¿Qué pretende este blog?


Mi blog pretende realizar una crítica, lo más completa posible, de los principales hoteles europeos, así como proporcionar instrucciones y usos de protocolo y buenas maneras tanto a los profesionales del sector como a los huéspedes de los establecimientos. Como se observa, todo está basado en la independencia que me caracteriza, no perteneciendo a ninguna empresa relacionada con este mundo. Soy un consultor independiente. Personalmente he visitado cada uno de los locales de los que hablo en este blog.
Es mi capricho, del que llevo disfrutando varios años y quiero poner mis conocimientos y opiniones a disposición de todo aquel que quiera leerlos.
La idea surgió al no encontrar nada en la red - ni siquiera en inglés - sobre auténticas críticas de hoteles, al margen de comentarios de clientes enfadados que "cuelgan" sus quejas en distintas webs como un simple "derecho al pataleo" sin intento alguno de asesorar, construir o mejorar.
Muchas gracias por vuestra atención y colaboración.

Mostrando entradas con la etiqueta toiletries. Mostrar todas las entradas
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lunes, 17 de diciembre de 2012

Las "smellies"


"smellies" del Hotel Cipriani. Venecia




Un reciente comentario a mi entrada "Qué son las "amenities" y qué son las "toiletries" me ha llevado a escribir esta entrada. Un lector nos dice lo siguiente:

"A ver, que el origen sea el francés, permitidme que lo ponga en tela de juicio como biligüe que soy pues "aménité" tiene el sentido de amable o "charmant". Sin saber el rigor de la info dada, me parece bastante ajustada la que encuentro en amenities.com.es/que-son/ pero lo cierto es que cuando aparece alguna noticia en los boletines oficiales, se refieren a las amenities como "artículos de acogida" en un sentido amplio. No se han adoptado otros anglicismos de manera oficial como parking, football, etc? La palabra Amenities acabará siendo aceptada por el diccionario pero en cuanto tiempo? Depende supongo de la agilidad de reacción de la Real Academia! Y se referirá a las toiletries, a los objetos de cortesía compelmentarios o a todos los servicios? Menudo galimatías:) Saludos y felicidades.

No soy bilingüe ni mucho menos filólogo pero es cierto que con el anterior post no nos acabamos de aclarar; el primero yo. ¿Cómo zarandajas le llamo al tarrito de gel que me ponen en el baño? ¿Y al champú? ¿Y a esos botecitos absurdos que jamás nadie utiliza de "body lotions" y "hair conditioner"? ¿Y al peine que se le rompen cuatro púas sólo por pasárselo una vez por la perola? ¿Y al calzador de zapatos que robamos a la salida de nuestra estancia? ¿Y a la bolsa con el logo del hotel? ¿Y al papel serigrafiado con el emblema del mismo? ¿Y a la idiotez de estampar también  nuestro nombre en los folios del cartapacio del escritorio? ¿Y a la pastilla de jabón que se te mete entre la alianza y el dedo cuando te la frotas en la mano?

Ciertamente el mundo tiene hoy en día algunos problemas algo más relevantes que éste para solucionar. Pero en este blog se habla de hoteles y aledaños así que es aquí donde -creo- hay que debatirlos.

Intentando razonar mis afirmaciones, podemos decir sin equivocarnos que todos esos objetos de los que hablábamos antes son una cortesía para hacernos más agradable nuestra estancia en un hotel. Eso no lo duda nadie. Sucede que -para entendernos- las "amenities" parecen más destinadas a lo que no está en el baño, dejando para éste último las que sí están dentro de él. Aunque no estaría mal del todo afirmar que todo son "amenities".

Hoy se está utilizando el término "smellies" para referirnos precisamente a los perfumes y aceites de baño. En definitiva, para las "toiletries". De hecho, el "Urban Dictionary", en su segunda acepción, define "smellies" como "A British alternative for bath oils and perfume." Y los frikis de los hoteles como yo, ya lo estamos utilizando en nuestros blogs al referirnos a las amenidades de baño. Ni qué decir tiene que queda muy "british".

Precisamente, Mary Gostellow, en su aconsejable blog ya utiliza este término para referirse a los productos de baño del recientemente abierto o reabierto "Café Royal" en Regent Street de la capital londinesa. Esta vez, "Floris" se ha llevado el gato al agua ". "Penhaligon´s", que como ya saben es mi favorita, no ha podido con ella. De todas formas, ya tienen bastante con el 41 y con el Langham. Que no se quejen.

Espero que haya servido para algo este comentario. Pido disculpas a mis lectores por lo que he tardado en volver a publicar. Aprovecho para desearos a todos unas muy felices navidades y un muy interesante año 2013.


martes, 15 de mayo de 2012

Hotel Ritz. Madrid













Web
Como ya sucede en todos los hoteles de Orient-Express, la web del Hotel Ritz posee el diseño común al resto de la cadena. De fácil navegación, fotos de muy buena calidad y reservas propias. Como punto a mejorar, destacaría que no se puede acceder a una reserva a través de dispositivos móviles tipo iphone o ipad.

Check-in
Mi acompañante y yo llegamos a Madrid, esta vez por Ave desde Barcelona. En dos horas y media te plantas en la capital. Sinceramente, ya no merece la pena -a mi parecer- un avión para este trayecto; eso sí, las tarifas por regla general, son algo más caras para el tren. Quién lo iba a decir hace sólo unos pocos años. Sucede que debes pasar el mal trago, una vez llegado a Atocha, de coger un taxi al Ritz. En el momento que te subes al vehículo y dices al taxista dónde vas, algunos de tus familiares difuntos se revuelven en su tumba, los pobrecitos. Y es que para no más de quinientos metros que separan la estación del hotel, el propietario del vehículo ha estado haciendo un par de horas o tres de cola. Pero no voy a ir tirando por todo el Paseo del Prado con las maletas. Qué le vamos a hacer. Para algo está la bajada de bandera.

