personal, también.
La recepción y el concierge se encuentran entrando a mano izquierda. Son dos mostradores, juntos pero con separación entre ellos. El de recepción es el más lejano. Presidida con belleza por una escultura de hierro  (no es la que aparece en la foto sino una detrás de los mostradores), de un artista que hoy me arrepiento no haber preguntado de quién se trataba, un recepcionista en prácticas nos recibió muy amablemente. Como suele suceder, y siempre comprendo tales situaciones cuando van acompañadas de educación como en el caso que nos ocupa, éste se percató que no era capaz aún de realizar un proceso de entrada entero y otra recepcionista con más experiencia fue quien nos hizo el check-in. Viene ahora el único inconveniente que tuvimos en el hotel.
Como siempre suelo hacer, tengo preparados Dni, tarjeta de crédito y -aunque no hace ninguna falta- tarjeta de afiliación a la cadena o central, en este caso Leaders Club. Tardaron en exceso en completar el proceso de entrada. Además, cosa que casi nunca hago, advertí mi petición de cama de matrimonio en recepción. La habitación que me tenían dispuesta era twin.
En este sentido tengo que decir que el error pudo estar en Leading Hotels. Aunque suelo siempre asesorar a esta Central en lo que considero oportuno, quiero afirmar que deben mejorar en un aspecto. A la hora de hacer la reserva por su página web, muchas habitaciones tienen descripción tal que así "twin or double bed". Y no me dejan especificar si una u otra. Ello da lugar a estas confusiones nada deseadas. La mejor manera de arreglarlo sería siempre, como sucede con la mayoría de hoteles de la misma Central, que quede siempre en la tarifa muy bien especificada el tipo de cama que desea el cliente. Y permítaseme que no acepte esa frase de hotel barato de "cama de matrimonio si hay disponibilidad". En la hostelería de lujo, la disponibilidad es simplemente la elección del cliente.

Siguiendo con el check-in, en ningún momento el recepcionista me dijo que tenía un "upgrade" por ser miembro de Leaders Club. Aunque imagino que sí, no sé si hubo tal acceso a la siguiente categoría de habitación pues, desde su reinauguración, era la primera vez que volvía al Villa Magna. Como soy muy educado, no dije nada. Los detalles de cortesía extra nunca deben ser demandados por el cliente, salvo que se quiera entrar en el farragoso terreno de la grosería.
Tampoco tuve ningún detalle ni regalo de cortesía y la carta de la dirección del hotel que se encontraba encima del escritorio al llegar a la habitación, tenía otro destinatario que no era yo. Aproveché para, automáticamente, dársela al botones que nos subió el equipaje. Me quedé sin carta de bienvenida, no recibí ninguna otra.

Habitación y Servicios del Hotel

Pero la habitación del hotel y sus servicios y amenidades, te hacen olvidar en un minuto, lo pasado en el check-in que, repito, no todo fue responsabilidad del hotel.
Con unas dimensiones más que considerables (advierto que yo reservé la habitación "magna") y unas tonalidades grises y cremas muy agradables y acogedoras, sólo puedo piropearla. La entrada comunicaba directamente a través de un pequeño pasillo con la alcoba. La cama, tamaño King, de gran confort y comodidad (colchón Flex, aunque parezca mentira) con sábanas de muy buen algodón  y varias almohadas. Un escritorio generoso de madera noble se situaba en la esquina con una silla. A su contrario, un sillón con amplio reposapies. Minibar inteligente pero muy bien cobijado, así como la caja fuerte -no me hizo falta estudiar para programarla-. Cortinas opacas en la gran ventana con vistas a Serrano que dotaban a la habitación de una casi total oscuridad. Mesillas de noche amplias con lámparas tradicionales y de punto de luz. Televisor "Magic Mirrow" de la firma "Ad Notam"; una amenity de las que gusta ver en los hoteles. Se trata de una televisión oculta en un espejo. Mis felicitaciones. Hasta la moqueta -que mis lectores saben lo que la detesto- parecía ofrecerse a que la pisaras con tranquilidad; lógicamente no lo hice.




