¿Qué pretende este blog?


Mi blog pretende realizar una crítica, lo más completa posible, de los principales hoteles europeos, así como proporcionar instrucciones y usos de protocolo y buenas maneras tanto a los profesionales del sector como a los huéspedes de los establecimientos. Como se observa, todo está basado en la independencia que me caracteriza, no perteneciendo a ninguna empresa relacionada con este mundo. Soy un consultor independiente. Personalmente he visitado cada uno de los locales de los que hablo en este blog.
Es mi capricho, del que llevo disfrutando varios años y quiero poner mis conocimientos y opiniones a disposición de todo aquel que quiera leerlos.
La idea surgió al no encontrar nada en la red - ni siquiera en inglés - sobre auténticas críticas de hoteles, al margen de comentarios de clientes enfadados que "cuelgan" sus quejas en distintas webs como un simple "derecho al pataleo" sin intento alguno de asesorar, construir o mejorar.
Muchas gracias por vuestra atención y colaboración.

Mostrando entradas con la etiqueta las preguntas prohidas. Mostrar todas las entradas
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viernes, 17 de junio de 2011

El minibar de una habitación de hotel. Un mundo por descubrir




Álvaro S. en un reciente comentario me sugirió que escribiera sobre el minibar de una habitación de hotel. En primer lugar, agradezco a los que me leéis dichas recomendaciones, peticiones o sugerencias porque uno ni tiene tiempo ni dinero para ir cada semana cuatro días a un hotel para luego hacer la crítica; ni tampoco una imaginación de cuento de hadas -y eso que la mía es muy calenturienta- para hacer un buen post sobre un tema relacionado con los hoteles cada semana. Así que, por favor, no os cortéis a la hora de escribirme. Pedid y se os dará; y también se os agradecerá.

Bien, dicho esto, ya he hablado algo de los minibares en otras entradas del blog como "las amenities que están de más y las que no deben faltar" y "Las preguntas prohibidas". Se trata, pues, de recopilar lo dicho hasta ahora y de ampliar toda la información para hacernos una visión lo más completa posible de este elemento que no dejará jamás de sorprenderme, como es el minibar.

Partimos de la base de que, para la gran mayoría de mortales, el minibar es un accesorio endiablado al que no hay que acercarse, siquiera. Sí, seamos sinceros. Cuántas veces hemos entrado en una habitación, nos hemos puesto a mirar todo, a sacar punta a cualquier aspecto de la habitación o del baño y, cuando nos topamos con el minibar, una voz, casi siempre femenina, dice. ¡No lo toques! Sí, lo reconozco, el minibar suele tener una tarifa de precios que, en ocasiones, hace que se lleguen a caer las pestañas. Sigamos siendo sinceros, cuántas veces nos hemos quedado embobados mirando esas botellitas de licor tan bien puestas, ese paquetito de frutos secos que dice cómeme, ese benjamín de champán que parece que tiene tu nombre.... esa, en definitiva, cara de espanto cuando ves la lista de precios y te cagas en todo.

Pero ni calvo, ni con siete pelucas. Si bien, no se trata de fusilar hasta el zumo de tomate del minibar, como si en nuestra vida hubiésemos estado en una cafetería, tampoco se trata de ser un auténtico rácano y jamás usar nada del mismo si nos apetece.
Haga usted examen. ¿Cuántas veces ha respondido a la maldita pregunta del check-out de recepción ¿Tiene usted algo de minibar, con un sí? Digo maldita porque detesto que me la hagan. A nadie le interesa si soy un bebedor compulsivo de ron; y en recepción siempre suele haber mucho tránsito de personas. Siguiendo con lo nuestro, ¿Cuántas veces hemos dicho sí? Si es ninguna y sí nos apetece, pues ya va siendo hora de estrenarse.

Pero claro, ahora llegan los inconvenientes logísticos.

