¿Qué pretende este blog?


Mi blog pretende realizar una crítica, lo más completa posible, de los principales hoteles europeos, así como proporcionar instrucciones y usos de protocolo y buenas maneras tanto a los profesionales del sector como a los huéspedes de los establecimientos. Como se observa, todo está basado en la independencia que me caracteriza, no perteneciendo a ninguna empresa relacionada con este mundo. Soy un consultor independiente. Personalmente he visitado cada uno de los locales de los que hablo en este blog.
Es mi capricho, del que llevo disfrutando varios años y quiero poner mis conocimientos y opiniones a disposición de todo aquel que quiera leerlos.
La idea surgió al no encontrar nada en la red - ni siquiera en inglés - sobre auténticas críticas de hoteles, al margen de comentarios de clientes enfadados que "cuelgan" sus quejas en distintas webs como un simple "derecho al pataleo" sin intento alguno de asesorar, construir o mejorar.
Muchas gracias por vuestra atención y colaboración.

Mostrando entradas con la etiqueta Intercontinental. Mostrar todas las entradas
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martes, 21 de diciembre de 2010

El nuevo rico. Manual del turista educado. 6ª entrega y última



Muy importante es esta última sección de nuestro manual, donde podemos enumerar los rasgos más definitorios de esta nueva raza en nuestro planeta. El nuevo rico.
Antes de seguir, quiero explicar que no hace falta ser asquerosamente rico para pertenecer a esta saga sino comportarse dentro de las maneras que les son propias.

- El nuevo rico es aquella persona que nunca pregunta ni se preocupa por las tarifas del hotel a la hora de hacer su reserva. Él sabe que tiene dinero para pagar cualquiera y, por tanto, le resbala el que pueda acogerse a algún "packages" u oferta del hotel para las fechas en las que hace efectiva la reserva.

- El nuevo rico es aquel que mira por encima del hombro al personal del hotel porque sabe que con la propina que va a soltar al final, todos quedarán contentos aunque no les mire a los ojos.

- El nuevo rico no facilita jamás las cosas al personal del hotel. No cambia el tarjetón que pende del pomo de la puerta para que entren o dejen de entrar a realizar el servicio, habla en alto por los pasillos del hotel a horas intempestivas mientras se dirige a su suite, tira las toallas al suelo del baño sin utilizarlas, sólo por el placer miserable de que se las repongan; consume a todas horas sin tener necesidad de hacerlo, suele montar broncas en las recepciones de los hoteles por cualquier tontería. Y si viaja con niños, no le preocupa que se comporten como trogloditas.

- El nuevo rico no suele cumplir con las recomendaciones de vestimenta que imparte el hotel. Él tiene dinero y, por tanto, es lo único que le da seguridad para actuar como le da la gana en cada momento.

- Aunque es muy sencillo descubrir a uno, existe una regla que no falla. Fíjense en sus modales en la mesa. Son de chimpancé. Empuñan los cubiertos, agachan la cabeza hasta el plato, comen con gorras o sombreros, se llevan la comida a la boca con el cuchillo; piden, piden, piden y dejan, dejan, dejan.

- Existen ciertos hoteles que les atraen más que otros. Por ejemplo, si viajan a Milán se alojarán antes en el Bulgari que en el Baglioni o en el Gran Hotel; si viajan a Londres se alojarán antes en el Sanderson que en el Ritz; si viajan a Amsterdam, irán antes al Dylan que al Intercontinental. No sé porqué pero es así.

- Cuidado con los rusos que atiborran los hoteles de nuestro país. No tengo nada contra ellos, es más, aportan riqueza a nuestra economía y al sector turístico. Pero la gran mayoría son nuevos ricos.

- Como ven, la diferencia entre un nuevo rico y un maleducado es mínima. Sólo el dinero. De hecho, si han leído mis otros capítulos del "Manual del Turista Educado", suele pasar que el nuevo rico, se lo monta con su pareja en cualquier zona común del hotel, si es mujer le encanta pasear sus "domingas" al aire, suele ser un mirón de piscinas empedernido, come en las terrazas del hotel desprovisto de camiseta , o lo que es peor, provisto de camiseta de tirantes, no guarda ningún tipo de pudor en los vestuarios del Spa y, casi siempre, lleva bañador "tipo nadador". Lo tiene todo el "jodío".

Pido perdón a mis lectores por no haber seguido el régimen de entradas que me es asiduo. He estado de viaje y le he dedicado menos tiempo. A partir del 10 de enero reanudaremos nuestra marcha, Dios mediante.
Aprovecho para felicitaros a todos la Navidad y desearos un feliz año 2011.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Grand Hôtel. Stockholm. (Estocolmo).







