¿Qué pretende este blog?


Mi blog pretende realizar una crítica, lo más completa posible, de los principales hoteles europeos, así como proporcionar instrucciones y usos de protocolo y buenas maneras tanto a los profesionales del sector como a los huéspedes de los establecimientos. Como se observa, todo está basado en la independencia que me caracteriza, no perteneciendo a ninguna empresa relacionada con este mundo. Soy un consultor independiente. Personalmente he visitado cada uno de los locales de los que hablo en este blog.
Es mi capricho, del que llevo disfrutando varios años y quiero poner mis conocimientos y opiniones a disposición de todo aquel que quiera leerlos.
La idea surgió al no encontrar nada en la red - ni siquiera en inglés - sobre auténticas críticas de hoteles, al margen de comentarios de clientes enfadados que "cuelgan" sus quejas en distintas webs como un simple "derecho al pataleo" sin intento alguno de asesorar, construir o mejorar.
Muchas gracias por vuestra atención y colaboración.

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martes, 1 de febrero de 2011

Las llaves inteligentes. Segunda parte. Y última


La historia que voy a contar, les aseguro que me ha sucedido, a diferencia de otra que ya relaté anteriormente sobre "La Tía Paca y su hotel rural", que no deja de ser una ficción. Real, como la vida misma, pero ficción. Las llaves electrónicas, si no son bien gestionadas por el personal del hotel, pueden ser causa de la peor de las críticas que imagine sufrir un establecimiento hotelero. Miren lo ocurrido en un hotel de lujo de España, no daré más datos.

Sucedió que mi acompañante y yo, entramos contentísimos para pasar tres días de relax en el Hotel Plin. A la llegada, mientras el botones recogía el equipaje, en recepción nos recibían muy cordialmente con una copa de agua con menta. La 626, don Alfredo, me dice correctamente el muy bien uniformado recepcionista. Como es corriente en estos casos, nos hacen la entrega de las llaves (electrónicas lógicamente) y nos disponemos a subir al sexto piso. Les aseguro que no existe cosa más lenta en este mundo que un ascensor de hotel, sobre todo si el establecimiento sólo posee un único ejemplar. Seguro que muchos de ustedes están de acuerdo en esta afirmación.
Dio la casualidad, desafortunada, que se me olvidó indicar en la reserva que quería una habitación cerca de los elevadores. Reconozco que es una manía que tengo. Pero tiene su explicación. Si no dices nada, te envían a la habitación más recóndita del piso con la excusa barata de que es la más tranquila; cuando en realidad es la más ruidosa (la maquinaria del hotel suele estar cerca) y la que más tiempo lleva sin remodelar. Incluso, en algunos hoteles, te ves obligado a descansar por los pasillos, para tomar fuerza y continuar con tu ajetreado viaje a la alcoba. O lo que es peor, perderte cual laberinto por el océano ingente de indicaciones de flechitas mal puestas. Pues así sucedió en el hotel del que les hablo. Ya no me gustó el detalle de que nadie te acompañara a la habitación para indicarte lo principal de la misma, pero ya he dicho en otras ocasiones que se está perdiendo este servicio.

Bien, cual es mi sorpresa, que cuando voy a abrir la puerta, metiendo la llave por la ranura, no lograba conseguir abrirla. El color rojo no desaparecía del pequeño display y el verde se negaba a salir. Este es el momento, se lo aseguro, más terrorífico que puede sufrir un huésped de hotel, ni siquiera superable por la visualización obscena de una cucaracha. Absolutamente desamparado, tuve que ponerme de nuevo en camino, fijando la meta en recepción. Durante el mismo, sufrí algunas inclemencias como la larga espera a que el ascensor subiera al sexto piso y, por fin, en el mostrador, tuve que esperar a que atendieran a una señora gorda, rubia de bote, que estaba realizando su check-out y no parecía mostrarse muy de acuerdo con la factura. Una vez superada la obesa circunstancia accedí a dialogar con el único uniformado. No puedo entrar a mi habitación, le dije cortésmente al recepcionista. Él, pidiéndome disculpas, volvió a codificar la tarjeta y me la devolvió asegurándome que el problema estaba resuelto.