Puede suceder que el minibar sea inteligente, es decir, que tenga una memoria informática conectada directamente con recepción. Si queremos sacar la fanta naranja para hacer hueco al biberón del nene, automáticamente salta un chip como si hubiéramos consumido la fanta. Esto siempre me ha parecido una falta de educación grave de los hoteles para con los huéspedes. Ahora bien, comprendo que hay cierto tipo de clientes de hotel que cual mochileros insaciables, se llevan de viaje la mortadela, la tortilla de patatas, las latas de atún barato, el nescafé. En fín, que llegan a utilizar el minibar como si fuera el frigorífico de su casa y el próximo cliente que entra a la habitación se encuentra con un pestizamen a chorizo que no le deja dormir en toda la noche. Por esta razón, creo que algún ingeniero aburrido inventó dicho minibar inteligente. Aún con todo, estoy en contra de ellos.

También puede ocurrir que el minibar se parezca a la central termodinámica de Móstoles por el puñetero ruido que hace que no te deja pegar ojo; o lo que es peor, el minibar tipo Sputnik que de lo que se mueve, parece que va a despegar en cualquier momento. El minibar debe ser revisado por el hotel de vez en cuando, y no me refiero sólo a la reposición de su contenido, que muchas veces, de no usarse está caducado.

El agua de cortesía que todos los hoteles deberían depositar encima de la mesita de noche en el servicio de turndown, es una amenidad gratuita del hotel; no es consumición de minibar. Por cierto, ante esto debo decir que muchos hoteles sólo dejan el agua la primera noche. Muy mal. Hay que reponerla cada día; racanear con el agua me parece una grosería impropia de un hotel de lujo.

Si en su habitación, cerca del minibar, descubre una cubitera vacía, no es para que se la eche a la maleta; es para pedir que le repongan hielo cuando lo desee llamando al servicio de habitaciones. El sacacorchos y el abrebotellas tampoco están para aumentar el menaje de nuestro hogar.

Antes comentaba que odiaba que me hicieran la pregunta de si había consumido algo de minibar en el checkout. Lo correcto en este caso es tener un servicio de habitaciones muy bien dirigido. En el momento de la salida, una camarera entra y echa un vistazo. Ella comunicará a recepción si hemos consumido algo de minibar o no. Si no es así, se entrega la cartulina en recepción marcando nuestras consumiciones antes de que el intrépido recepcionista nos haga la pregunta.

En algunos hoteles, hoy en día, se está ofreciendo el minibar de cortesía. Ello no me parece mal. Pero si se hace así debe quedar claro que, el minibar es de cortesía y, aparte de reflejarlo en nuestra reserva, nos lo recordarán en recepción a la hora del check-in. Si el minibar es de cortesía es cicatero que sólo sea el primer día; uno paga la misma tarifa de habitación cada día que se hospeda en un hotel. Y, si el minibar es, de verdad, de cortesía, no se puede dejar dentro sólo un zumo rastrero de melocotón, otro de néctar de naranja, un agua en botella de plástico, una pepsi y dos chuminadas más. No digo que haya que poner güisqui escocés pero dice mucho en detrimento de un hotel, aquel que no mantiene los mismos estándares de servicio y calidad para las amenidades que son de pago y las que van incluidas en la tarifa de reserva. Y, además, el plástico es un material que debe estar prohibido en cualquier hotel que pretenda catalogarse de lujo.

lunes, 16 de mayo de 2011

Hotel Westin Valencia









Web.
No me detendré mucho puesto que el diseño es común a los hoteles de la cadena. Como novedad atractiva, quiero hacer mención al nuevo sistema de visita virtual del hotel. Muy recomendable para hacerse una idea de lo que se espera. También hay que anotar la revitalización que Westin le ha concedido a sus webs con las redes sociales.
Por lo demás, una buena y rápida consulta de disponibilidades y reservas de habitación y buena galería de fotos. Procedí a reservar dos habitaciones dobles deluxe a través de la misma web del hotel.