Entrada y fachada del hotel


El Ritz se encuentra situado en un precioso entorno de la ciudad, en plena Plaza de la Lealtad, a unos pocos pasos del Museo del Prado y de la Iglesia de San Jerónimo. Aunque el lugar es de indiscutible belleza, nadie puede dudar eso, y de emblemática arquitectura; particularmente no me gusta el enclave. Salvo que visites los museos de Madrid, queda un poco lejos de todo y cerca de casi nada. Yo, como friki de los viajes, soy de los que les gusta Claudio Coello, Ortega y Gasset, Velázquez, coger un metro. Nada de eso está cerca del hotel, sobre todo lo último que tienes que irte a la Puerta de Alcalá para tomarlo.
Pero señores, el Ritz es el Ritz y era una de mis espinas clavadas en Madrid pues, por varios motivos, no había tenido la oportunidad de hincarle el diente. Y hablando de hincamientos, lo que se dice hincar, se hincó. Pero no de la manera que uno esperaba. Me iré explicando.

La llegada al hotel es preciosa. El servicio de portería, de gran experiencia, nos recibió muy afablemente. Mientras uno despachaba el equipaje, el otro nos empujaba la puerta giratoria para acceder al hotel. El hall es fastuoso, como en cualquiera de los tres o cuatro Ritz del mundo. Digo cuatro porque, aparte del de París, Londres y Madrid; Barcelona mantiene opción con El Palace (Antiguo Ritz) del que hablaré pronto. Bien, continuando con lo que nos ocupa, una mesa de cristal con adornos florales de primerísima categoría, es lo primero que te encuentras. A la derecha está el mostrador del Concierge y, a la izquierda, el de Recepción, un poco metido en una habitacioncita.

Cocierge, hall de entrada. Al fondo izquierda, entrada salón de desayunos


Llegamos pronto, no eran más de las once y, es lógico, la habitación estaba por verificarla la gobernanta. Muy amablemente nos invitaron a una bebida en el loby mientras esperamos. No más de quince minutos. Como debe suceder en todo hotel que se precie de estilo tradicional, un pianista a esas horas ya amenizaba el ambiente. El trasiego de políticos, gente famosa, famosilla y de la farándula madrileña era continuo. De hecho, es importante diferenciar los huéspedes del Ritz (la mayoría ingleses y japoneses; casi ningún español) y los que se reúnen en el Ritz a desayunar, a tomar el té, a charlar, a dejarse ver (eso sí son españoles, de los que hablaba antes).

Loby del hotel

Una persona de recepción nos comunicó que ya estaba disponible la habitación. Y aquí viene el primer punto de mejora. Tenía reservada una habitación doble, sencilla. La tarjeta de socio "acces" de The Leading Hotels of the World, aparte del desayuno y del uso gratuito de la wifi, te da la posibilidad de un "upgrade" de habitación, en el caso de que exista disponibilidad. Me repatea que, cuando te dan ese "upgrade", te lo repiten varias veces. Y es de agradecer ese detalle del hotel. Sucede que cuando no lo hay, por los motivos que sea, -como sucedió en este caso-, se callan y no dicen nada. Eso no está bien. La opción que a mi juicio es la más acertada es comentar algo así: "lamento decirle que no es posible ofrecerle un "upgrade" en esta ocasión por estar completos". Ya está. Es absolutamente comprensible para cualquier ser educado y nadie se debiera sentir mal por ese comentario. Si quieres una suite, la pagas y punto.

La habitación
La habitación estaba situada en el punto más lejano desde el ascensor. Había casi que hacer un descanso a mitad de camino para tomar fuerzas y proseguir la ruta. Pero este tema reconozco que tiene sus opiniones contrarias. Hay huéspedes que prefieren esa privacidad que confiere la lejanía. Bien, la entrada a la habitación fue sorprendente, cuanto menos.

El tamaño es el más pequeño en el que he estado nunca en un hotel de lujo. El ambiente era avejentado, que no clásico, con luz amarillenta, dando la sensación de que Alfonso XIII iba a salir del armario -y perdón por la expresión que puede dar lugar a equívoco- para darnos la bienvenida. La cama, de tamaño "queen" y marca Flex era muy cómoda y sus sábanas de muy buen algodón. No obstante, el cabecero daba algo de miedo.

Cama


Justo a los pies de la misma, se disponía, absolutamente huérfana, una butaca, con tapicería indescriptible a juego con dos sillas; la una arrinconada, la otra para poder sentarse enfrente del mínimo escritorio, de madera noble, eso sí. 

Butaca con silla


La moqueta era muy vieja pero bien cuidada. La televisión estaba situada encima de un mueble que no pegaba ni con cola. En el escritorio, como se ve en la foto, estaba el regalo de bienvenida como miembro de The Leaders Club; un pastel de almendra con más celofán que otra cosa y sólo un juego de cubiertos. El agua era de botella de plástico, tipo hostal, situada en las mesillas de noche. Eso sí, eran repuestas en el turn-down. En una había un cargador de iphone un tanto arcaico. 

Escritorio

Mesilla de noche y cargador de iphone con radio-despertador



De los armarios, mejor ni hablar, una especie de cajonera se escondía detrás de la puerta. Al lado, otra puerta con un perchero, una caja fuerte encima de otra cajonera y, encima, unas mantas. El aire acondicionado sólo daba calor, no frío; seguramente no habían conectado el general aún. El sistema de domótica era novedoso para el pasado siglo pero un tanto anticuado para hoy en día.

Interior de armario sin intervención humana

Detalle del otro armario adyacente


Párrafo nuevo merece el cuarto de baño. Absolutamente pequeño con doble lavabo de grifería dorada, de la barata de Roca, necesitaba urgentemente una remodelación. El secador de pelo secaba menos que el soplido de una hormiga. Mi acompañante desistió de tal acción, cuarenta minutos después de estar intentándolo. 

Lavabos

Secador de pelo anclado a la pared alicatada


El enchufe para máquinillas de afeitar parecía el que usó César Ritz en sus inicios y las toiletries, de la gama Quercus de Penhaligon´s se disponían en tarritos de 30 ml. Por los pasillos del hotel me encontré con un carrito que tenia toiletries Acqua di Pama. Imagino que las utilizarán para habitaciones superiores. No obstante, aunque me parece una práctica de muy mal gusto que un hotel utilice toiletries diferentes para diferentes tipos de habitación, yo me quedo con Penhaligon´s.