Web
Perteneciente a la central internacional de reservas "The Leading Hotels of the World" y a la cadena hotelera Intercontinental, el Grand Hotel posee una web propia, separada de la genérica que ofrece su cadena anteriormente denominada. Muy sencilla a la hora de navegar por su menú, aporta información muy completa del hotel unido a unas fotos de gran calidad. A diferencia de la mayoría de los "Intercontinentales", posee su propia web de reservas a través de "ihotelier.com", para mí la mejor web de reservas de hoteles. En esta ocasión utilicé esta alternativa para reservar una habitación doble clásica sin vista al canal por cuatro noches. Tonto de mí, puesto que a mi llegada quise cambiar a una con vistas pero no disponían de ninguna. Por tanto, cuando visiten este hotel, intenten reservar una habitación "con vistas" y nunca mejor dicho porque pocas -les aseguro- poseen un paisaje tan privilegiado.



Espléndida fachada del hotel



Check-in
Desde el aeropuerto de Arlanda hay cuarenta minutos en taxi hasta el hotel, treinta sin tráfico. La entrada al edificio, una vez que el mozo -muy atento- te ayuda a salir del taxi y bajar el equipaje, es espectacular. Subiendo unos pocos peldaños una vez pasada la puerta giratoria, te encuentras la recepción. Aunque no es excesivamente personalizada, es muy efectiva y con un trato muy agradable y caballeroso. La habitación que nos dieron estaba en el sexto piso y el mismo botones nos acompañó a la misma con el equipaje.
La habitación constaba de un hall de entrada con dos armarios empotrados muy grandes y muy bien distribuidos de madera noble. A un ala quedaba el cuarto de baño y a otra el dormitorio. Este último, constaba de dos camas gemelas juntas que compartían el mismo cubrecama de matrimonio. Muy cómodas pero, como ya he hablado otras ocasiones, de estilo nórdico. Es decir, no utilizan mantas sino edredones. Una ventana no muy grande -gracias a Dios-, sin vistas con cortinas opacas. Y digo ello porque en el mes de julio la noche no existe en esta preciosa ciudad. La noche y las persianas. Por tanto, si no utilizas antifaz te ves condenado a la claridad durante tu descanso nocturno. Con todo, pude descansar pero el sueño no fue muy fructífero debido a la claridad que las cortinas opacas, por mucho que digan, dejan pasar entre sus resquicios.
En Estocolmo durante el invierno hace un frío que pela. Pero durante el verano arrecia un calor que ríete tú de Badajoz. Como he dicho, no tienen cultura de persianas porque durante la estación invernal casi no ven el sol y celebran la llegada del verano. Otro elemento que no saben utilizar es el aire acondicionado. Para que sirva de ejemplo, durante los cuatro días que duró mi estupenda estancia en Estocolmo, no quité ni un momento el aire acondicionado de mi habitación (a potencia y frío máximo). Esa potencia en España no da ni para enfriar un coche. Quizá pasan tanto frío en invierno que les gusta pasar calor en verano. Sólo hay que verlos en Benidorm como se ponen como tomates. En definitiva, pasé bastante calor.
Siguiendo con la explicación de la "room", el dormitorio también contenía una mesa de escritorio muy amplia con su silla, una butaca aparte, reloj de pared, televisión de plasma con poca oferta  de canales y un mini bar inteligente -léase mi artículo sobre los mini-bares inteligentes- que no entiendo porqué lo tienen así. La moqueta, que me persigue por cualquier hotel vaya a donde vaya, estaba muy bien cuidada pero seguía siendo eso, moqueta.
El baño todo de mármol, constaba de un lavabo muy grande con buena repisa, bien nutrido de toallas, albornoces y zapatillas, numerosas toiletries "Molton Brown" maravillosas, espejo de aumento, abrebotellas anclado a la pared, buen papel higiénico, ventana grande para ventilar el baño y, eso sí, una bañera asesina. Para acceder a ella tenías que estirarte cual Maia Plisetskaia salvando un desnivel "himaláyico". En cada ducha tenía que aupar a mi acompañante para que no se accidentara. Y para bajar, pues en volandas al suelo con cuidado de no romperte la crisma. No entenderé jamás estas "dificultades higiénicas" en muchos establecimientos hoteleros. Al menos disponía de mampara y no de esas miserables cortinillas que no soporto.
Respecto a la habitación, una cosa más. La puerta de entrada a la misma era excesivamente maciza y pesada por lo que si entras y sales frecuentemente, cuidado con las agujetas.