Check-in.
Hay para todos los gustos en referencia a la situación del Westin Valencia. Para algunos, lo consideran un tanto alejado del centro histórico de la ciudad; para otros -en los que me incluyo- alejado del bullicio turístico de camisetas de tirantes y helados de cucurucho pero no separado de la ciudad. En definitiva, justo al otro lado del Turia, cercano al estadio de fútbol de Mestalla, con parada de metro a pocos pasos del hotel. Cómoda y accesible la llegada en vehículo propio, este fue el medio de transporte que elegí para visitar esta vez Valencia.

Fachada principal del hotel


Mi mujer, mi hijo de dos años, mis padres y yo, pasamos un fin de semana aquí ya que es punto más o menos equidistante de nuestros respectivos lugares de residencia. Ellos también llegaron en vehículo propio al hotel.
Nada más parar el coche en la puerta, un botones se acercó a recoger el equipaje y, una vez todo en orden, nos aparcaron el coche. El hotel ocupa un edificio histórico "La Lanera Valenciana".
La entrada al mismo es muy bonita. Con planta circular, presidida en lo alto por una hermosa lámpara de araña que impresiona justo al cruzar la puerta giratoria automática de la entrada. Columnas altísimas flanquean el lobby y el mármol, perfectamente pulido y abrillantado confiere un halo de majestuosidad muy atractivo que, en ningún momento se torna frío ni desangelado.
La recepción está situada justo a la derecha de la entrada. Realizamos un check-in rápido y agradable pero donde se formuló una pregunta prohibida; ¿Cama doble o cama de matrimonio? Sólo la oí yo.

Hall circular de entrada


La habitación.
Las habitaciones, contiguas, eran amplias y luminosas. En hoteles de nueva planta y de categoría tan alta como este no se puede perdonar la cicatería en el espacio de las habitaciones. Con la famosa cama Westin de "Heavenly bed", la verdad, muy cómoda, justo al fin del pequeño pasillo de entrada. Colores marrón pastel decoran el cuarto; un escritorio grande con múltiples enchufes tipo ladrón. Esta es otra característica que hoy en día no se puede perdonar. Ya no sólo necesitamos enchufar la maquinilla eléctrica de afeitar. Ahora, la vida de un ser humano no se desarrolla absolutamente si no es con un Iphone, Ipad, o Blackberry. Todos estos elementos de supervivencia necesitan tomas de enchufe para su recarga. Y no vale ese enchufe situado debajo de la mesita de noche, donde es necesario realizar escorzos "Fidiacos" para llegar a conectarlos.
Bromas -o no tan bromas- aparte, la habitación del Westin Valencia, poseía un espacio aparte con un sofá de dos plazas, una mesa baja y un sillón muy confortable, si bien no tenía ambos ambientes separados por puerta. No olvidemos que era una "doble deluxe", no una "presidential suite". El aire acondicionado funcionaba como me gusta, tipo congelador , si así lo programa el huésped. No podía ser de otra manera en Valencia. La moqueta, limpia y en muy buen estado; los del CSI hubieran encontrado vida en ella pero, como es microscópica, ojos que no ven... .
La habitación de mis progenitores era igual que la mía pero con cama twin.

Habitación Deluxe


El baño, no era tan espacioso, teniendo en cuenta las dimensiones de la habitación. No obstante era correcto, con las famosas toiletries de Westin -la verdad no me gustan mucho-; albornoces y zapatillas, espejo de aumento, dos pozas de lavabo, mampara de vidrio. El blanco lo predominaba todo. Ducha con presión correcta y fácil de manejar, bañera de acceso no peligroso, buenas toallas. Como detalle a mejorar, y ya me ha pasado en otros hoteles, cuando reservas una habitación doble con cuna, se olvidan que el niño también se baña y, por tanto, precisa de secado. Es común, ocurrió aquí, el olvido de un tercer juego de toallas para esa tercera persona que se hospeda en la habitación. Junto a ese juego de toallas, las toiletries deberían ser algo más generosas en cantidad.

Fotos de The Westin Valencia, Valencia
Esta foto de The Westin Valencia es cortesía de TripAdvisor

Por lo demás, realizaron el turn-down, con agua de cortesía sin incordios ni a deshoras, buena insonorización en los cuartos y no detecté ruidos raros ni olores no deseados.