Toiletries

Enchufe baño


La bañera se lleva la palma. Estrechísima y con la horrible cortinilla. Pero eso no es lo peor. No tenia ducha de mano y sólo te podías duchar por el chorro de arriba. Los que utilizan la ducha de mano, saben apreciar lo dificultoso que es practicar dicha tarea sin ella. Fue de lo único que me quejé en recepción a la salida, no quería montar jaleo a lo maleducado, y la respuesta fué que, si lo hubiera dicho, me habrían puesto una de mano. No sé cómo ni cuando. Yo nunca miro si hay ducha de mano en un hotel hasta que estoy en pelotas dentro de la bañera. Los albornoces muy confortables pero las toallas necesitaban también una remodelación.

Bañera


Los que leen mis críticas de hoteles se darán cuenta que he sido extremadamente exigente con este hotel. Pues, señores, es así. Estamos hablando del Ritz, no del Rice. No es de recibo semejante habitación para nadie, ni siquiera para los de la oferta de Trivago o para los socios de LHW que utilizan la noche de cortesía por recompensa de estadías. No fue este mi caso. 

El hall del Ritz
Sólo por eso, merece la pena visitar el hotel. Es espectacular. A mi juicio, más acogedor que el de Londres. Con un pianista tocando siempre -mañana y tarde-, como debe ser, el servicio es impecable. El centro floral de la mesa de entrada es espectacular.


Detalle floral


La cubertería y cristalería digna del Ritz. El ambiente, aunque de una edad un tanto elevada, estupendo. La puerta giratoria de entrada es durísima. De hecho, mi acompañante no podía empujarla. Cada vez que entrábamos o salíamos del hotel, pasaba ella primero y yo le propinaba un empujón (a la puerta, lógicamente) que me dejó el brazo con agujetas. El hotel, en estas fechas, estaba lleno de japoneses y de ingleses, todos ellos, como decía, de edades muy avanzadas; posiblemente ese sea el motivo por el que nos dieron esa habitación. Pero eso no me importa; esa habitación en el Ritz, no se puede dar ya a nadie.

El desayuno del Ritz
Petado, nunca he asistido a un desayuno con tal cantidad de personas a la vez. Nos situaron en la peor mesa de todas, justo a la entrada del salón. Es tipo buffet, no a la carta, justo en medio de la sala está depositada una mesa con los productos, de muy buena calidad pero poco variados. Hay que hacer juegos malabares para ir zigzagueando hasta el centro salvando obstáculos de camareros, mesas y señoras inglesas obesas llenando sus platos de jamón. La repostería, me hizo gracia, estaba en un carrito aparte, también justo a la entrada de la sala, y tenías que ponerte en cuclillas  para acceder a los donuts y algunos dulces más. Ni qué decir tiene que con la edad avanzada de la mayoría de los huéspedes, las bandejas estaban sin tocar.

El turn-down del Ritz
Muy escueto. Te descubren la cama, te reponen toiletries, agua y colocan la alfombrilla de hilo para salto de cama. En mi caso particular, ni cerraron las cortinas de la habitación que daba a un patio interior. También es cierto que, en espacio tan reducido, poco más podemos hacer. El servicio de camareras, un tanto lento. 25 minutos de espera para una almohada es mucho.

Check-out y salida del hotel
Fue muy rápido y eficaz. Me encantó, eso sí, la recepcionista que, justo enfrente de mí, y con un juego de palabras que no me podía enterar si no fuera porque uno ya sabe ciertas cosas, consultó a gobernanta que estaba haciendo el check-out, si todo quedó ok. Muy bueno el detalle. En ese momento fue cuando hablé del caso de la alcachofa (mi affaire con la ducha de mano). A la salida, el botones ya había depositado las maletas en el taxi, rumbo a Atocha.
 

martes, 20 de diciembre de 2011

Hostal de los Reyes Católicos. Santiago de Compostela









Web
Pocas veces me he encontrado con una web tan enrevesada como la de Paradores. Es complicada para navegar, muy lenta y con un orden muy poco acorde al resto de páginas webs de otros hoteles. En definitiva, bastante deficiente y muy en consonancia con la cadena Paradores de la que -adelanto- no es plato de buen gusto para mí. Procedí a reservar una habitación doble con una cama supletoria para mi hijo durante dos noches. Lógicamente no lo hice desde su web sino por teléfono hablando directamente con reservas del hotel.

Llegada al hotel y check-in
No conozco un hotel de los muchos que he visitado que gocen de una ubicación tan excepcional como el Parador de los Reyes Católicos de Santiago de Compostela. En plena Plaza del Obradoiro, pegado -y hablo esta vez sin retórica- a la Catedral, se levanta gallardo este maravilloso edificio del siglo XV, antiguo Hospital Real para los peregrinos que llegaban al culmen del Camino.

Fachada del Hostal desde la Catedral de Santiago

Considerado, por tanto, como el hotel más antiguo del mundo y dejando aparte su fascinante belleza arquitectónica -tanto interior como exterior-, hoy en día tiene más de viejo que de hotel de lujo pero el carácter que le imprime su arquitectura y su privilegiada situación, le permite no dejar de ser un establecimiento deseado por los amantes de los hoteles de lujo de todo el planeta. Además, viene al pelo para peregrinos holgazanes como yo que no quieren dejar pasar la oportunidad de darle un abrazo al Santo pero sin dar más de veinte o treinta pasos.
  
Llegamos al hotel en nuestro vehículo. Desde la salida de la AP9 hasta su puerta se encuentra perfectamente señalizado por toda la ciudad; si bien es cierto que al final del trayecto debes vencer el respeto que infiere meterte de lleno con el coche en plena Plaza del Obradoiro. Ese último camino está prohibido excepto para los huéspedes del hotel. Sin problema puedes aparcar el coche en la misma puerta. Un botones salió a nuestro encuentro para ayudarnos con el equipaje. Inmediatamente, como suelo hacer siempre que viajo en mi coche, le doy las llaves del mismo para despreocuparme de él durante mi estancia. La entrada al edificio por primera vez es una sensación maravillosa. Un pórtico que quita el hipo y una puerta de doble ala acristalada. La recepción -también el concierge- se encuentran en una estancia justo a la derecha.