Con la motivación del que, por fin, se siente amparado y con la audacia del que cree haber resuelto el problema, puse de nuevo rumbo a la 626 donde mi acompañante me esperaba. El elevador recogía, piso por piso, huéspedes de esos que tienen que pedir crédito al banco para pagar el sobrepeso de equipaje en la facturación de su vuelo. Clientes pueblerinos que se meten en el ascensor cuando saben que va a subir y luego tendrán que bajar; en vez de esperarse y pillarlo de vuelta. El cansancio comenzaba a hacer mella en mi cuerpo. La larga caminata sin aire acondicionado por los pasillos del hotel se me hacía ardua. Al llegar otra vez a la puerta, en vez de recibir las felicitaciones de mi acompañante, me llevo una reprimenda parecida a ¡Cuánto has tardado, llevo aquí de pié un cuarto de hora! No pasa nada, contesto. Ya está resuelto. Sin embargo, metes de nuevo la llave por la endiablada ranura y el verde no aparece. La puerta sigue sin abrirse. Tu pareja intenta abrirla tachándote de inepto por no saber abrir una puerta pero, de inmediato, se percata que tampoco puede abrirla. Los nervios afloran. El problema se agrava y tu cuerpo cansado debe solucionar esta situación tan embarazosa. Sin entrar a los gritos que recibo de mi acompañante y a los recuerdos que hace a algunos parientes lejanos y no tan lejanos del recepcionista, le recomiendo que se siente en un sillón del hall de la planta. Me dice que en cuál pues este hotel no tiene tales asientos. Yo, por no hacerle sufrir más, le digo que voy corriendo de nuevo a recepción y que no tardo nada. Le pido un poco de agua que llevaba en un botellín y que estaba caliente, para poder tomar algunas fuerzas y -con perdón- cagándome en mi pena, vuelvo a emprender mi viaje al mostrador de recepción. El ascensor tardó menos minutos que en ocasiones anteriores pero justo en recepción, un señor enjuto y barbudo se quejaba de que sólo había consumido 4 ginebras del minibar y le habían cobrado 7. A saber si con cuatro ginebras encima puedes llegar a contar hasta siete.
Por tanto, una vez que el señor Tanqueray soluciona su problema de alcoholismo, el recepcionista me pregunta que qué deseo. Yo, un poco malhumorado pero sin perder la compostura, le contesto que darme una ducha, poner el aire acondicionado de mi habitación muy frío y descansar. Él se percata, por tanto, de que no he podido abrir y me vuelve a pedir la llave para codificarla. A ello, le contesto, que la codifique él con las orejas, si es posible, pero que, después de los 28 kilómetros que llevaba recorridos por los pasillos, me había percatado de que el problema no radicaba en la miserable codificadora sino en el maldito lector de la puerta de mi habitación. Pero él, erre que erre, continuaba empecinado en volver a codificarla. Soliviantado el desacuerdo porque me negué radicalmente a ello, llamó a un mozo para que me acompañara a la habitación e intentara abrirla. Al notar que la agonía se iba a prolongar y que iba a realizar otros ocho kilómetros en balde, opté por exhortar al recepcionista contumaz de que subiera sólo el mozo y que mientras, él, me fuera preparando las llaves de otra habitación. Llamé por teléfono a mi acompañante, creyendo que ya estaría tomando un vuelo de vuelta para que me perdonara por tal lamentable suceso. Cual fue mi sorpresa que aún se encontraba en el pasillo de la habitación, sentada en el suelo como una miserable bandeja de esas que depositan desordenadamente los clientes zafios con salsas a la vista en el plato. Le comuniqué que un mozo estaría en la puerta en unos diez minutos (eso era la duración normal del viaje sin mucho tráfico pues ya no era hora punta) intentando abrirla. Como no la iba a poder abrir, le aconsejé que se bajara con él a recepción para reunirnos, de nuevo, allí y emprender la ruta hacia nuestra nueva habitación que me estaba preparando el recepcionista contumaz. Así fue como ocurrió todo. Casi una hora después de realizar nuestro primer "check-in", entrábamos en nuestro ansiado cuarto a descansar. Sí, Macario, a descansar.