Restaurante y Bares.
Los que me leen asidamente saben que no suelo frecuentar en exceso los restaurantes de los hoteles salvo que merezca suficientemente la pena o no me quede otro remedio para alimentarme y no fallecer de inanición. Además, viajaba en familia y apetecía salir del hotel a disfrutar del fabuloso clima de la ciudad del Turia. Para no errar en mis decisiones de restaurantes, le pedí consejo a mis amigos de Rincones Secretos. Monthy, muy amable y dando en el clavo, me recomendó Casa Roberto (prometo que su arroz es mucho mejor que su web). Degustamos un arroz abanda y una paella como hacía mucho tiempo que no probaba. Muchas gracias, Monthy.
Respecto a los restaurantes del hotel, el "Rosmarino" siempre estaba lleno. Lo digo no porque soy un curioso empedernido sino porque, por la noche, de vuelta al hotel, entraba por la puerta del restaurante (una trasera) y podía echar un vistazo disimulado. El menú era normal (para mí, claro) y con precios no muy elevados.

Restaurante Rosmarino


El "Gourmet Restaurant", no lo probé tampoco pero la lectura de su menú, de cocina tipo mediterránea no me desagradó.
Si que me encantó el "H-club", donde mi antecesor y yo degustamos buenos gin-tonic. Butacas y sillones muy amplios y cómodos, música que no hace sangrar los oídos, no sólo por el tipo sino también por el volumen; y un barman muy correcto que te servía la tónica y la ginebra que tú pedías y no la que él quería darte porque sabe mucho del tema. Algún día hablaré del gin-tonic.

H-Club


Mención especial debo hacer al patio interior y al jardín del hotel. Sin dudarlo, es su gran distintivo. Con la sobriedad propia de expertos en jardinería y paisajística, se alza en el corazón del hotel un jardín de corte mediterráneo y valenciano con un toque árabe. Palmeras, azahar, agua, rincones, pueblan este maravilloso espacio donde, además, puedes tomar una copa en su bar "El Jardí".

Jardines del patio interior


La piscina. Caroli Health Club.
Aunque personalmente no lo disfruté, no pude impedir el deseo de conocerlo. Cuando viajas en familia, estos extras son complicados de usar.
La piscina interior, de agua salada ionizada y más de 25 metros de largo, tenía muy buena pinta. Por lo que pude comprobar, el espacio estaba bien nutrido de toallas y los vestuarios, muy bien cuidados.
Ofrece programas y estudios basados en el método "Caroli", una combinación de salud y ejercicio con consulta médica personalizada antes de ningún tratamiento que ya han suscrito hoteles como el Hotel Wellintong, el AC Santo Mauro, Cala di Volpe o Town House Galleria

Piscina interior


Check-out.
Muy rápido y eficaz. Los dos vehículos estaban ya esperando en la entrada. La factura estaba correcta, no hubo que modificar nada. Quizá, como punto a mejorar del personal de recepción, estaría en mejorar el trato personalizado. Me explico. En un hotel de lujo como el Westin Valencia, no basta que el trato sea exquisito; hay que personalizarlo un poco. Es decir, incluir detalles que hagan que el huésped se sienta algo más exclusivo. Recordar el número de la habitación, preguntar con cortesía qué tal nuestra estancia, si el niño se ha encontrado cómodo. Ya me entienden. Pero partiendo de un muy buen servicio, como el recibido en el Westin Valencia.

viernes, 16 de abril de 2010

The Dylan, Amsterdam










Web

The Dylan posee una web con un diseño totalmente original y vanguardista, muy diferente a lo que estamos acostumbrados a ver. Con fondo negro, aporta mucha información del local con numerosas fotos. La reserva de habitación la tiene concertada con "trustinternational.com", no es mi preferida pero qué le vamos a hacer.
El hotel pertenece al grupo "Small Luxury Hotels of the World". Utilicé mi tarjeta de socio para realizar la reserva directamente por teléfono. El trato fue exquisito y pude hablar en español. Reservé una habitación "luxury double room" por dos noches. Por motivos personales, en la reserva solicité un "late check-out" hasta las cinco de la tarde.
Como puntos a mejorar, toda la información de la web está un tanto "abigarrada" y se agradecería un poco más de orden y facilidad para conseguir lo que se busca. Muy elocuente el apartado donde se presenta todo su "Staff".