Puerta de entrada al hotel


Hall de entrada al hotel. Recepción a la derecha

Dos uniformadas recepcionistas atendían en ese momento el mostrador. Fueron amables durante todo el proceso de check-in pero se les notaba un tanto saturadas y nerviosas. Nos dieron la llave de nuestra habitación; una tradicional con un llavero de hierro de unos cuatro o cinco kilos de peso, de esos que parecen más un arma mortal arrojadiza que un llavero. 

Llave y llavero de la habitación.

Un botones nos acompañó con el equipaje a nuestra alcoba. Durante el paseo pudimos contemplar alguno de los preciosos cuatro claustros, muy bien cuidados. Es necesario que la primera vez te acompañe a la habitación alguien del personal del hotel porque, de no ser así, es fácil perderse por los vericuetos de los claustros.

Uno de los preciosos y cuidados claustros del Hostal

La habitación
El botones, una vez que desplegó el reposa maletas y las depositó encima, recibió correctamente la propina y se marchó. La sensación primera de verte en semejante habitación es difícil de describir. Voy a intentarlo. Los techos no son altos, son himaláyicos, llegando a dar la sensación de frialdad. El suelo es de madera pero más usada que el tubo de escape de la vespa de un jipi. Dar un paso en ese suelo -bastante irregular, por cierto- confería un nivel de decibelios bastante inaceptable. El ruido de la madera al ejercitar presión era muy desagradable, sobre todo a las tres de la mañana levantándote a hacer pipí. Hasta el Abad de la Catedral cercana se despertaba cada vez que mi próstata me indicaba visitar el baño. La cama, dos camas separadas, era con dosel y un cabecero de madera clavado a la pared. La comodidad de la cama era aceptable, no así la supletoria que era un auténtico despide yernos. 

Cama

Los cubrecamas eran como de terciopelo, absolutamente atrapa ácaros, de un color bastante poco atractivo, eso sí, en plena conjunción con el resto de la habitación. El mobiliario de la habitación era el mismo que utilizaron Sus Majestades los Reyes Católicos en sus visitas al antiguo hospital. De hecho, la Reina Isabel, solía encontrármela en algunas ocasiones antes de abrir los armarios; Don Fernando estaba dentro. Con todo, hay que decir que era espaciosa, con un sofá tapizado acorde con el cubrecama, sofá que albergaba el catre supletorio y una mesa tocinera espartana justo enfrente, más rayada que un vinilo de Los Pecos. Las cortinas, como puede observarse eran .... lo siento, no tengo palabras para catalogarlas.

Sofá-Cama con mesa tocinera y cortinas
La misma toma pero con lámparas y tapa de radiador con mecedora

Había también una mecedora no sé si para enanitos o una amenitie especial para niños. Era tan pequeñita que no me cabía ni media nalga. Tomé la foto con la llave encima para que se observe el tamaño lo mejor posible. Tuve suerte de que el peso del llavero no destrozara la minimecedora. 

Mini-mecedora. También se intuye el suelo de madera


El baño
Sin ser absolutamente nada del otro mundo, era bastante correcto para lo que se espera de un buen hotel. Espacioso, con dos estancias separadas; en una lavabos y bañera; en la otra bidé e inodoro. El lavabo ocupaba una mesa corrida de mármol con dos pozas amplias y profundas, como debe ser. No soporto esos lavabos mini-malistas -es decir, pequeños y malos- donde todo salpica por todas partes. La grifería era sosa pero efectiva, de doble mando, un poquito trasnochada. 

Toma general de las dos estancias del baño

Las toiletries eran bastante malas, exclusivas para Paradores, y por lo que he podido observar en otros hoteles de la cadena, un tanto Vip, con aromas de uva o una chorrada parecida. Eché en falta la famosa botellita de agua de colonia de Paradores.

Toiletries

La bañera era accesible y amplia con mampara de vidrio, las toallas de las que secan aunque un tanto usadas de más. Zapatillas y albornoces acompañaban el elenco de toiletries. Los vasos del lavabo estaban protegidos por una especie de condón de plasticurri asqueroso. Detesto que los vasos estén protegidos por plástico como si necesitaran una profilaxis especial. Lo correcto es disponerlos boca arriba, justo antes de que el huésped entre a la habitación. A lo sumo, puedo aceptar unos cubrevasos de papel pero prefiero que no pongan nada. Se debe dar por supuesto que en un gran hotel los vasos están impolutos.
Por lo demás, todo en regla, si es que me dejo algo en el tintero.

Lavabos


Antes de acabar con la habitación, debo hacer mención especial al armario. Ya digo que dentro se encontraba Su Majestad Don Fernando el Católico. Con puertas musicales, es decir, chirriaban al abrir y cerrar, tenían una disposición casi medieval, como para depositar túnicas y capas. A mi juicio, poco eficaces a la hora de ajustar y aprovechar el espacio.
La televisión era, sin dudarlo, junto a mi Smartphone, lo más moderno de la habitación.

Armario


Papelera y mueble del televisor


Bares y Restaurantes
Dado que en mi corta estancia en Santiago de Compostela iba acompañado de mi queridísimo e inquieto niño, sólo nos tomamos un piscolavis en el bar del hotel. Cómodo, con muy buen servicio de camareros. Cuando hace buen tiempo y no llueve, algo excepcional en la capital gallega, aprovechan para montar unas mesas en un claustro para poder fumar tranquilamente y tomarse algo al aire libre. No probé, por tanto, el famoso restaurante Dos Reis ni el más informal Enxebre. Sí que desayuné en el hotel en toda mi estancia. Es una de las cosas que más me gustan de Paradores, sus desayunos. Para los asaltabufets que se ponen hasta arriba porque "es gratis", tienen en este Parador un verdadero templo. Productos españoles de muy buena calidad, tanto dulces como salados a granel. Probé el zumo de naranja, muy natural por cierto. Casi no probé nada de salado, tan sólo un poco de buen jamón y algo de queso. La repostería es muy variada y muy sabrosa. Lo mejor, el pan. Lógicamente, estamos en Galicia. Tan sólo comentar que la sala de desayunos está en un lugar un poco incómodo, teniendo que subir varios escalones. Imagino que  no podrá ser de otra manera. Entiendo que habrá un ascensor para quien lo necesite pero no lo vi indicado.