 "Lobby" de entrada del hotel. Toma captada desde el "Concierge".



 Habitación.




 Bañera con desnivel olímpico para su acceso




El Hotel
Situado en el mismo puerto de Estocolmo, su fachada asemeja a una gran embarcación, al igual que sus habitaciones a las de un barco. Imponente y majestuoso frente al Palacio Real en el centro de la ciudad, el Grand Hotel abrió sus puertas en 1874, construído por Regis Cadier en pleno auge de la arquitectura de la ciudad. Todos los premios Nóbel desde 1901 se han alojado aquí y las personalidades que han pernoctado en él se cuentan por millares.
Cuenta con 368 habitaciones desde su última remodelación por lo que no podemos catalogarlo de pequeño.
Durante mi estancia he percibido que intentan cuidar el lujo de los pequeños detalles. Como ejemplo, diariamente izaban las banderas de su fachada muy temprano, arriándolas al atardecer. Perfecto protocolo.


                                                              Toma diurna


                                                              Toma nocturna

                                      

El "Concierge"
A la izquierda de recepción han situado una mesa de escritorio con una silla de dirección y otras dos de confidente. No me gusta. Creo que un "Concierge" nunca debe estar sentado, ni él ni los clientes que le consultan. Parece más un despacho de abogados que una conserjería. Además, noté cierta falta de efectividad ya que para reservar mesa en algún restaurante tuve que repetir la petición en tres ocasiones diferentes. Sin duda, lo que menos me gustó del hotel.


El desayuno
De tipo "buffet" servido en el restaurante "Veranda", con vistas a través de los amplios cristales al  espléndido puerto de Strömkajen. Productos de primera calidad entre los que se encontraba el salmón ahumado, mucha variedad de quesos, arenques, "bacon" y salchichas. Muy buena repostería, buen pan y un café más que aceptable para ser Suecia. Como único punto flaco, el zumo de naranja que no sé catalogarlo. Se asemejaba al natural pero aseguro que no estaba recién exprimido. Hoy en día existen tratamientos de congelación del mismo muy parecidos a la naranja recién exprimida pero, siento decirlo, no sabe igual.
Otra posibilidad, aún más aconsejable para quienes el "buffet" no lo disfrutan, es el "a la carta breakfast" servido en el "Cadier Bar".


Mathias Dahlgren
Es el chef sueco más reconocido. Cuenta en el Grand Hotel con dos salas, "The Matsalen", el cenador principal y "The Matbaren", una especie de "bistro" con una estrella michelín. "The Matsalen", tiene dos y está en el puesto 25 de la lista de "S. Pellegrino". Me sucedió la desgracia de que no había mesa disponible en el cenador  en los días que duró mi estancia en Estocolmo y me contenté con el bistro al que le pongo un sobresaliente de nota. Aún así, fue otro punto débil del "Concierge". Una conserjería como la del Grand Hotel debería haber trabajado un poco más para conseguir mesa a un huésped de su hotel. En Estocolmo, si se sabe buscar, se come muy bien. Tan bien que en una próxima entrada del blog hablaré sobre algunos de los magníficos restaurantes de esta ciudad.
 
 "Matbaren". Nótese la perfecta decoración con lámparas Louis Poulsen



"Matsalen". Perfección hasta en el más mínimo detalle


The Veranda
Es el restaurante principal del hotel, totalmente eclipsado para la cena por Mathias Dahlgren. No obstante, como decía anteriormente en él se sirven los desayunos y el muy famoso "Smörgasbord", (literalmente significa mesa de pan con mantequilla) bufé típico sueco con platos tradicionales como los arenques ahumados, salmón, albóndigas, embutidos y ensaladas. Todo acompañado con las estupendas galletas de harina de centeno.

El blanco impoluto predomina en "Veranda". El puerto a la derecha. 
A través de la ventana se intuye el toldo de entrada al hotel.


The Cadier Bar
Lleva el apellido de la persona que construyó el hotel. En él, aparte del desayuno a la carta, se sirve el té de la tarde y por la noche, con acompañamiento de piano, puedes disfrutar de un buen cóctel. Con butacas muy cómodas y vistas al puerto, muy aconsejable para un descanso después de un día de ajetreado turismo.


 Vista de "The Cadier Bar". Al fondo el piano y a la izquierda la barra.