Aspectos Generales
The Dylan es un hotel "boutique", de hecho fue el primero de Europa en denominarse así. Hoy en día pululan por todas las ciudades este tipo de hoteles y la mayoría no son más que "quiero y no puedo" maquillados con un diseño peculiar. Sin embargo, The Dylan, se está abriendo hueco en el panorama de los hoteles de lujo de Europa siendo un hotel "boutique". Como veremos, aún hay que limar asperezas, pero lo intentan. Tengo que aclarar que en mi visita a Amsterdam quise reservar en el Intercontinental Amstel o en el Hotel de l´Europe pero el primero estaba completo y el segundo en reformas. Lector, si decides visitar Amsterdam, no busques más. Solo estos tres hoteles merecen la pena. Es una ciudad con no muy buenos hoteles y muy caros en relación a su servicio y comodidad. Además, Amsterdam, huele a canuto desde que te bajas del avión y sus zonas céntricas están plagadas de turismo barato, de espeluznantes "coffe shop" de ruido y de insufrible olor a porro. Huye de la plaza Dam, de la Estación Central y del Barrio Rojo y céntrate en un barrio residencial en el margen de un canal como están situados estos tres hoteles que te recomiendo; quizá el Intercontinental queda un poco a desmano.
La cadena hotelera española NH ha realizado un desembarco en Amsterdam que ríete tú del de Normandía. Con más de una docena de hoteles repartidos por toda la ciudad, no puedo recomendar ninguno. Pero sigamos centrándonos en el hotel que nos ocupa.

Check-in
A las dos de la tarde, media hora después de haberlo cogido en el aeropuerto de Schiphol, nos dejaba el taxi en la puerta del hotel. Sensación agradable. Es un edificio antiguo con varias casas comunicadas, sus inicios datan del siglo XVII. En el XVIII se quemó por completo y fue vendido a una asociación de caridad de la Iglesia Católica, la cual conservó la propiedad hasta 1999, año en el que se inaugura The Dylan. Después de pasar por un porche empedrado, entras al hotel a través de una gran puerta de madera. La recepción, a la derecha, se hace como debe ser, sentado. Detesto tener que estar de pié en esos momentos. A mi acompañante y a mí nos ofrecieron agua con limón y, primer fallo, la habitación aún no estaba disponible. Lo solventaron rápidamente puesto que en cinco minutos, mientras hablábamos con el "concierge" para varias reservas en restaurantes, el botones ya nos estaba acompañando al cuarto.
El acceso es un tanto complicado puesto que, como decía antes, son varias casas antiguas comunicadas. Aunque hay ascensor, tienes que subir y bajar ciertos escalones, no más de seis, y siempre mirar hacia abajo por si nos asoma algún desnivel que hay que solventar.
Por fin llegamos a la habitación. No suelo hacerlo en mis escritos pero esta vez voy a dar su número. Era la 21.

Con vistas al patio central del hotel, era tipo "loft", suficientemente amplia ocupando toda la buhardilla del edificio. Absolutamente de color blanco, combinaba muy bien con el "beige" de las paredes. La cama sin cabecero estaba vestida con edredón nórdico también en blanco. Tres ventanas daban al patio central, la televisión era de plasma, equipo de sonido "Bose". Mesa de escritorio, dos sillones muy cómodos enfrente del televisor y una calefacción central que inmediatamente ordené que la apagaran, algo que no fue posible del todo. En el mismo "loft" se encontraba el lavabo de gustoso diseño en piedra con grifería de cascada. Primer inconveniente, no tenía espejo enfrente y tuve que afeitarme utilizando el espejo de aumento. Sufrí algún percance con la maquinilla. El diseño no puede vencer la comodidad por mucho que nos pese y menos en un hotel. No es concebible un lavabo sin espejo.