La dirección del hotel, por boca de su Relaciones Públicas, me pidió perdón por lo acaecido y tuvieron el detalle de invitarnos a un cóctel en su "lounge bar". Mucho nos reímos, saboreando el mojito, rememorando la hazaña de poder acceder a nuestra habitación.

lunes, 22 de marzo de 2010

The Westin Palace, Milán









Es muy complicado elegir un hotel en Milán puesto que la oferta es enorme. Me he decantado esta vez por el Westin por dos motivos; el primero porque ha sido elegido el hotel con la tercera mayor puntuación en Italia según la revista "Travel and Leisure 500 World´s Best Hotels 2010", detrás del "Grand Hotel Baglioni" de Bolonia y de "Il San Pietro" en la Costa Amalfitana; el segundo porque alguno de mis lectores me lo ha solicitado.

Web

Con una web muy funcional, compartido su diseño con todos los Westin del mundo, la del Palace de Milán no tiene ningún elemento diferenciador al resto. No puedo ponerle muchas pegas, tan solo que me parece un tanto escasa de información y de fotografías pero, no puedo achacar tal escasez al hotel sino a la cadena Starwood a la que pertenece dicho hotel. Eso sí, tiene una facilidad enorme para consultar con rapidez y clarividencia la disponibilidad y precio de las habitaciones. El sistema de reservas es también rápido y claro, propiedad de Westin.

Check-in

Este viaje no lo realicé solo con mi acompañante. Con dos amigos más compartimos esta experiencia y, es cierto, los cuatro la recordamos con gran cariño y alegría pues fueron dos noches en Milán llenas de bonitos recuerdos.
El avión aterrizó, esta vez en Bérgamo y decidimos probar el servicio de "shuttel bus" hasta "Milano Centrale", estación de ferrocarril de la ciudad. Aunque el viaje no es muy largo, echamos de menos un taxi, por tanto, nada más llegar al final del recorrido del bus, nos montamos en uno que nos llevó directamente al Westin Palace. Las dos habitaciones, categoría classic, estaban a mi nombre y el proceso de check-in fue rápido y eficaz. Muy de agradecer pues eran ya las nueve de la noche y una mesa reservada nos esperaba en el restaurante "Papermoon", uno de mis preferidos de la ciudad situado en la Vía Bagutta, paralela a Montenapoleone. Justo el tiempo necesario para deshacer malamente la maleta y darnos una ducha, el taxi nos dejaba en la puerta a las diez de la noche. A "Papermoon" no van turistas, es frecuentado por la clase media milanesa y, créanme, merece la pena.
Al regresar, pude empezar a investigar la habitación, un detalle que me agradó fue que el "turn-down" estaba hecho. La "room" en tonos ocres era espaciosa con muebles de madera noble pero sin ninguna ostentosidad, un poco anticuado, eso sí, el cuarto de baño con dos lavabos en mármol y grifería monomando. La bañera disponía de mampara y no de cortinilla, algo muy de agradecer y las "toiletries" eran de "Heavenly", igual que la cama registrada por Westin "Heavenly Bed". El problema surge cuando nos encontramos con la moqueta, como sucedió. Detesto ese nido de ácaros pero, qué le vamos a hacer, son reminiscencias del pasado que aún no se han depurado.