Spa. Raison d´Etre
Recién inaugurado y totalmente nuevo, el Spa de la firma "Raison d´Etre" entra sin dudarlo en el ranking de los mejores hoteles de ciudad con Spa. De tonos granito y ceniza con una iluminación perfecta y cuidando hasta el último detalle, este templo del bienestar aporta lo que le faltaba al Grand Hotel para convertirse, sin duda en uno de los mejores hoteles de Europa.
Cuenta, en primer lugar, con unos vestuarios de primerísimo nivel, taquillas eléctricas, sauna, piscina de frío, duchas de hidromasaje, cubetas de agua fría, toallas por todas partes y albornoces y zapatillas. La zona común está presidida por la piscina de agua templada en la que, incluso, se puede hacer algún "largo", aunque yo detesto a los que utilizan este tipo de piscinas de relax como si fueran olímpicas. En otra sala adyacente se encuentra la piscina de chorros y, al fondo, la sauna finlandesa de vapor a la temperatura adecuada, es decir, a esa en la que se puede sobrevivir dentro diez o quince minutos sin necesitar asistencia sanitaria por golpe de calor.
En todo momento, carritos portan agua, té y fruta ya pelada y lista para comer. Por último hay una sala de relax con música con auriculares y tumbonas muy cómodas. La entrada a la zona de aguas es gratuita para los huéspedes del hotel.
Los productos para los tratamientos, como no podían ser de otra manera, son cien por cien naturales basados en técnicas ancestrales.

                              Piscina del Spa Raison d´Etre. La piedra de granito del fondo es impresionante
                                                   


El "turn-down".
El recibido por el Grand Hotel es uno de los mejores servicios de "turndown" que he tenido en mi vida. Reponen absolutamente todas las toallas utilizadas, gel, champú, incluso las zapatillas las cambian cada día. Cuidan tanto el detalle que cambiaron el agua mineral con gas por unas botellas sin gas con una breve advertencia. Y nunca molestaron ni llegamos a la habitación mientras estaban arreglándola. Un diez para  la gobernanta y el servicio de camareras del Grand Hotel.


El "check-out".
Nuestro avión partía a la intempestiva seis de la mañana desde Arlanda. Fue muy rápido y no hubo ningún error en la factura. El botones ya nos esperaba con nuestro equipaje en el maletero del taxi. Por cierto, una nota de distinción estuvo en que no me hizo falta entregar otra vez la tarjeta de crédito para proceder al pago. Bastó cuando la mostré en la entrada.

Estocolmo, con su archipiélago es una de las capitales más bellas de Europa. Espero volver, y si lo hago, no dudaré en  hospedarme en el Grand Hotel.

viernes, 16 de abril de 2010

The Dylan, Amsterdam










Web

The Dylan posee una web con un diseño totalmente original y vanguardista, muy diferente a lo que estamos acostumbrados a ver. Con fondo negro, aporta mucha información del local con numerosas fotos. La reserva de habitación la tiene concertada con "trustinternational.com", no es mi preferida pero qué le vamos a hacer.
El hotel pertenece al grupo "Small Luxury Hotels of the World". Utilicé mi tarjeta de socio para realizar la reserva directamente por teléfono. El trato fue exquisito y pude hablar en español. Reservé una habitación "luxury double room" por dos noches. Por motivos personales, en la reserva solicité un "late check-out" hasta las cinco de la tarde.
Como puntos a mejorar, toda la información de la web está un tanto "abigarrada" y se agradecería un poco más de orden y facilidad para conseguir lo que se busca. Muy elocuente el apartado donde se presenta todo su "Staff".

Aspectos Generales
The Dylan es un hotel "boutique", de hecho fue el primero de Europa en denominarse así. Hoy en día pululan por todas las ciudades este tipo de hoteles y la mayoría no son más que "quiero y no puedo" maquillados con un diseño peculiar. Sin embargo, The Dylan, se está abriendo hueco en el panorama de los hoteles de lujo de Europa siendo un hotel "boutique". Como veremos, aún hay que limar asperezas, pero lo intentan. Tengo que aclarar que en mi visita a Amsterdam quise reservar en el Intercontinental Amstel o en el Hotel de l´Europe pero el primero estaba completo y el segundo en reformas. Lector, si decides visitar Amsterdam, no busques más. Solo estos tres hoteles merecen la pena. Es una ciudad con no muy buenos hoteles y muy caros en relación a su servicio y comodidad. Además, Amsterdam, huele a canuto desde que te bajas del avión y sus zonas céntricas están plagadas de turismo barato, de espeluznantes "coffe shop" de ruido y de insufrible olor a porro. Huye de la plaza Dam, de la Estación Central y del Barrio Rojo y céntrate en un barrio residencial en el margen de un canal como están situados estos tres hoteles que te recomiendo; quizá el Intercontinental queda un poco a desmano.
La cadena hotelera española NH ha realizado un desembarco en Amsterdam que ríete tú del de Normandía. Con más de una docena de hoteles repartidos por toda la ciudad, no puedo recomendar ninguno. Pero sigamos centrándonos en el hotel que nos ocupa.