En una pequeña sala contigua se encontraba el inodoro de los de cadena -son odiosos- y la bañera enfrente, separada -aquí sí- por un espejo de cuerpo entero. La bañera, grande, poseía un acceso arriesgado. Tenía que ayudar a mi acompañante y viceversa para poder acceder y salir de la misma sin lesionarnos ya que solo tenía entrada por su lado más estrecho, el resto era pared. Otro inconveniente del diseño por el diseño. Las "toiletries" eran de "Zenology", firma holandesa la cual no conocía. Gel de ducha, champú, acondicionador de cabello y "body milk". Me gustaron mucho; las dos primeras. El resto jamás utilizo.

Los armarios no eran empotrados al estar en una buhardilla. Eran antiguos restaurados pero un tanto incómodos sin cajones. El mueble bar bien repleto y el suelo de madera sin la maldita moqueta y, por tanto, sin hongos ni ácaros, se agradece. Por último, una orquídea lucía como decoración junto a varios jarrones de porcelana blanca.

El Hotel
Como creo que ha quedado claro no soy un gran defensor de los hoteles "boutique" a excepción de algunos. The Dylan intenta combinar la exclusividad de este tipo de hoteles con el servicio y el cuidado de los pequeños detalles. Aún le falta camino por recorrer pero ponen mucho empeño. Por ejemplo, el "concierge" está a la altura de un gran hotel de los que ya he hablado en mi blog. Con trato divertido y gran educación satisfacieron todos nuestros requerimientos. Apuntan en una cartulina tamaño octavilla cada una de las reservas que, posteriormente, la entregan al cliente.
Justo enfrente del hotel, en el canal de Keizersgracht, se encuentra el embarcadero privado donde, si lo deseas, puedes concertar una cena en el barco del hotel por los preciosos canales de la capital holandesa.
A la entrada hay a disposición de los clientes, bicicletas para ser alquiladas. ¡Cuidado! Amsterdam está plagada de estos vehículos a dos ruedas que tienen más peligro que los automóviles. Los niños neerlandeses ya nacen sabiendo montar en bicicleta y los visitantes torpes como yo tenemos que ir con cuatro ojos caminando para que no nos atropellen. La velocidad que alcanzan es extrema.
El desayuno, tipo "buffet" no es muy amplio pero suficientemente surtido.
El bar "Barbou" ofrece cócteles y, si hace buen tiempo -como fue nuestro caso- puedes disfrutarlo en la terraza fumando un cigarrillo.
En su sala "lounge" puedes hacer un "break" a cualquier hora, aconsejo el rincón de la chimenea.
Por último, el restaurante "Vinkeles", regentado por el famoso chef Dennis Kuipers, es uno de los más conocidos de la capital. Sin duda es el más caro. Aunque ahora recomendaré algunos restaurantes más, "Vinkeles" debe ser tenido en cuenta. No soy un apasionado de la cocina holandesa actual pero la paloma que probé merece la pena.
Como punto muy importante a mejorar en The Dylan está el "turn-down". Más vale no hacer nada que hacerlo mal. Tan solo depositan encima de la mesa una botella de agua (que, por cierto, no desprecinto yo) dos bombones, bajan los estores de las ventanas y descubren la cama. No preparan las zapatillas, no reponen toallas ni "toiletries", en fin, un servicio hecho a la mitad.
La habitación no consigue la oscuridad total y la claridad entra en el cuarto de madrugada. Por último, no hay ningún colgador de toallas ni albornoces teniendo el huésped que ideárselas. Es el precio del diseño.