El desayuno, no tuve ocasión de probarlo. Sí le eché un vistazo ya que era "tipo buffet", bien surtido y ordenado. Sucede que mis acompañantes y yo, preferimos desayunarnos en "Cova", la "pasticceria, confetteria" más emblemática de Milán, abierta desde 1817, situada en un lugar privilegiado de la calle Montenapoleone. Su "panettone" es el más famoso del mundo. Sentarse en una mesa junto a "momias" con peluca portando caniches malcriados, "blaziers" de colores chillones y corbatas estampadas, "gafas de Prada XXL", fusiladoras de Visa haciendo un "break", "autobronceados de toallita", rusos que pagan en Gucci con "cash"... es todo un espectáculo digno de admirar el periplo de la clientela de Cova.

El Hotel

The Westin Palace Milan combina, con resultado muy aventajado, el ser un hotel de negocios y de descanso y serenidad; ciertamente pocos pueden permitirse ambos privilegios.
Situado en un extremo de la Plaza de la República, si bien es cierto que queda un poco lejos del Duomo, Spiga, Corso Como, etc, hay que afirmar que está muy bien comunicado en metro, justo enfrente del hotel. Parada esta (República) que comparte con otro hotel emblemático de la ciudad, el "Principe di Savoya". Si uno no se quiere complicar, mejor taxi.
Como sucede en ya todos los Westin y en casi todos los hoteles de Europa, tienen una política de no fumar en todas las instalaciones del hotel. El Westin tiene un detalle con los fumadores al sacar unas mesas fuera, justo en la esquina del porche donde -gracias al buen tiempo- pasamos muy buenos momentos mis amigos y yo degustando buenos gin-tonic y controlando la entrada y salida de los huéspedes del hotel, buen escaparate.
El restaurante "Casanova", tampoco lo probé, ofrece cocina italiana europeizada pero no creo que sea un emblema en la gastronomía de la ciudad.
El "lounge bar", muy atractivo y acogedor con sillones tipo "chester" invita a tomarte una última copa antes de acostarte.
Posee tratamientos de Spa aunque no tiene piscina de hidroterapia. Sauna cómoda y gimnasio bien repleto de maquinaria que yo jamás utilizo en ningún hotel ya que visito los hoteles para descansar y pasármelo bien, no para sacrificarme y sudar camisetas.
El servicio de "concierge" multilingüe", muy eficaz para reservas en restaurantes. No hizo falta hablar en inglés puesto que uno de mis amigos hablaba italiano fluido.

Check-out

Sin inconvenientes y todo en regla, con recepción muy bien atendida tanto en buen servicio como en número de personas, el taxi ya estaba esperando en la puerta para conducirnos a Bérgamo pues esta vez no deseamos volver a pasar por el maltrecho autobús que parte desde la estación Central.

Comentarios finales

Milán es mi ciudad favorita, plagada de muy buenos hoteles. Por citar algunos, el "Grand Hotel et de Milan", el "Bulgari", el "Seven Stars Galleria" situado en las galerías Vittorio Enmanuelle", el "Carlton Hotel Baglioni", el "Exedra" de la cadena Bóscolo, el "Hyatt", el "Four Seasons", "The Gray".

Para disfrutar de la gastronomía milanesa no hace falta frecuentar locales con precios disparatados; recomiendo "Il Solferino", comida tradicional ; "Asso di Fiori", situado en el paseo del "Naviglio Grande" donde se degusta verdadero queso italiano. Por último el "Corso Como 10", ambiente "chic" y desenfadado para un almuerzo o cena rápidos.

A mi entender, París y Milán son las ciudades más caras de Europa y es difícil encontrar habitación en alguno de estos hoteles por menos de 300 euros la noche. El Westin, sin embargo, ofrece en determinadas temporadas precios algo más atractivos. Quiero hacer esta anotación debido a que algún seguidor me achaca que hablo siempre de los hoteles más caros. Como se ve, no siempre es así. Aunque no es el caso de esta visita que tuve a Milán, he encontrado habitación en este hotel por 130 euros.
A ser posible, intente visitar Milán de lunes a jueves donde se encuentra en todo su fragor la vida milanesa, abarrotada de metrosexualidad y glamour al más puro estilo italiano.

martes, 16 de marzo de 2010

Qué es y cómo debe realizarse el "turn down"



El "turn down", también llamado servicio de "coberture", cobertura o descubierta, es la segunda entrada en la habitación por el equipo de camareras al caer la tarde.
Dicho servicio tiene como finalidad disponer la "room" para que el cliente, una vez vuelva a su cuarto para pasar la noche, se lo encuentre listo con detalles muy agradables que le ayudarán a pasar una buena noche.