Habitación


Por una puerta corredera te comunicabas con un fabuloso vestidor, lleno de compartimentos y armarios; y al otro lado se encontraba el maravilloso y luminoso cuarto de baño. Con toiletries tamaño extra de la firma francesa Blaise Mautin, de aroma exclusivo "Sierra", lavabo de dos pozas de travertino debajo de un amplísimo espejo con apliques muy originales, pocas veces he estado en un baño de hotel más encantador a la vez que práctico. El inodoro y el bidé estaban separados del resto. La bañera, amplia y con correcto chorro, tanto de techo como de mano. Espejo de aumento bien posicionado, albornoces y zapatillas de tallas grandes, todo absolutamente con el emblema del hotel. Hasta una báscula para pesarse de las que no engañan, cosa que seguro algún cliente encontrará de buen uso, porque lo que a mi respecta me parece absolutamente inútil; nunca se me ocurriría pesarme en un hotel cuando estoy descansando un par de días.



Baño


Pero lo que verdaderamente te deja prendado de la estancia en el Villa Magna son los detalles. Servicio excelente de limpieza de calzado con contenedor de madera. Te los devuelven con saco y  con hormas con el sello del hotel. Y nunca tan limpios los he visto. El periódico, no te lo dejan en una miserable bolsa de plástico transparente sino en una especial con el nombre del hotel. La carta de almohadas es completísima. Perfecta conexión wifi en todas las estancias del hotel. Cada vez que una camarera entraba a la habitación, reponía toiletries y toallas aunque aún no fuera el momento del turndown. Y en este, no puedo calificarlo de otra manera que perfecto; exactamente igual que comento en mi post anterior sobre este servicio.


Detalle del vestidor y televisión "Ad Notam"



Estancias del Hotel

El Villa Magna tiene varios ascensores por lo que resulta difícil tener que esperar para subir o bajar, algo que sucede a menudo en otros hoteles.


Detalle del pasillo. Magnífica decoración


En la planta principal se encuentra situado el "Lounge" absolutamente diáfano con cómodos sillones. Poblado de mármol y de obras de arte, quizá puedes tener la sensación de poca intimidad. Pero como ya saben, la intimidad, no sólo se consigue con paredes y puertas; la que confiere la amplitud de espacios también es recomendable.


Lounge



Posee una terraza que no probé porque no estábamos en temporada. El restaurante "Tse Yang", muy famoso, ya estaba antes de la remodelación, tampoco lo conocí. Es chino o cantonés, y no soy nada aficionado a este tipo de comida. En el "Magnum Bar", puedes deleitarte con cócteles muy bien presentados y con una asesoramiento de primera.


Tampoco probé el "Restaurante Villa Magma", dirigido, según me parece por el galardonado Eneko Atxa, situado también en la planta noble del hotel, debido a que -pueden entenderlo- es muy complicado estar en Madrid y no comer en muchos de los estupendos restaurantes de la ciudad. En este sentido, aunque me meto en terrenos en los que no soy nada experto, recomiendo "Le Cabrera", situado en la trasera del Supremo, muy cerca del hotel. Excelentes cócteles y muy buena comida.

Con un Health Club de la firma "Kiara Kare", sólo le falta una piscina de tratamientos. También posee un club de fitness que, los que me conocen lo saben, ni siquiera visité.

El servicio de conserjería, perteneciente, como no puede ser de otra manera a "Le Clefs d´Or", capitaneado por Ángel Masa, es muy amable y efectivo.

Algunas suites incluyen coche de cortesía durante la estancia, Maserati. Me parece que es el Quattroporte. Pero no soy un gran entendido.

En fin, no quiero extenderme en demasía. Absolutamente un servicio de diez y mis felicitaciones a los dueños. Una vez que la familia japonesa Shirayama vendió, aproximadamente a principios de milenio, el local al grupo portugués Queiroz Pereira, propietarios también del Four Seasons Ritz de Lisboa, el Villamagna emprendió en 2007 una gran reforma hasta mediados de 2009, ya sin la cobertura de Hyatt.