Consideración final
El Hostal de los Reyes Católicos es, junto con el Hostal de San Marcos en León, los catalogados 5 estrellas GL de la cadena Paradores. Otro día haré la crítica del de León, pero no crean que difiere mucho de la de Santiago. Grandes obras arquitectónicas junto a grandes ideas para su conservación; esa es una de los logros de la empresa antes pública, Paradores. Pero, desde su nacimiento en 1928 hasta nuestros días, se han quedado un poco anclados en el pasado. Aún así, tienen una clientela muy numerosa y fiel que le gusta lo que le dan.
En el caso del de Santiago, resaltar sobre todo su servicio y volver a clamar que no conozco otro enclave más maravilloso para un hotel como este, aún cuando en plena plaza del Obradoiro, los indignados habían acampado, cual feudales, desmereciendo, entre otros, el templo donde se encuentran los restos del Apóstol Santiago.

Check-out
Vuelvo a decir que el servicio del hotel es de primerísima calidad. Muy atento y presto un botones nos recogió el equipaje de la habitación. Mientras procedía a pagar, otro ya había situado el coche en la puerta. Nos disponíamos a pasar unos días de vacaciones en familia en Sanxenxo, lugar que frecuento ya desde hace muchos años, muy a mi pesar, del que pronto hablaré en una entrada especial.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Don Diógenes Melollevo




Don Diógenes Melollevo es un señor que todos ustedes conocen. Se lo han cruzado en varias ocasiones por los aeropuertos, pasillos de un hotel, han compartido sala de desayuno, ascensor, butaca de avión e, incluso, usted mismo puede llamarse así.

D. Diógenes realiza su equipaje siempre con una maleta de más, vacía,  para traerla de nuevo a casa repleta de material indispensable que ha ido recogiendo allá donde va de viaje.
Ya, en el aeropuerto, toma prestados dos o tres planos del mismo, no se vaya a perder por las ocho terminales del aeropuerto de Zaragoza. Las azafatas de Ryanair aún no lo han localizado pero siempre que D. Diógenes viaja, recogen una revista menos de la que entregan al pasaje. Nunca la lee porque está en inglés y no sabe idiomas pero es indispensable que pase a su posesión. Incluso ha llegado a coger los pañitos que cubren el reposa cabezas de Air Nostrum con el "Murcia Costa Cálida" de propaganda.

Al llegar a su hotel de destino, el Sr. Melollevo, coge un buen puñado de esos caramelos de menta que depositan muchas recepciones en su mostrador. Pide el plano de la ciudad cada vez que sale y entra del hotel.

Es un insaciable devorador de toiletries. Las esconde en los cajones para que el servicio de camareras no se de cuenta. ¡Ay, D. Diógenes! Que se cree usted que no se dan cuenta. ¿Dónde mete los 25 tarritos que colecciona entre los que le dejan por la mañana, en el turn-donwn y los que pide directamente al servicio de habitaciones; dónde están los envases vacíos?

Cuando abre el minibar, no coge ni una fanta de limón, no le vayan a cobrar pero arrasa con los posavasos, el sacacorchos, el abrebotellas, las servilletas y hasta esos palitos mezcladores de los combinados alcohólicos. Y lo hace, aunque ninguno de esos utensilios tenga el logo o el nombre del hotel grabado. Como ven, la maleta vacía de D. Diógenes, se va llenando.

Le encanta la bolsita donde le dejan el periódico cada mañana. Y las esponjitas limpiacalzados le vuelven loco. No puede dejar ni una. Tiene problemas para poder meter en su maleta uno de los utensilios que más le atraen; el paraguas. En ocasiones, deja entrever la puntica del mismo por la cremallera del bulto ya que el diámetro del mismo es superior al de su equipaje; pero le da igual. Hasta se lleva los tarjetones de "please, not disturb" que penden del pomo de la puerta. Las postales del cartapacio de encima del escritorio le vuelven loco, y el mismo cartapacio también. El díptico de los canales de televisión es indispensable para la supervivencia del ser humano. A la maleta que va.

Las perchas. ¡Uy, las perchas! Tiene su casa cuatro cajas llenas de ellas. No las usa jamás pero no puede vencer la fuerza que le tira a llevárselas. ¿Y las zapatillas? ¡Madre mía! Cuatro cajas de esas transparentes de los chinos, totalmente llenas. No valen para nada pero no puede dejarlas.

Con el albornoz no se atreve, eso ya es de cobardes pero ya le gustaría, ya. Alguna toalla que otra ha caído, ¿Verdad, D. Diógenes? Con el secador de pelo tampoco pero se hace violencia para no hacerse con él. Eso sí, con la de Kleenex que tiene podría empapelar su alcoba.

Su desayuno es bufet en todo su amplio significado. Siempre se sitúa en una mesa de esas en esquina donde cree que no le ven. Y vaya si le ven. Acaso ¿Qué va hacer con ese medio kilo de chorizo, cuarto y mitad de queso y cinco panecillos, que no sean bocadillos? Se los mete en su bolso de mano con un disimulo propio de agente secreto y, con lo que saca, ya tiene el almuerzo listo. Hasta la cena.

El señor Melollevo comunica por teléfono con el servicio de habitaciones del orden de cinco a cincuenta veces al día. Pide gel, champú, espuma de afeitar, cuchillas, esponjas limpiacalzado; todo a troche y moche. Y no se lleva el hielo de la cubitera porque se derrite, que si no...

jueves, 13 de octubre de 2011

Marbella Club Hotel, Golf Resort & Spa. Marbella










Web
Cualquier persona que actualmente esté barajando la posibilidad de acudir unos días al Marbella Club Hotel, Golf Resort & Spa  debe saber que le espera mucho más de lo que de su web se desprende. Tiene un diseño muy limpio y ordenado. En primer lugar, el MCH es un Resort de playa como la copa de un pino y, aunque es cierto que así es nombrado en la bienvenida de la web, se debería resaltar más dicha característica. Las fotografías, estando muy cuidadas resultan más decorativas que atractivas puesto que los servicios del MCH son absolutamente espléndidos y numerosos como veremos a continuación.
La reserva está gestionada a través de "yourreservation.com", como saben es una de mis preferidas. En el caso que nos ocupa reservé una habitación ejecutiva a través de la central de reservas "The Leading Hotels of the World", a la que pertenece el hotel, de manera telefónica. Sólo dos noches. Por desgracia, no había tiempo para más.