Una buena cobertura consta de una apertura delicada de la cama y retirada del cubrecama. Si el cabecero de dicha cama es de material no sintético, de madera noble o delicado, se debe cubrir con un paño de hilo que suele llevar bordado el emblema del hotel.

Se debe colocar otro paño, a modo de alfombra, a cada uno de los lados de la cama y depositar encima las zapatillas.

Como no puede ser de otra manera se procede a cerrar las ventanas y persianas y descorrer las cortinas para conseguir oscuridad.

El "turn down" también consta en la reposición de las "toiletries" que se han ido gastando durante el día, sobre todo el "shower gel" y el champú. Las toallas usadas que el cliente ha abandonado se deben reponer. En cada mesilla de noche se depositará una botella de agua mineral con una copa, nunca jamás un vaso. Ahora que hablo de vasos, permítanme que les comente que los detesto salvo cuando, en algún cóctel, su servicio es necesario. El agua ha de beberse en copa de cristal, a ser posible, cristal muy fino.

No es este el momento de proceder a volver a limpiar la habitación. Es de buena educación que el huésped mantenga la habitación ordenada en todo momento para que la camarera pueda realizar la cobertura con comodidad y no tenga que ir saltando obstáculos de zapatos, bolsas o enseres repartidos por el suelo de la habitación. Para algo están los armarios y los cajones.

Si durante el día nos han proporcionado una bandeja de frutas de temporada, si tal fruta nos la han servido pelada y cortada -como debe ser servida-, se procederá a su retirada o reposición. La fruta es perecedera y se oxida.

Por último, se agradece el detalle de ofrecer algún chocolate; algunos hoteles optan por depositar finamente pétalos de rosas encima de la cama. A mí no me gusta esa práctica, aparte de ser un tanto cursi, hay quien es alérgico a las flores. Otro detalle que se agradece es dejar en la mesa de noche o encima de la cama una pequeña tarjeta con la previsión meteorológica del día siguiente o con alguna noticia de relevancia -lógicamente relacionada con el hotel- que la dirección considere conveniente dar a conocer al cliente. Debajo de dicho tarjetón, es de buen gusto dejar la cartulina que contiene la petición de desayuno en la habitación para que se pueda rellenar y colgar del pasamanos de la puerta.

Para ayudar al servicio se recomienda a los clientes del hotel que coloquen la etiqueta de "entry", o la proporcionada en cada momento, colgada del pomo de la puerta para que se proceda a realizar dicho servicio.

El servicio de cobertura de habitación es un medidor excelente para afirmar que nos encontramos ante un hotel de lujo con muy buen servicio. Un hotel que no lo tenga, no se puede considerar excelente por muchas estrellas que posea. Un hotel que posea dicho servicio y lo haga mal; debe mejorarlo rápidamente o eliminarlo radicalmente. Lo que se hace regular, o se mejora o no se hace. El peligro y el desastre de este servicio radica cuando el cliente -una vez llegado a su habitación- debe llamar por teléfono para solicitarlo puesto que se ha encontrado su cuarto igual que antes de salir a cenar. Un fracaso semejante no se lo puede permitir ningún gran hotel.

viernes, 26 de febrero de 2010

Cómo evitar ser un turista grosero



La clase ¿Nace o se hace? Lo primero, seguro; lo segundo, afirmo que - aunque más difícil -, también. Porque no lo olvidemos, en el siglo XXI la clase no es otra cosa que la muy buena educación, el saber estar como se debe estar en cada momento y las reglas básicas de urbanidad y buenas maneras de toda la vida. Por tanto, no nos confundamos, la clase no tiene que ver con la alta capacidad adquisitiva -durante la historia pocas veces han ido de la mano- ni con la pedantería cursi y amanerada del que cree que por sus rarezas va a ser aceptado en cierto nivel social.