Check-in
A las dos de la tarde, media hora después de haberlo cogido en el aeropuerto de Schiphol, nos dejaba el taxi en la puerta del hotel. Sensación agradable. Es un edificio antiguo con varias casas comunicadas, sus inicios datan del siglo XVII. En el XVIII se quemó por completo y fue vendido a una asociación de caridad de la Iglesia Católica, la cual conservó la propiedad hasta 1999, año en el que se inaugura The Dylan. Después de pasar por un porche empedrado, entras al hotel a través de una gran puerta de madera. La recepción, a la derecha, se hace como debe ser, sentado. Detesto tener que estar de pié en esos momentos. A mi acompañante y a mí nos ofrecieron agua con limón y, primer fallo, la habitación aún no estaba disponible. Lo solventaron rápidamente puesto que en cinco minutos, mientras hablábamos con el "concierge" para varias reservas en restaurantes, el botones ya nos estaba acompañando al cuarto.
El acceso es un tanto complicado puesto que, como decía antes, son varias casas antiguas comunicadas. Aunque hay ascensor, tienes que subir y bajar ciertos escalones, no más de seis, y siempre mirar hacia abajo por si nos asoma algún desnivel que hay que solventar.
Por fin llegamos a la habitación. No suelo hacerlo en mis escritos pero esta vez voy a dar su número. Era la 21.

Con vistas al patio central del hotel, era tipo "loft", suficientemente amplia ocupando toda la buhardilla del edificio. Absolutamente de color blanco, combinaba muy bien con el "beige" de las paredes. La cama sin cabecero estaba vestida con edredón nórdico también en blanco. Tres ventanas daban al patio central, la televisión era de plasma, equipo de sonido "Bose". Mesa de escritorio, dos sillones muy cómodos enfrente del televisor y una calefacción central que inmediatamente ordené que la apagaran, algo que no fue posible del todo. En el mismo "loft" se encontraba el lavabo de gustoso diseño en piedra con grifería de cascada. Primer inconveniente, no tenía espejo enfrente y tuve que afeitarme utilizando el espejo de aumento. Sufrí algún percance con la maquinilla. El diseño no puede vencer la comodidad por mucho que nos pese y menos en un hotel. No es concebible un lavabo sin espejo.

En una pequeña sala contigua se encontraba el inodoro de los de cadena -son odiosos- y la bañera enfrente, separada -aquí sí- por un espejo de cuerpo entero. La bañera, grande, poseía un acceso arriesgado. Tenía que ayudar a mi acompañante y viceversa para poder acceder y salir de la misma sin lesionarnos ya que solo tenía entrada por su lado más estrecho, el resto era pared. Otro inconveniente del diseño por el diseño. Las "toiletries" eran de "Zenology", firma holandesa la cual no conocía. Gel de ducha, champú, acondicionador de cabello y "body milk". Me gustaron mucho; las dos primeras. El resto jamás utilizo.

Los armarios no eran empotrados al estar en una buhardilla. Eran antiguos restaurados pero un tanto incómodos sin cajones. El mueble bar bien repleto y el suelo de madera sin la maldita moqueta y, por tanto, sin hongos ni ácaros, se agradece. Por último, una orquídea lucía como decoración junto a varios jarrones de porcelana blanca.