Llegada al Hotel y Check-in
Llegamos a Marbella, en el caluroso mes de agosto en nuestro vehículo particular. Al GPS no le costó mucho trabajo dirigirnos al MCH, situado en plena Milla de Oro, entre Marbella y Puerto Banús, a un paso de ambos. El MCH, como suele pasar con los verdaderos hoteles de lujo, no es un hotel a la manera tradicional. Me explico. La entrada con el vehículo, a través de un frontal como de templo grecorromano da paso a un pequeño aparcamiento exterior a la derecha y, a la izquierda, una semi-rotonda para parar los coches y bajar el equipaje. Posteriormente, se encuentra el edificio principal con recepción al frente. En el MCH no hay parking subterraneo; y, aunque es un poco sálvese quien pueda, dejas el coche -si a la cantidad ingente de Ferraris, Porches, Maseratis y Rolls Royces se les puede llamar coches- en los lugares de aparcamiento situados a lo largo de los múltiples edificios de los que consta el hotel. Pero ello le confiere una sensación de hogar muy particular que me encantó.

Recepción


Eran las doce de la mañana cuando realizamos el check-in. Con una amabilidad muy detallista pero sin ápice de servilismo barato, Paco, nos atendió correctamente. Como saben, a esa hora, aún es pronto para la entrada, totalmente comprensible si añadimos mitad de agosto y hotel completo. Pero en dos minutos, Paco, realizando un par de llamadas, sin que nosotros oyéramos su contenido -como debe ser-, nos entregaba las dos particulares llaves de nuestra habitación. Muy agradecido por el detalle.

Llave de la habitación.

El MCH, como decía, posee 121 habitaciones y suites y 14 villas de varios dormitorios con tradicional estilo andaluz, algunas con piscina privada. No es un hotel, por tanto, gigantesco en cuanto a su número, como sí lo es su vecino -o mejor dicho, primo hermano-, Puente Romano. Pero no posee un único edificio sino que son varios los que, repartidos por la gran extensión de terreno de la propiedad, más de 40.000 metros cuadrados, se van distribuyendo las diferentes habitaciones. La entrada del hotel dista andando a unos cinco agradables minutos de la playa. Es en todo ese camino donde se sitúan  los pequeños edificios de habitaciones.

Camino que comunica la playa con la entrada.  Foto cedida por cosasdeja


Absolutamente todo, está inundado de flores y plantas. Podemos afirmar sin equivocarnos que el MCH es un auténtico jardín subtropical que -créanme lo que les digo- proporciona un verdadero y magnífico microclima.

Detalle de los caminos del hotel. Foto cedida por cosasdeja


El hotel, como es ya archiconocido por todos, fue inaugurado a mitades del pasado siglo por el príncipe don Alfonso de Hohenlohe, precursor de lo que es la actual Marbella y fallecido en 1993. Sin duda es el centro neurálgico de la crema de la "high society"; empresarios, aristócratas, estrellas del espectáculo y, como no, jeques árabes con cohorte incorporada. En definitiva, sin duda, el MCH es, en boca de su fundador, un pequeño paraíso sobre la tierra; frase que viene recogida en el libro, preciosamente editado "Marbella Club, los primeros 50 años" y que está a la venta en el hotel.

Entrada con un vehículo (por llamarlo de alguna manera). Foto cedida por cosasdeja



Otra toma de la entrada. Foto cedida por cosasdeja


La habitación
Una vez realizado el check-in, un mozo nos condujo en un boogie hasta nuestra habitación. La utilización de boogies es una razón por la cual el MCH es un resort. Aunque, perfectamente se puede ir a cualquier sitio andando, estos coches eléctricos con conductor están a disposición de los huéspedes para trasladarse de un lugar a otro dentro del hotel.

Detalle con boogie. Foto cedida por cosasdeja


Centrándonos en la habitación, sólo puedo catalogarla de excepcional. Antes de seguir, un inciso. Recelen, por favor, de algunas de las críticas de webs como TripAdvisor donde aparecen entradas de clientes que pasaron por el hotel hace cinco, seis o más años. En primer lugar, en ese tiempo, un hotel es capaz hasta de cambiar de ubicación; hay tiempo para mejorar, aprender de los errores, renovar habitaciones, etc. Esto que afirmo vale para cualquier hotel y, por tanto, para el MCH también.

Continuando con la habitación, el edificio donde estaba ubicada distaba más o menos a mitad de camino entre la entrada al hotel y la playa. La llave, muy original, era como una tradicional pero codificada electrónicamente.

Pasillo de entrada de la habitación


Nada más entrar, un largo pasillo abocaba en el dormitorio y a mitad del primero, se encontraba el baño junto a un amplio y eficiente vestidor muy bien compartimentado.
El dormitorio tenía cama tamaño king con dosel. El suelo era de baldosa y la tonalidad del mismo y de las paredes eran de un beige claro muy confortable y acogedor. Pero fue la sensación de auténtico frescor lo que más me sorprendió al entrar.

Cama con dosel


El aire acondicionado era perfecto, muy silencioso y altamente potente. Un armario, de la misma tonalidad, albergaba la televisión con un sistema de corredera para poderla ubicar en varias posiciones y, abajo se encontraba el frigorífico con el minibar muy completo y ordenado. En una esquina de la habitación se encontraba una pequeña mesita redonda donde un mini-ordenador portátil estaba situado encima. Me gustó mucho esta amenity ya que con este aparato, podías acceder a un sin fin de servicios del hotel. Podías reservar mesa en cualquier restaurante, reservar tratamientos del spa, comprar accesorios del hotel; incluso hasta realizar tú mismo el check-out; si bien es cierto que en esta aplicación creo que aún estaban en pruebas y las cantidades numéricas no aparecían del todo clarividentes.