Check-out

La tardanza en la entrada se vio compensada con la rapidez de la salida. Con mucha amabilidad y premura nos prepararon la partida. Muy buena coordinación entre recepción, mozo, portero y aparcacoches. No tuvimos que esperar más de un minuto a que apareciera el vehículo. La factura estaba en orden y, ya camino de vuelta, mi acompañante y yo llegamos a la conclusión de que es difícil volver a Madrid y no hospedarse en el Hotel Villa Magna.

jueves, 13 de enero de 2011

Hotel Sacher Salzburg. (Salzburgo)











Web
Posiblemente sea lo menos bueno del Hotel Sacher Salzburg. Compartida, con la de su hermano -vamos a llamarlo mayor- de Viena, sólo me gusta la facilidad con la que podemos consultar precio y disponibilidad; o hacer reserva si lo queremos, a través de "fastbooking". Por lo demás, muy enrevesada, fotos y textos mal ubicados, colores raros. En fin, no atrae para lo que verdaderamente es el hotel Sacher Salzburg. Como suele ser habitual en mí, no reservé directamente a través de la web sino utilizando la central de reservas "The Leading Hotels of the World", a la que pertenece el Sacher.
Reservé dos noches con una tarifa especial "Sacher and the City", la cual incluía, aparte de impuestos y tasas, el desayuno bufé. Muy atractiva, la verdad, para los precios un tanto disparados de este hotel. Reservé una "superior room" que sufrió un amable "upgrade" por ser socio de "The Leaders Club".

Llegada al hotel y Check-in
Mi acompañante y yo nos desplazamos a la hermosa ciudad de Salzburgo en tren desde Munich. En hora y media, disfrutando de un hermoso paisaje nevado, se cubre el trayecto. Munich posee una oferta de vuelos desde España muy grande; también Air Berlín viaja directamente a Salzburgo desde nuestro país, pero con menor frecuencia. Además, así puedes matar dos pájaros de un tiro.
La estación de ferrocarril de Salzburgo se encontraba en obras y parecía la de Maputo por lo incómodo que nos resultó salir de la misma y coger un taxi. Una vez dentro, en escasos cinco minutos llegábamos al hotel.

Fachada de la entrada principal al hotel
El Sacher está situado muy céntrico, a orillas del río Salzach; a un puente -y nunca mejor dicho puesto que sólo hay que cruzarlo- de la parte antigua de la ciudad. Se agradece esa cierta lejanía (no más de cinco minutos andando) del bullicio turístico -casi siempre barato- de Salzburgo.

Fachada trasera, preciosa, del hotel en la margen del Salzchar

Como debe ser, un portero nos ayudó a salir del taxi, nos recogieron el equipaje y nos acompañaron a Recepción. En él se encontraba Gerhard Reinisch; el mejor conserje con el que me he encontrado nunca. Él mismo, con una amabilidad y un trato exquisitos, nos hizo el check-in.

Hall de entrada, recepción al fondo, entrada al hotel a mano derecha. Al fondo a la izquierda, se prolonga otro mostrador

Mis lectores asiduos, conocerán mi -cierta manía- a querer siempre separar el mostrador de recepción del Concierge. En el Sacher Salzburg lo han solucionado a la perfección. Me explico. Si soy partidario de tal separación, no es tanto por el check-in sino por el check-out. Aquí, este último, se hace en un mostrador trasero, apartado del tránsito, sin que me tenga que ver la señora de rizos de turno cómo saco billetes si pago en cash.
Dicho esto, el señor Reinisch llamó a una relaciones públicas que nos acompañó a nuestra habitación, preciosa, con vistas al río Salzach.