Check-out
Como hablaba al principio, pedí un "late check-out" a las cinco de la tarde. Como en el "check-in" no me indicaron lo contrario, el día antes lo comenté en recepción. Bien, lo que viene a continuación es la nota negra de mi estancia. Me dijeron que no, pero no por no disponibilidad de la habitación sino porque para ello debía abonar el precio de la noche entera. He estado en muchos hoteles y ninguno, puedo asegurar, ha tenido esta falta de cortesía. Puedo entender que la política del hotel sea no permitir salidas más tarde de lo indicado pero me lo deberían haber hecho saber en mi entrada puesto que en los requerimientos se reflejaba bien claro mi petición. Callé y ya de vuelta protesté a "Small Luxury Hotels" que eran los operadores con los que hice la reserva y, en cierta medida, el grupo que avala dicho hotel.
Salvado este percance, el resto del "check-out" fue muy amable y cortés a la vez que rápido. Todo estaba correcto y, lógicamente, me hicieron la "pregunta prohibida" ¿Ha consumido usted algo del mini-bar?
Mi avión despegaba al día siguiente a las seis de la mañana del aeropuerto de Schiphol. Como me gusta la aventura reservé estancia en Yotel Schiphol, estancia que merece otra entrada posterior aparte.

Antes de terminar este comentario quiero reflejar los restaurantes, aparte de "Vinkeles" que visité en Amsterdam. Primero almorcé en un restaurante italiano que me aconsejaron en el hotel y que intentaré borrar de mi memoria en lo que a gastronomía se refiere. Eso sí, estaba situado enfrente del hotel de l´Europe y las vistas eran preciosas.
Capítulo aparte merece el restaurante De Kas, a las afueras de Amsterdam. El mejor sitio, a mi entender para comer en la capital holandesa. No hay carta y te ofrecen el menú que han preparado ese día. El recinto es un invernadero acristalado, difícil de olvidar.
Como soy un fan del chef inglés Jamie Oliver, visité su local "Fifteen" en el puerto. Ni fu ni fa, las segundas partes nunca fueron buenas. Ni punto de comparación con su casa en Londres.
Por último, mi acompañante, fan de la cocina oriental, me obligó a visitar "Tempo Doeloe" un Indonesio muy famoso en la ciudad donde el "concierge" del hotel tuvo que esmerarse para conseguir mesa. En mi vida he cenado tan mal. Eran unos 25 platos al centro acompañados de arroz en blanco y con curry. Había uno tan picante que estuve cinco minutos llorando, del resto no sé lo que me llevaba a la boca. Un desastre que me costó cien euros. Detesto pagar por una tomadura de pelo. Por cierto, a mi acompañante tampoco le gustó.
Si se es un gastrónomo, merece la pena visitar "Envy" un local donde se cultiva la cocina en miniatura y con personal muy amable. Cocinan a la vista del comensal.


miércoles, 31 de marzo de 2010

Las preguntas prohibidas




Continuando con mis directrices sobre usos, costumbres y maneras de muy buena educación, quisiera centrarme en "las preguntas prohibidas". Tales cuestiones son las que el personal de cualquier hotel, jamás, bajo ninguna circunstancia, debe realizar al cliente. Y si se ve abocado ha hacerla, sólo la hará en la más estricta privacidad. Bien, pasemos a enumerarlas:

1.- ¿Camas separadas o cama de matrimonio? Si me hacen esa pregunta durante mi "check-in" en la recepción de un hotel, no vuelvo más. Es más, si no fuera por mi exquisita educación, en ese momento me iría. ¿Por qué el señor con barba que está haciendo la entrada como yo se debe enterar si duermo en cama matrimonial o separada? ¿Qué privacidad es esa? Si yo tengo 80 años y mi acompañante 25 y a esa pregunta contesto cama de matrimonio, ¿Qué pensaría el señor con barba?¿Por qué el recepcionista me debe hacer pagar -aparte del precio de la habitación- ese mal trago? Pues no, nunca hay que hacer esa pregunta. Por dos motivos. El primero porque es en la reserva donde se especifica el tipo de cama; por tanto ya lo sabe de antemano. Segunda, de ser más que necesario plantear la cuestión, se debe hacer con tanto esmero que sólo la persona que realiza el "check-in" se entere, ni siquiera su acompañante si es que están juntos en ese momento. Lógicamente, el señor de barba seguirá sin conocer mis intimidades.