Detalle del mueble del minibar y el ordenador


Enfrente del mueble de la televisión se disponía una mesa de cristal baja y un sofá cómodo a modo de salón, todo ello entre dos lámparas de mesa preciosas y una magnífica orquídea blanca decorativa. Toda la habitación disponía de tomas de electricidad suficientes. Nada más descorrer las cortinas, nos llevamos la agradable sensación de la terraza.

Sala de estar


Dos tumbonas se disponían en ella junto a una mesa con dos sillas para poder fumar relajadamente. Ya saben mis lectores que soy fumador empedernido pero detesto hacerlo dentro de las habitaciones, por tanto también dentro de mi propia casa. Es una falta de respeto para con los que no fuman.

Vista desde la terraza. Al fondo, la piscina


Bien, la terraza tenía acceso directo a una de las dos piscinas del hotel, exactamente a la de agua dulce, situada en la parte más lejana a la playa. En fin, un oasis de comodidad.

Detalle de las tumbonas de la terraza

Detalle de la mesa con sus sillas de la terraza


Pero el baño se lleva el gato al agua. Amplísimo, con lavabo de dos pozas de mármol y grifería de estilo antiguo.

Lavabos


Las toileties, sin embargo, no llegaron a convencerme del todo. De la firma Arran Aromatics, sólo tenían un pequeñito envase de gel, que a su vez también era champú. El resto de envases eran de body lotions y hair aconditioner y chuminadas varias que, sinceramente no me interesan. Las pastillas de jabón eran de la firma Aigner. Sería conveniente disponer algún bote más de gel y champú, que sinceramente he de decir que me encantó. Tuve que pedir en alguna ocasión al servicio de habitaciones que me proporcionaran algo más puesto que con tanta piscina y spa, te duchas varias veces al día. Un tarrito de 50 ml. de gel y champú es altamente insuficiente para dos personas; aunque hay que decir que se reponía en el turndown. El espejo de ducha estaba justo donde debe estar, no haciendo falta -por tanto- ser contorsionista de circo o medir 1,50 m. para no sufrir graves accidentes con el afeitado.

Detalle de las toiletries


Justo enfrente de los lavabos se situaba la bañera, enorme y muy accesible. No la utilicé. En otra estancia del baño aparte, se encontraba el inodoro, el bidé y la ducha. Esta última absolutamente impresionante. Muy amplia, con un chorro de ducha perfecto, regulación de la temperatura correcta, sin posibilidad de patinazos ni resbalones puesto que el suelo era rugoso.

Detalle de la bañera

Para acabar con la habitación, tan sólo hablar del vestidor que ocupaba de techo a suelo una pared completa. Todo compartimentado con estantes, cajones y armarios; la caja fuerte estaba situado en uno de ellos. He de incidir, en mi manía con las aperturas de las cajas fuertes que nunca me he encontrado con una tan sencilla. Tan sólo introducir el código y ya está. Se cerraba sola. Lo único que eché en falta en el vestidor fue una bolsa de esas que tienen el emblema del hotel, muy cómoda para ayudarte en tu salida del mismo.

Ducha, bidé e inodoro en una estancia separada

Amplio vestidor

Amplia y sencilla caja fuerte camuflada dentro del armario



Por ser miembros de The Leaders Club, tuvimos el detalle de la carta de bienvenida del director del hotel y un estuche con el logo del hotel que albergaba una botellita de fino con dos copas. Muy buen detalle. Por cortesía del hotel, unas almendras saladas y una botella de vino de Cortijo Las Monjas, envasado expresamente para el hotel ya que en la etiqueta aparecía Príncipe Alfonso de Hohenlohe. Junto a ella,  una botella de agua, agua que por desgracia no se reponía diariamente en el turn-down. Y algo muy importante, el desayuno -que no estaba incluido en el precio- es una cortesía para los miembros access de dicha central.

El Beach Club y los restaurantes del hotel.
Mención independiente debo hacer a lo que, a mi juicio, es la guinda del MCH. Ubicado, como señalaba anteriormente en el extremo opuesto de la entrada del hotel, no puedo afirmar con rotundidad si está cerca del mar o si el mar está cerca de él. La simbiosis es absolutamente perfecta. La piscina de agua caliente de mar (como debe ser) es impresionante. Cuenta con un acceso para torpes como yo, que no sabemos tirarnos de cabeza. Todo está cubierto de una vegetación frondosa y cascadas de agua confieren una serenidad y un ambiente absolutamente relajante. A la llegada, el encargado del Beach Club, un señor no muy alto y con bigote (que me perdone por una descripción tan barata, no recuerdo su nombre), muy amablemente nos entrega una toalla (aconsejo leer este post) y nos abre una sombrilla en el lugar que elegimos.

Perfecta piscina del Beach Club con su restaurante al fondo. Foto cedida por cosasdeja

El sistema de sombrillas me parece muy adecuado ya que los agujeros están hechos en el suelo sin tener, por tanto, que mover ingentes cantidades de peso para trasladar dicha sombrilla al lugar exacto que el cliente -receloso del sol, como es mi caso-, desea. Este señor me preguntó, como debe ser, el número de mi habitación, gustosamente se lo di. No me lo volvió a pedir pero cuando, un día y medio después le pedí el favor de que me ayudara a reservar una mesa en el Mc Beach, cual fue mi sorpresa  que se acordaba perfectamente del número de mi habitación. Esos detalles valen su peso en oro.

Beach Club. Foto cedida por cosasdeja


La sensación en todo momento del Beach Club es la de tranquilidad, ya estés en las tumbonas de la piscina o de la playa, que son gratuitas. Bueno, lo de gratuitas en el MCH en pleno agosto es un decir, pero ya me entienden. En ningún momento tuve sensación de masificación o de agobio. Y les hablo de temporada alta, por tanto en el resto, imagino que aún será mejor.

El mar en el hotel o el hotel en el mar

Juzguen ustedes. Foto cedida por cosasdeja


En el mismo recinto de la piscina del Beach Club se encuentra su muy conocido buffet internacional. No lo probé  puesto que me hacía más ilusión comer en el Mc Beach, un auténtico chiringuito de playa pero no de mantel de papel y camareros con palillo en la boca. Espetos de pescado riquísimos, asados al momento se pueden disfrutar en mesas muy bien vestidas y unas sillas realmente cómodas. A mi juicio, el mejor lugar para comer o cenar de una manera informal en verano.