Habitación

Decorada con muebles antiguos y unos grabados valiosos, en una primera instancia se encontraba el baño. Seguidamente, la alcoba con cama de matrimonio, un escritorio con silla, una butaca de acompañante muy cómoda. La lámpara, de araña, antigua, lucía en el techo de aproximadamente tres metros de altura. Hasta mi amiga la moqueta parecía digna en estas circunstancias, cubriendo un algo ruidoso suelo de madera. Como notas, siempre comunes cuando viajo a países nórdicos, era imposible conseguir oscuridad con la cortina opaca de la ventana. Además, es detestable la manía de no hacer la cama sino situar los edredones nórdicos doblados encima de ella. Ni siquiera en el turn-down los abren. Pero todo ello, no es una nota negativa de servicio del hotel sino una costumbre y hay que respetarla.
El baño, aunque no era muy grande, estaba totalmente equipado. La bañera muy cómoda y accesible, muy bien iluminado y con toiletries de chocolate "Time of Chocolate" fabricadas en exclusiva para el Sacher, no sólo el de Salzburgo sino también el de Viena. Muy bien nutrido todo, también de toallas. Como nota a mejorar, el albornoz y, sobre todo las zapatillas, eran de un tamaño tan enano que a mi acompañante que gasta un 36 de pié casi no le entraban. De todas formas, como uso las mías no quise molestar al servicio de habitaciones para que me proporcionaran otras más grandes. Por cierto, wifi inalámbrico gratuito en todas las estancias del hotel, incluidas las habitaciones. Hoy en día, este servicio debería ser así en todos los hoteles de lujo. Quién no utiliza ya un iphone o blackberry.

Bares y Restaurantes
El Sacher no es pequeño pero no es un hotel muy grande, de hecho, cuenta con 113 habitaciones. Lo que tiene aprovechado al máximo son los espacios para crear y diferenciar múltiples estancias.
En el "Roter Salón" se desayuna un espléndido desayuno tipo buffé con una pequeña carta -sobre todo de huevos-. El zumo de naranja no lo encontré excesivamente natural pero el resto, excelente. Buen café, buen queso, salmón, champán, nutrida repostería y, sobre todo, muy buen servicio. Un tanto estrecho el lugar para servirse del buffé pero se subsana con una sonrisa y buena educación por parte de los comensales. Las mesas, un tanto juntas pero cómodas y suficientemente grandes. Me ponen nervioso esas mesas de desayuno que no puedes ni moverte debido a la gran profusión de elementos que soporta, inversamente proporcional a la superficie de la misma.

Roter Salon

El restaurante "Zirbelzimmer" es el principal del hotel. Digamos que es el "dinning romm" del mismo. Con un artesonado en madera noble y muy bien decorado aunque un tanto "trasnochado", no llegué a probarlo. No soy fan de la comida austriaca aunque en el menú, principalmente, resaltaban platos de cocina internacional.
Si me decanté una noche por el "Salzachgrill" un restaurante en el extremo del edificio del hotel, decorado rústicamente donde saboreé una hamburguesa. Sin más en lo referente a comida pero muy agradable el ambiente y a precios atractivos.

Salzachgrill

Adyacente al anterior, se encuentra el "Sacher Café" con mesas pequeñitas y poca separación entre clientes, posee una gran variedad de platos rápidos y dulces. Entre ellos probé la famosa "tarta Sacher", hablamos, como no, de la original. Parecía un bizcocho seco que solamente entraba por el gaznate acompañado de crema chantillí. La verdad, en cualquier pastelería de Socuellamos la puedes probar mejor. Pero, eso sí, no será la originaria.