Vayamos por partes. Hemos dicho que tener clase es:

"La muy buena educación y el saber estar como se debe en cada momento":

Si hay algún error por parte de la recepción en el tipo de habitación que hemos elegido ¿Por qué levantamos la voz? ¿Por qué utilizamos frases soeces como "yo lo he pagado" o "yo soy el que paga"? O como "usted no tiene ni idea, cállese y deme la habitación que había pedido" O como si aún no está preparada "Pues empezamos bien", etc.
¿Por qué en los hoteles de "playa" dejamos las toallas secar en el balcón? ¿Por qué vamos a comer en dichos hoteles en "chanclas"? ¿Por qué en los espacios comunes de estos hoteles los hombres no cubrimos nuestro atractivo pecho con -al menos- una camiseta? ¿Por qué gritamos o levantamos en exceso la voz, aunque nos lo estemos pasando extremadamente bien? ¿Por qué hablamos alto cuando vamos por los pasillos de un hotel, sobre todo si son más de las doce de la noche, creemos que estamos solos en el local? ¿Por qué si utilizamos uno de esos hoteles que -en mi pobre opinión- son detestables llamados "Todo Incluido" nos hartamos como cochinos a comer absolutamente cualquier alimento que se nos pone por delante o bebemos cantidades ingentes de alcohol hasta acabar semiinconscientes en una birria de piscina de azulejo barato; acaso por ser gratis o "ya lo he pagado"? ¿Por qué empujamos como hipopótamos a "culazos" a todo aquel que se acerca a servirse algo en el buffet del desayuno, acaso creemos que se va a acabar y voy a estar 40 días sin comer? ¿Por qué abro y cierro las puertas de acceso a mi habitación y la de los armarios de las mismas dando portazos que serían capaces de despertar a una momia? ¿Por qué tratamos al servicio del hotel como si fueran nuestros sirvientes? ¿Por qué si en un hotel de lujo me exigen cierta etiqueta en el vestir no la cumplo, acaso porque tengo mucho dinero? ¿Por qué no utilizo el albornoz -si es que lo tenemos a nuestra disposición- para desplazarme por ciertos espacios comunes del hotel? ¿Por qué arramblo en mi check-out con todas las "amenities" de la habitación que dejo, incluido el calzador, el abridor de botellas y la "body lotion" que criará malvas eternamente en un cajón olvidado de nuestro cuarto de baño?, ¿Por qué no damos propina ni al botones que acaba de salvar a nuestra querida acompañante de un incedio que hemos tenido en nuestra habitación y sí somos capaces de gastarnos en cervezas baratas el doble del importe que en conciencia deberíamos haber gratificado al héroe de nuestro botones?, ¿Por qué en ocasiones que frecuentamos un hotel de lujo andamos cohibidos como creyendo que no somos de la clase del resto de los huéspedes, acaso no somos todos iguales?

"las reglas básicas de urbanidad y buenas maneras de toda la vida".