2.- ¿Han consumido algo del mini-bar? Desgraciadamente es la pregunta que más veces me han hecho en un hotel. Siempre tengo la idea de responder: "Pues suba usted y compruébelo". Nunca he contestado así porque es una grosería, pero lo pienso. ¿Por qué el cliente debe llevar la contabilidad de sus consumiciones? Para que el personal de recepción pueda omitir la pregunta, el hotel debe contabilizar a través del servicio de camareras las consumiciones que hemos hecho en el minibar. El último día, en el momento del "check-out", desde recepción se le da un aviso a la camarera de guardia para que lo compruebe un momento mientras a uno lo atienden en recepción. Siguiendo con el ejemplo anterior, el señor de barba (he vuelto a coincidir con él en el "check-out") está escuchando que en mi estancia de tres días he bebido 8 güisquis, 4 ginebras y 3 rones. Por tanto, la idea que ese señor con barba se lleva de mi es que soy un viejo verde lleno de "pasta" que se junta con jovencitas cazafortunas, borracho y que le gusta el "mambo" aunque su físico no esté a la "altura" ni siquiera con la ayuda de la industria farmacéutica. Y la realidad puede ser esa u otra muy diferente. Por ejemplo que yo soy el abuelo de la niña, que ella va a dormir sola en la habitación pues yo vivo en esa ciudad y que a mi nieta le encanta invitar a tomar una copa a sus amigas a la habitación. No juzguéis y no seréis juzgados. Sí, ya sé lo que piensan, el caso dos es de ciencia-ficción. Yo opino de igual manera.

3.- ¿Quiere que le retire el plato? ¿Cómo que si quiero que me retire el plato? Lléveselo inmediatamente y no vuelva a preguntar. Si en el momento del desayuno nos sucede esta tesitura, no preguntaremos, retiraremos y sustituiremos por otro, aunque el desayuno sea "tipo buffet". Sí, han oído bien; lo digo porque es de muy mal gusto dejar la mesa vacía mientras se realiza una comida. Ya he hablado en otras ocasiones sobre esta comida así que me remito a lo anteriormente escrito. Regla de oro: en caso de duda, se retira el plato.

4.- ¿Otra vez por aquí, Sr. Fulánez? Conozco matrimonios que se han roto por esta torpe e innecesaria pregunta de un camarero o recepcionista "quedabien". Si soy un cliente asiduo del hotel, o al de recepción se le queda fotográficamente grabada la foto de la señora que me acompaña o jamás se atreverá a preguntar. El caso real trata sobre este Sr. Fulánez que un mes antes había estado con la secretaria "solucionando unos asuntos" y, un mes más tarde aparece con su mujer. Por favor, personal de un hotel, no hagan jamás esta pregunta.

5.- Sr. Fulánez, ¿Quiere que subamos para realizar el "turn-down" en su habitación? Existen varios mecanismos para comprobar si el cliente ha dejado la habitación por la tarde para poder hacer este servicio; y si no, nos las inventamos. Solo, en el caso de que el cliente no salga de su cuarto, dejaremos de hacer el "turn-down" y nunca lo preguntaremos, por tanto.

6.- ¿Quiere que le reserve una mesa para cenar en nuestro restaurante? Esta pregunta solo está indicada en el supuesto de que conseguir mesa en dicho restaurante sea muy complicado y tenga mucha fama. Si no fuera así, no debemos poner en un aprieto al cliente que quiere cenar en el restaurante de la esquina tranquilamente.

7.- ¿Qué tal ha pasado la noche? Esa pregunta puede llevarse como contestación lo siguiente: Pues con atroces hemorroides, malestar general, la próstata no me dejaba conciliar el sueño y una acidez de estómago de narices por haber cenado en el bar de la esquina. Como pueden comprobar es una pregunta que (para una persona educada) tiene siempre implícita la respuesta; muy bien, gracias. Preguntar por preguntar a un cliente de hotel es de primerizo y no por estar suscitando constantemente el diálogo con el huésped lo estamos haciendo mejor.