Sacher Café

Por último, qué puedo decir del "Piano Bar". Soy un amante de estas estancias de hotel cuando se cuida la comodidad, el ambiente y el servicio. Con piano en directo todo el tiempo de mi consumición; digo esto porque hay pianistas que se pasan más tiempo en el bar que en el piano, disfrutamos en sus maravillosos sillones de una agradable tertulia. Qué pena que se viera un tanto enturbiada con mi gin-tonic. Días antes me había sucedido lo mismo en Munich, en el hotel Kempiski, del que hablaré en otra entrada posterior. Me encanta esta bebida y, de las ocho millones trescientas cincuenta y dos mil ginebras que desde hace tres o cuatro años se comercializan (antes no superaban la docena y me quedo largo), me quedo con Tanqueray Number Ten. Con las tónicas sucede lo mismo. De no haber más de dos, ahora la gama es inabarcable. Me quedo con Schweppes. Pues bien, al atento barman le pido mi deseo y me trae un vaso de tubo mas estrecho y bajo que uno de licor, donde no cabía entero el quinto de tónica. Me gusta más el gin-tonic en vaso que en copa pero hay que mejorar el recipiente de ese combinado. Así lo hice saber en mi partida.

Barra del Piano Bar


Estancias y detalles del hotel
Aparte de lo comentado, debo mencionar el sistema de apertura de puerta automático que tiene el hotel. Cómodo y elegante al mismo tiempo.
Con una arquitectura peculiar al lado del puente, Staatsbrücke, el arquitecto Carl Freiherr von Schwarz construyó este impresionante hotel entre 1863 y 1866 llamado Österreichischer Hof. Fue ya en 1988, cuando la familia Gürtler compró el famoso hotel que hoy conocemos como Sacher.


Antiguo Österreichischer Hof






Techo acristalado, pasillos y escaleras del hotel. Todo a la vista



Detalles como el que tuvo el señor Reinisch son muy importantes. Al preguntarle por un ordenador para sacar unas tarjetas de embarque, nos abrió una sala con el mismo y una impresora para hacerlo. Antes se ofreció el mismo para el servicio. Y no hubo coste alguno. Además, el ordenador y la impresora funcionaban correctamente. En algunos hoteles hay que introducir tantas contraseñas y chorradas varias que es preferible no hacer nada.
Aparte del "upgrade" que sufrimos por ser miembro de "The Leaders Club" y, lógicamente, haber realizado la reserva a través de su central de reservas, nos amenizaron con más tarta Sacher en un estupendo estuche que acabé de degustar con unos amigos y mi acompañante ya en España.
El "turndown" excelente. Precisamente nos encontrábamos en la habitación en ese momento y ni siquiera entró la camarera. Nos dejó un mensaje escrito donde reflejaba tal circunstancia. Al salir mi acompañante y yo de la misma, llamamos para que lo realizaran. Reposición de toiletries, toallas, agua, bombones; lo correcto, lo que debe ser y se espera de un hotel como el Sacher.
También debo agradecer al conserje del hotel su recomendación de visitar Hellbrunn, un impresionante palacio barroco que en Adviento y Navidad alberga un mercadillo precioso. Son famosos sus juegos de agua pero con tiempo más caluroso. Nosotros disfrutamos de un paisaje totalmente nevado y una caminata agradabilísima que conduce hasta el zoo.

Vista aerea de Hellbrunn sin nieve ni hielo. En él se rodaron secuencias de "The Sound of Music"

Mucho menos agradable pero no por ello fea, es la ciudad antigua de Salzburgo. Con los mejores y más poblados mercadillos navideños que he visto nunca, parece una ciudad de cuento. De hadas en muchas ocasiones pero de brujas a veces. Ni en el mes de agosto en la ciudad de Capri he visto a tanto turista de los que denomino "sin rumbo" vagar por sus calles. Hay que decir también, en justicia, que Salzburgo es muy pequeña.
En la ciudad no hay ningún restaurante que merezca la pena. Así que no intente buscar la panacea, perderá el tiempo.
El hotel cuenta con unas cabinas para tratamientos de spa pero no posee piscina. 
Un Spa con piscina de terapia sería la guinda para una tarta como Sacher.