El Hotel
Como creo que ha quedado claro no soy un gran defensor de los hoteles "boutique" a excepción de algunos. The Dylan intenta combinar la exclusividad de este tipo de hoteles con el servicio y el cuidado de los pequeños detalles. Aún le falta camino por recorrer pero ponen mucho empeño. Por ejemplo, el "concierge" está a la altura de un gran hotel de los que ya he hablado en mi blog. Con trato divertido y gran educación satisfacieron todos nuestros requerimientos. Apuntan en una cartulina tamaño octavilla cada una de las reservas que, posteriormente, la entregan al cliente.
Justo enfrente del hotel, en el canal de Keizersgracht, se encuentra el embarcadero privado donde, si lo deseas, puedes concertar una cena en el barco del hotel por los preciosos canales de la capital holandesa.
A la entrada hay a disposición de los clientes, bicicletas para ser alquiladas. ¡Cuidado! Amsterdam está plagada de estos vehículos a dos ruedas que tienen más peligro que los automóviles. Los niños neerlandeses ya nacen sabiendo montar en bicicleta y los visitantes torpes como yo tenemos que ir con cuatro ojos caminando para que no nos atropellen. La velocidad que alcanzan es extrema.
El desayuno, tipo "buffet" no es muy amplio pero suficientemente surtido.
El bar "Barbou" ofrece cócteles y, si hace buen tiempo -como fue nuestro caso- puedes disfrutarlo en la terraza fumando un cigarrillo.
En su sala "lounge" puedes hacer un "break" a cualquier hora, aconsejo el rincón de la chimenea.
Por último, el restaurante "Vinkeles", regentado por el famoso chef Dennis Kuipers, es uno de los más conocidos de la capital. Sin duda es el más caro. Aunque ahora recomendaré algunos restaurantes más, "Vinkeles" debe ser tenido en cuenta. No soy un apasionado de la cocina holandesa actual pero la paloma que probé merece la pena.
Como punto muy importante a mejorar en The Dylan está el "turn-down". Más vale no hacer nada que hacerlo mal. Tan solo depositan encima de la mesa una botella de agua (que, por cierto, no desprecinto yo) dos bombones, bajan los estores de las ventanas y descubren la cama. No preparan las zapatillas, no reponen toallas ni "toiletries", en fin, un servicio hecho a la mitad.
La habitación no consigue la oscuridad total y la claridad entra en el cuarto de madrugada. Por último, no hay ningún colgador de toallas ni albornoces teniendo el huésped que ideárselas. Es el precio del diseño.

Check-out
Como hablaba al principio, pedí un "late check-out" a las cinco de la tarde. Como en el "check-in" no me indicaron lo contrario, el día antes lo comenté en recepción. Bien, lo que viene a continuación es la nota negra de mi estancia. Me dijeron que no, pero no por no disponibilidad de la habitación sino porque para ello debía abonar el precio de la noche entera. He estado en muchos hoteles y ninguno, puedo asegurar, ha tenido esta falta de cortesía. Puedo entender que la política del hotel sea no permitir salidas más tarde de lo indicado pero me lo deberían haber hecho saber en mi entrada puesto que en los requerimientos se reflejaba bien claro mi petición. Callé y ya de vuelta protesté a "Small Luxury Hotels" que eran los operadores con los que hice la reserva y, en cierta medida, el grupo que avala dicho hotel.
Salvado este percance, el resto del "check-out" fue muy amable y cortés a la vez que rápido. Todo estaba correcto y, lógicamente, me hicieron la "pregunta prohibida" ¿Ha consumido usted algo del mini-bar?
Mi avión despegaba al día siguiente a las seis de la mañana del aeropuerto de Schiphol. Como me gusta la aventura reservé estancia en Yotel Schiphol, estancia que merece otra entrada posterior aparte.

Antes de terminar este comentario quiero reflejar los restaurantes, aparte de "Vinkeles" que visité en Amsterdam. Primero almorcé en un restaurante italiano que me aconsejaron en el hotel y que intentaré borrar de mi memoria en lo que a gastronomía se refiere. Eso sí, estaba situado enfrente del hotel de l´Europe y las vistas eran preciosas.
Capítulo aparte merece el restaurante De Kas, a las afueras de Amsterdam. El mejor sitio, a mi entender para comer en la capital holandesa. No hay carta y te ofrecen el menú que han preparado ese día. El recinto es un invernadero acristalado, difícil de olvidar.
Como soy un fan del chef inglés Jamie Oliver, visité su local "Fifteen" en el puerto. Ni fu ni fa, las segundas partes nunca fueron buenas. Ni punto de comparación con su casa en Londres.
Por último, mi acompañante, fan de la cocina oriental, me obligó a visitar "Tempo Doeloe" un Indonesio muy famoso en la ciudad donde el "concierge" del hotel tuvo que esmerarse para conseguir mesa. En mi vida he cenado tan mal. Eran unos 25 platos al centro acompañados de arroz en blanco y con curry. Había uno tan picante que estuve cinco minutos llorando, del resto no sé lo que me llevaba a la boca. Un desastre que me costó cien euros. Detesto pagar por una tomadura de pelo. Por cierto, a mi acompañante tampoco le gustó.
Si se es un gastrónomo, merece la pena visitar "Envy" un local donde se cultiva la cocina en miniatura y con personal muy amable. Cocinan a la vista del comensal.


jueves, 11 de marzo de 2010

Cómo no errar al elegir un hotel de lujo



Procedo en este post a intentar proporcionar al turista de lujo no avezado la regla general para que no yerre a la hora de decidirse por un hotel. Pido disculpas si en mi extensa lista me dejo alguna empresa por nombrar y estaría muy agradecido me lo hicieran saber.