Detalle del McBeach


Del resto de restaurantes del hotel, poco puedo hablar; la verdad. Ya les he comentado que mi estancia sólo duró dos días y, como alma de dominguero que tengo, no pude resistir fundirme con el ingente turismo del milimétrico Puerto Banús, donde aproveché para cenar. No probé, por tanto, el famoso Grill pero espero poder hacerlo la próxima vez que visite el MCH.

Marbella Club Thalasso Spa
El Spa del MCH no es muy grande. Pero no por ello deja de ser un gran centro. A muchos establecimientos se les llena la boca afirmando que cuentan con 2.000 o 3.000 o más metros cuadrados. Éste no sé si llega a 1.000. Pero está muy bien aprovechado. La piscina de tratamientos, con preciosas vistas al mar, es muy grande. Los vestuarios, correctos. La zona de sauna y baño turco, muy bien cuidada, con infinidad de toallas y productos de baño. La sala de relajación, anexa a la piscina -no nos olvidemos que de agua de mar- también dispone de maravillosas vistas al mar. Una docena de cabinas de tratamiento muy amplias y confortables. Menú de tratamientos amplio y ejecutado por verdaderos profesionales.
En fin, muy buen servicio por parte de su front-office y, como una nota a mejorar, cuando alguien está en la piscina de tratamientos, todos los chorros deben funcionar en todo momento; no valen aquí los temporizadores para ahorrar energía.

Piscina del Spa


Algunas instalaciones y servicios más del Marbella Club Hotel
Si mal no recuerdo, desde hace alguna temporadas, el MCH, cuenta con un Kid´s Club. El Lions Club -me encanta su nombre- es un espacio grande situado en pleno centro del complejo con unas muy buenas, vigiladas y seguras instalaciones. El hotel estaba lleno de niños, y se agradece mucho que en los meses de temporada alta, un servicio como este esté a disposición de los huéspedes. Aunque el Beach Club cuenta con una piscina para niños, el Lions Club dispone de otra aún más adaptada para los más pequeños. Amplio espacio vallado para esparcimiento, y una habitación con juegos, videojuegos, pinta y colorea. Todo ello junto a un sin fin de actividades como Kayak, cocina, búsqueda del tesoro, etc. que organiza perfectamente su director; creo que se llama Guy, forma la amplia oferta de diversión del MCH para los más pequeños. Esta vez no viajé con niños pero el director del Lions Club nos enseñó sus instalaciones ya que, Dios mediante, volveremos con la familia.

Poco he hablado de la piscina de agua dulce del hotel. Esta, ya no situada justo al lado de la playa, está rodeada de tumbonas para tomar el sol y, en su extremo, se sitúa el Pool Bar. Posiblemente, en algunas horas -sobre todo por la tarde- de temporada alta, está más frecuentada con familias con niños pequeños. Posee también un fácil y cómodo acceso y está muy bien atendida.

Piscina de agua dulce. Foto cedida por cosasdeja

Pool Bar. Foto cedida por cosasdeja


El MCH es, como su propio nombre indica, un Golf Resort. Cuenta también con un Centro Hípico. Yo no practico ninguno de esos deportes pero el hotel dispone de un servicio de traslado desde y hasta dicho centro. Quiero ser lo más sincero posible. Marbella y su entorno poseen hoy en día una privilegiada oferta hotelera de lujo. Quizá los dos hoteles que más sombra puedan hacerle sean el Villa Padierna y la Finca Cortesín -aunque este último no esté en la misma Marbella-; no hablo de su primo hermano, el Puente Romano, que lo considero como si de una unidad se tratara. Créanme. Salvo la comodidad para acceder al campo de golf, elijo el MCH. Y es que él sólo tiene el mar dentro del hotel. Eso vale su precio en oro. Y creo que ese es el verdadero motivo por el cual el MCH posee los precios más altos de todos. El que algo quiere, algo le cuesta.

El servicio de turn-down muy eficaz. Realizado justo en el momento en que debe hacerse y no a horas intempestivas. Reposición de toiletries a excepción de las pastillas de jabón. Reposición de toallas usadas. Se echaba en falta, como he dicho antes, la reposición diaria de agua (nunca me ha gustado que me cobren por el agua y menos en los hoteles de lujo). 

Aunque ya he mencionado el buen servicio y trato recibido por el equipo de recepción del hotel, debo resaltar también la figura de Álvaro, creo que posee algún puesto de dirección en el front-office. Nos explicó pacientemente todas nuestras dudas relacionadas con una futura estancia con nuestra familia en el hotel. Además, contemplé como soportó perfectamente las embestidas de una huésped recién llegada (eran las once de la mañana) con un batallón a su lado de maletas de Louis Vouitton y dos niños trepando por los sillones de recepción. La señora, con unas gafas de sol parecidas a las de Dar Vider,  increpaba de manera muy grosera por no tener preparada a esa temprana hora la habitación. Se le dio la posibilidad de otra mientras la suya se preparaba, pero ni con esas. En fin, una anécdota de las mil que puede contar cualquier personal de recepción.

Me encontré durante mi corta estancia en el hotel con innumerables personalidades de la farándula española. Así que si es usted un curioso empedernido, se lo pasará bien. No diré, obviamente, de quien se trata; me parece de zafios dar nombres de famosos hospedados en un hotel sin su consentimiento.

Check-out y salida del hotel
Nada más telefonear a recepción para que fueran preparándonos la salida, un boogie con un botones aparecía en nuestra puerta para recoger las maletas y transportarnos hasta recepción. Absolutamente todo en regla en la factura, muy amable el trato a la salida; con rapidez pero sin dar sensación de que te echan. Cuidando hasta el mínimo detalle, pidiendo disculpas porque el datáfono no funcionaba bien y me hicieron desplazarme hasta otra esquina para utilizar el otro.

En fin, corta pero maravillosa estancia en uno de los grandes resorts de playa europeos.