Check-out
Como he apuntado al principio, me encantó el detalle de un mostrador trasero para poder proceder al pago antes de dejar el hotel. Todo estaba preparado, sin ninguna contradicción en la factura. Mientras el botones se encargaba de depositar las maletas en el taxi, rumbo de nuevo a la estación de ferrocarril, Gerhard Reinisch, se despedía de nosotros con una cordialidad aún mayor que la que nos demostró a nuestra llegada. Sin duda, el Sacher, un hotel muy recomendable al que espero volver cuando me surja otra posibilidad.

martes, 22 de junio de 2010

The Aleph, Roma




Web
"The Aleph" es un establecimiento perteneciente a la cadena hotelera "Boscolo Hotels", por tanto, comparte diseño con el resto de los hoteles miembros. Sin duda, la galería fotográfica es espléndida, el sistema de reservas muy sencillo y accesible, propiedad de la cadena. Como puntos a mejorar, su diseño, un tanto abigarrado no permite llegar a la información que queremos con la facilidad que se desea. Se echa en falta un poco más de profundidad en los textos explicativos, opción que desde la dirección solventan con una calidad fotográfica envidiable.
Que yo conozca, no tiene acuerdo con ninguna central de reservas hotelera internacional por lo que en mi visita, procedí a realizar la reserva directamente a través de su web. Esta vez opté por una "Doble Deluxe" con desayuno por el tiempo de tres noches.



Imagen de la fachada exterior del hotel.


Check-in
Roma es una ciudad con muy buena oferta hotelera de lujo. "Boscolo Hotels" cuenta en la ciudad eterna con dos sedes, la que nos ocupa, muy cerca de la "Vía Venetto" en la Rua di San Basilio; la otra es el "Exedra", cerca de "Piazza Venecia".
Mi acompañante y yo llegamos al aeropuerto de Ciampino bien entrada la tarde. Un taxi nos condujo directamente al hotel, unos 30 minutos duró el trayecto, aproximadamente. "The Aleph" ganó el Mejor Diseño Interior de Hotel en Europa en el 2004 (Premios Villegiature) y la revista "Travel and Leisure" lo introdujo en el Top 25 de sus hoteles ese año. Por tanto, el hotel nació -como se dice vulgarmente- con buen sello. Su arquitecto, Adam D. Tihany, pretende con la remodelación de un edificio antiguo, conducirnos al impresionante mundo de la "Divina Comedia" de Dante. Cielo e Infierno, comparten espacio con sus correspondientes colores en todas las estancias del hotel.
La recepción, en rojo y negro, presidida por dos guerreros japoneses, perfectamente ataviados, (tan así que dan miedo) queda justo a la derecha de la entrada principal. Con un mostrador pequeño, obtuvimos un "check-in" rápido y eficaz, estábamos cansados. Eso sí,  ningún mozo nos esperaba a la salida del taxi para ayudarnos con el equipaje. Fue un fallo. Tampoco nadie nos acompañó hasta la habitación. Quizá noté cierto nerviosismo en el personal del hotel en esos momentos. Seguramente estarían llenos.




 Detalle del guerrero japonés que parece que te va a atizar con el palo. La recepción, al fondo.


La habitación
Sin ser muy grande, no superaba los 23-25 metros cuadrados, tengo que expresar mi satisfacción. Con una decoración absolutamente cuidada y original, la combinación de colores era exquisita. Apliques de luz de color púrpura combinaban con éxito con murales fotográficos en blanco y negro del antiguo egipto o de la Gran Manzana neoyorquina. El baño estaba situado en un segundo nivel dos escalones arriba y la bañera quedaba al mismo nivel de la habitación, por lo que parecía excavada como si fuera una piscina. El acceso no era difícil, es decir, no te jugabas la vida para ducharte como me ha ocurrido en otros hoteles. Los productos de baño de fabricación propia muy buenos en envases de tubo color rojo pasión (su fragancia era acorde al envase). Ciertamente un baño que merece la pena ser visto y usado. La habitación con cama tipo "queen", muy cómoda, mezcla de pop con neo-clásico. Cortinas opacas que consiguen total oscuridad. Como siempre sucede, la maldita moqueta, una vez más amenazaba mis pies constantemente. Buen acierto en las zapatillas color azul con el emblema del hotel grabado para conseguir aislar las miríadas de ácaros.