El camino para no desviarse a la hora de elegir un buen hotel con clase lo tenemos en la central de reservas que lo avala o a la que está asociado y en la cadena hotelera a la que pertenece. Hay "satélites" que pululan por el universo europeo de manera solitaria; son los menos. Reitero que no incluyo aquí las -sin duda- prestigiosas cadenas hoteleras de otros continentes ya que mi blog, como deben saber, solo se centra en Europa. No obstante, como podrán observar, muchos de los grupos que nombraré a continuación tienen establecimientos de lujo en todo el mundo.

Como soy un crítico absolutamente independiente -siempre lo reitero-, me da la gana afirmar que sería muy difícil equivocarnos si elegimos un hotel perteneciente a:

- The Leading Hotels of the World, también incluyo, lógicamente su vertiente "Small".

- Preferred Hotels of the World, a mi parecer la segunda central de reservas de hoteles de lujo del mundo, detrás de The Leading Hotels of the World. "Summit" y "Preferred Boutique" pertenecen también a "Preferred".

- Relais and Chateaux. Es un "partner" de The Leading Hotels of the World. Aquí suelen incluirse hoteles pequeños, muchos situados en el campo, cerca de un río, en definitiva en lugares tranquilos y bucólicos. Muchos de ellos albergan restaurantes de auténtico lujo.

- Starwood Collection. Sobre todo "W hotels", "St Regis" y "The Luxury Collection" y algunos "Sheranton" y solo algún "Le Meridien". "Four Points", también pertenecientes a esta cadena, son hoteles más de negocios -este último está dentro de Sheraton- y "Aloft" y "Element" no tienen establecimientos en Europa.

- Four Seasons. Para que lo vamos a negar. Es, a mi entender, precursora en el buen gusto, la clase y el servicio. Eso sí, hay que pagarlo. Nunca nos equivocaremos si elegimos un Four Seasons y menos si es el "George V" de Paris.

- Ritz-Carlton. Otra de las grandes cadenas hoteleras. Si bien es cierto que tienen algunos hoteles como asociados y no miembros del grupo. En España, por ejemplo, abandera esta cadena el "Arts" de Barcelona y el "Villa Padierna" de Marbella y el "Abama" de Tenerife están asociados a ella.

- Bulgari Hotels. A día de hoy solo tienen una representación europea; Bulgari Milán. Si alguna vez decido adentrarme en el universo asiático -lo dudo-, lo tengo muy claro, visitaré su sede de Bali.

- Hyatt. Quién no conoce a esta cadena. En Europa no poseen muchos establecimientos pero nadie se equivoca si decide albergarse en cualquiera de ellos. Quisiera destacar el "Park Hyatt Milán" y el "Grand Hyatt Berlín".


- Intercontinental. Cadena extendida por todo el mundo. Aquí habría que andarse con cuidado ya que podemos encontrarnos con grandes hoteles con clase de esta cadena como el "Amstel" de Amsterdam, el "Grand Hotel" de Estocolmo pero hay otros que están necesitados de un cierto "empuje" de remodelación.

- Orient Express. Hemos topado con mi favorita. Esta empresa no sólo posee hoteles; también ofrece safaris, cruceros de río, restaurantes y viajes en trenes de lujo. A día de hoy son solo doce los establecimientos hoteleros que posee en el viejo continente. Para muestra, una de mis críticas se centró en el hotel "Reid´s Palace" de Funchal. No podemos dejar de citar al "Hotel Cipriani" de Venecia. En España tenemos dos representaciones, el "Ritz" de Madrid y "La Residencia" en Deia, Mallorca. Sus dos últimas adquisiciones, precisamente de este año 2010 han sido el "Grand Hotel Timeo" y el "Villa Sant´Andrea", ambos en Taormina, Sicilia.

- Hotels by Hilton. Aquí solo "Waldorf Astoria", "Conrad" y de su infinito inconmensurable, solo algunos "Hilton". Para muestra perfecta el "Rome Cavalieri".

- Mandarin Oriental, lógicamente en su vertiente europea. Para explicarlo en una frase somera, esta cadena intenta trasladar el "lujo asiático" a occidente. Baremos muy altos en calidad y servicio. En España acaban de hacer su desembarco con el "Mandarín Oriental Barcelona".

- Kempinsky. Es la cadena hotelera europea más antigua, lleva más de un siglo incorporando hoteles a su gestión. Dos hoteles muy representativos de esta cadena son el "Adlon" del Berlín y el "Giardino di Constanza" en Sicilia.