¿Por qué no SIEMPRE cedemos el paso un señor a una señora y un joven a un mayor?¿Por qué no SIEMPRE utilizamos en la prestación de un servicio el gracias, habiendolo pedido por favor?, ¿Por qué, al pasear por un hotel no cruzamos una sonrisa con los que están a nuestro alrededor -espero que se me entienda esta frase- ?, ¿Por qué llamamos a gritos al camarero y le tuteamos?, ¿Por qué salpicamos como nutrias en la piscina?, ¿Por qué en los recintos comunes odiamos a los niños que gritan o se portan mal si son solo niños?¿ Por qué, si somos padres, no cuidamos de que nuestros hijos no entorpezcan y disturben el descanso del resto de los huéspedes?¿Por qué bajamos al desayuno con una pinta como si estuvieramos recién levantados, incluidas las legañas, qué sucede que nos da apuro gastar gel por si luego no llega para "apropiarnoslo"?, ¿Por qué atracamos y llenamos el bolso de productos del desayuno, acaso tenemos dinero para una semana en un "resort" y no para un "break" de media mañana?

martes, 16 de febrero de 2010

Cómo diferenciar un hotel de lujo de un "pufo" (1ª entrega).

1- Nunca reserves habitación en un hotel si antes no has visitado su web y te ha convencido. Recela de los hoteles con una web "casera" con pocas fotografías. También, salvo casos muy excepcionales, no frecuentes un hotel donde no puedas hacer reserva "on-line" y tengas que rellenar un formulario.

2- Huye despavoridamente de los hoteles que en su web introducen fotografías donde aparecen personas que se pueden identificar aunque sean anónimas. Aclaro, me refiero a esas fotografías donde aparecen comiendo en el restaurante del hotel varias personas - los hombres en manga corta y "shorts" -, fotos de personas en la recepción con "chanclas"... . Cuanta más resolución y más grande sean las fotos, sobre todo de las habitaciones, mejor será el hotel; esta es una regla que se adecúa bastante a la realidad.

3- Desconfía de los hoteles "satélite"; es decir, de los establecimientos que no están asociados a ninguna cadena hotelera ni a ninguna central nacional o internacional de reservas. Los criterios de calidad de estas cadenas o centrales de reservas (de algunas) son muy exigentes.

4- Cuidado con los hoteles "cometa"; es decir, aquellos que porque han salido una vez en la revista "fasiondelamuerte" y dos veces en "oseaporfavor" parece que alcanzan criterios de lujo y servicio y al año siguiente los dueños rebajan una estrella porque no tienen ni para pagar los impuestos.

5- Si quieres un hotel de lujo no vayas a ninguno que te recomiende una agencia de viajes (de las que todos conocemos); ellas desconocen ese criterio. No diré cual, lógicamente, pero hace poco hice una prueba entrando en una muy conocida y preguntando si podían reservarme el hotel Palazzo Sasso de la Costa Amalfitana. Al requerimiento me contestaron: ¿Dónde está la Costa Amalfitana? Si quieres un hotel de lujo, en un destino de lujo, búscalo tú mismo y procede a reservar cómo ya he comentado en otros "post".

6- Y como ya son varias personas, al menos tres, las que leen mi blog, voy a seguir el consejo de uno que me recomienda no hacer entradas tan largas. En breve continuaremos.

viernes, 8 de enero de 2010

The Ritz London








Web
Si bien es cierto que le hace falta un lavado de cara, la web oficial de The Ritz London www.theritzlondon.com la podemos considerar como práctica y funcional donde no es difícil encontrar la información que se busca. Eso sí, las fotografías dejan algo que desear y los "virtual tours" no funcionan correctamente - algo que suele pasar en las webs de muchos establecimientos. (Tengo el Java bien instalado).No obstante la información es completa y fidedigna con la realidad.