El hotel
Aconsejo, sin duda, este hotel para los amantes del diseño tanto en arquitectura como en mobiliario. Los dados suspendidos en el patio interior, impresionan. Hasta los ascensores están decorados de vinilos de emblemáticos actores y directores italianos. Como decía al principio, se ha pretendido adentrar al huésped en el cielo y el infierno dantesco. No soy muy partidario de esos "juegos" decorativos. Lo que está bien, está bien y lo que está mal, está mal. Y déjese usted de tonterías de si en esta esquina parece que estoy hablando con Virgilio o si la iluminación de este "lounge" refleja la estancia del mismísimo Infierno. Si así fuera, no creo que el hotel tuviera buena crítica.


Complejo artístico formado por dos dados suspendidos en el patio interior del hotel.



El restaurante "Maremoto", es el único del hotel y donde se sirve el desayuno. Decorado en tonos rojos, mesas rojas, sillas rojas. No quise probarlo ya que el desayuno me decepcionó tanto que no quise experimentar más. Ya saben, los experimentos... con gaseosa. Nunca he estado en un hotel con un desayuno tan escaso y deficiente. Sin duda, es en este punto donde la dirección del hotel debe hacer más hincapié. Por supuesto, el zumo de naranja era de tetrabrik, el único queso que encontré eran de esas porciones tipo "el caserío". No exagero si afirmo que el plato estrella del desayuno era el jamón york. La bollería grasientamente industrial; de esa que vas repitiendo toda la mañana acordándote de algún pariente del camarero -y eso que ambos no tienen ninguna culpa. No veo distinción entre este desayuno y otro de un mal motel de carretera o de un albergue de peregrinos. Quizá la diferencia estribaba en que en este podías tomarte los quesitos que quisieras, en los otros te administran hasta donde puedes comer y, si quieres repetir tostada, no te dejan.

El "Wine Bar Dionisio" y el "Angelo Lounge Bar", accesorios al restaurante, son sede de ese tipo de gente que se autodenomina "cool" o "gente guapa". No entiendo bien ese tipo de términos o catalogaciones. Eso sí, en ellos pudimos disfrutar de muy buenos mojitos y "bloody-marys", asientos cómodos y muy buen servicio. Aunque creo que ya ha pasado un poco, sigue siendo punto de encuentro de romanos después o antes de cenar. Ya saben, las modas siempre pasan.
Si las condiciones climatológicas lo permiten, tómense el cóctel en la terraza abierta de la azotea del hotel. Tiene unas vistas maravillosas.



Bonita terraza con vistas del hotel.


Hoy en día parece que un hotel sin Spa pierde la categoría de hotel. Y no entiendo porqué. El de "The Aleph" es muy coqueto aunque el espacio es hiperreducido. Suficiente para sofocar el calor romano del ferragosto después de un día de turismo. No esperen un templo de la belleza y del bienestar, cascadas de chorro, tratamientos ayurvédicos, pediluvios y zarandajas varias.


Detalle de la piscina del spa. Pequeña pero coqueta.



La localización no es mala pero Roma es tan grande como eterna y, al final, tiras de taxi. Si usted quiere algo más céntrico (por llamarlo de alguna manera), ponga el eje de búsqueda en la "Piazza Spagna". Aún así, tenías boca de metro a dos minutos andando, en Barberini.

Check-out
Muy atento el servicio en todo momento, y eso que sabían que era español. Se agradece. En la factura, todo correcto. Eso sí, no quise coger otra vez el taxi de vuelta a Ciampino sin exhortar, con la educación que me impregna, de la no realización del "turn-down". Me comentaron que tomaron nota para que no vuelva a suceder. Este con el fantasmagórico desayuno, fueron los fallos a mejorar durante mi fabulosa estancia en la ciudad de las siete colinas.