- Rocco Forte. Doce hoteles y un "Resort" pertenecen actualmente a esta gran cadena europea de hoteles de lujo y distinción. El "Amigo" de Bruselas, el "Brown´s" de Londres, el "Balmoral" de Edimburgo y el "de Russie" de Roma son lugares obligatorios para el que pretenda conocer la hostelería de lujo de Europa. Su última adquisición, un "resort" al suroeste de Sicilia, el "Verdura golf & Spa" está dentro de mi "planning" de próximos viajes.

- He dudado en introducirla pero también algunos "Gran Meliá". El "Colón" de Sevilla, el "Fénix" de Madrid son clásicos españoles que han sabido amoldarse a las exigencias actuales de atención y servicio. El archiconocido "Don Pepe" creo que desde que lo visitaba Paco Martínez Soria, también ha cambiado y, aunque hace años que no lo visito, me parece que también lo han remodelado.

- Marriott. De las múltiples submarcas de esta gran cadena internacional, solo podemos fijarnos en algunos "Marriott" y algunos "Reanissance". Son hoteles de negocios, tipo "Hilton" y la funcionalidad de lo diáfano suele ganar terreno a la calidez de la cortesia y el servicio.

- Algunos de la "Small Luxury Hotels of the World". Quiero lanzar un mensaje de apoyo y cariño a esta central de reservas, menos conocida que "The Leading Hotels of the World" o "Preferred Hotels of the World" pero con muy similares parámetros en lo que a calidad en atención y servicio se refiere. A ella están adscritos muchos hoteles independientes pequeños que van desde el estilo más vanguardista al más rococó. Exquisitez y distinción a "pequeña escala".

- Boscolo Hotels. Pequeña cadena hotelera europea que se está haciendo hueco en el panorama internacional de la hoteleria de lujo. Siete hoteles como insignias del grupo en Italia, Hungria, Francia y Chequia. Su última adquisición y de vanguardia, el "Exedra Milán", impacta el diseño de su Spa.

- Baglioni Hotels. Lujo y clase - como debe ser - emanan por sus paredes los ya legendarios Baglionis. El "Luna" de Venecia, el hotel más antiguo de la ciudad, lo podemos elegir como su buque insignia.

- Hospes. Pequeña pero prometedora cadena hotelera española. Con diez establecimiento en la actualidad (9 en españa, 1 en París) cada uno de sus locales están cuidadosamente seleccionados. Intentan cuidar el servicio en los pequeños detalles. Destaca su desayuno "personalizado" del Hospes Maricel de Palma de Mallorca. Es otro concepto. Clase y lujo a buen precio. Mi enhorabuena a Hospes.

- Franklyn Hotels. Siete establecimientos posee esta cadena menos conocida de hoteles. Destacar el "Cadogan" en Londres.

Por supuesto que fuera de estas cadenas hoteleras y centrales de reservas hay buenos hoteles de lujo pero estas incluyen la gran mayoría. Por tanto, bien que no he hablado de "Sofitel", "Radisson", "Ac", "NH" y alguna otra. Como he comentado antes con "Hilton" suelen ser hoteles enormes para el viajero de negocios o el turista accidental. No obstante hay muy grandes excepciones que confirman la regla. Tampoco hablo de "Maybourne Hotel Group" pero no porque no posean estándares de alta calidad sino porque solo tienen tres locales -aunque menudos tres- en Londres. Lo mismo sucede en Europa con "Morgans Hotel Group" o la mundialmente conocida "Jumeirah" que creo solo tiene representación europea en Londres. No puedo terminar sin mencionar a "Regent"; dicha cadena con solo tres hoteles en Berlín, Bourdeaux y Zagreb. Es el tope de gama de la Radisson.

Bien, con tal cantidad de datos, espero haber logrado en mi lector la pretensión inicial que no es otra que asesorarse bien antes de decidirse por un hotel. Sé que un comentario que muchos imaginarán es "todos esos hoteles son muy caros". Ante esa afirmación no tengo respuestas tan claras. No obstante, en algunos locales de los que he hablado nos sorprenderíamos del precio. En vez de estar una semana en un "todo incluido" se puede optar por 3 noches en un hotel con estilo. En vez de hacer tres viajes al año con esos "paquetes vacacionales" podemos hacer uno con clase.
En vez de ahorrar para un móvil de última generación podemos ahorrar para pasar dos noches en un buen hotel. No sé, eso entra en el terreno de la intimidad y de las conversaciones de alcoba.