Reserva de estancia
Las opciones no son muchas. Por supuesto, voy a dejar al margen la posibilidad de reservar este tipo de "luxury hotels" por páginas web de mayoristas o por agencias de viajes de arrabal que cuando les solicitas un hotel como este te miran con cara extraña intentando convencerte que vayas a otro cercano pero mucho más barato. Un hotel como The Ritz London solo puede ser reservado de tres maneras;
Una, telefónicamente, hablando directamente con reservas del hotel. Reivindico este tipo de reserva puesto que ya está casi en desuso debido a las guerras de precios. Por supuesto que, cualquier persona - salvo que sea tonta - quiere la mejor habitación al mejor precio con los más extras posibles pero, muchas veces, suele pasar que es por teléfono cuando las consigues. Además, es el momento de empezar a averiguar el trato y el servicio del local. Si quieres un hotel barato, es absurdo intentarlo en The Ritz London.
Dos, a través de su página web. El hotel trabaja con "ihotelier", como muchos. Me parece una forma útil y completa de proceder a una reserva. Además tiene la posibilidad de "currency converter", de seleccionar varios extras y de poder elegir algún "package". No me gustan las opciones "non-refundables" pero, bueno, qué le vamos a hacer. Tiene alguna.
Tres, a través de la central de reservas "The leading Hotels of the World" www.lhw.com. Aconsejo tener siempre en cuenta esta opción. Se puede realizar a través de su web o telefónicamente eligiendo el idioma. Es la principal central de reserva de hoteles de lujo del mundo, en ella están asociados la mayoría de los mejores hoteles. Es aconsejable hacerse socio de esta central obteniendo la tarjeta "Leaders Club". Dicha tarjeta te da tratamiento VIP, "upgrade" de habitación y algunas "amenities" de regalo. La básica es gratuita. Pues bien, esta fue la opción que elegí para reservar tres noches - del 1 al 4 de enero de 2010 - en The Ritz London. La realicé telefónicamente y la operadora (trabajan todos en Europa desde Munchen - me parece-) tuvo un trato conmigo encantador, se puso en contacto telefónico con el hotel para solucionar y aclarar el tipo de cama de la habitación. Al final opté por un paquete weekend con desayuno e impuestos y tasas incluidos por un precio total de 975 libras esterlinas. El tipo de habitación fue "Superior King". Lo explicaré más abajo. La política de cancelación muy buena, sin penalización si cancelas hasta las 13:00 horas del mismo día.

Check-in
The Ritz London es el hotel que cualquier amante de los hoteles debe conocer. En el 150 de Picadilly y, justo a la salida de metro de "Green Park" "mapa" encuentras su fachada llena de clase y de historia que, a cualquier turista que pasa por delante, le hace desviar la mirada con la incógnita de qué se mueve dentro.
En nuestro caso opté por el "Gatwick Express" hasta Victoria y desde allí, una sola parada de metro a "Green Park". Buena elección ya que el "New Year´s Day Parade London" mantenía cortada Picadilly para los taxis. No obstante, la mejor manera de llegar a The Ritz London es en taxi por su entrada de "Arlington Street".
La impresión al entrar por su puerta giratoria, una vez saludado al portero es la esperada, a la izquierda el mostrador de recepción y un poco más adelante a la derecha, el "concierge". Todo lujo y distinción. Muy amablemente pero sin pedantería nos recibió el recepcionista y, rápidamente nos preparó la entrada. Sucedió que eran las dos de la tarde exactas y aún le faltaba a la camarera jefa dar el visto bueno a la preparación de la habitación por lo que un mayordomo, de impecable uniforme entre frac y chaqué nos acompañó a un salón "The Queen Elizabeth Room", donde esperamos a que la habitación estuviera totalmente lista. La verdad era el primer día del año y este pequeño contratiempo fue gratamente comprendido, no solo por la belleza del salón donde esperábamos sino por la amabilidad con la que nos acompañaron.

Habitación
Al poco tiempo el mismo mayordomo nos acompañó a la "room" cuya entrada fue muy agradable. Quién espere en The Ritz London una habitación de última generación con diseño minimalista y muebles de estilo vanguardista que no reserve aquí. Los muebles son de estilo isabelino, la habitación - Executive King - debido a un "upgrade" por ser miembro de "Leaders Club" suficientemente amplia para no estorbarse dos personas, estaba preparada con una botella de "champagne", fruta fresca, frutos secos y un libro de recetas de té obsequio para mi acompañante; todo ello de cortesía por parte del hotel. La cama, de "King size" lujosamente decorada pero blanda de más y, junto con las almohadas, podemos decir que fue lo peor de la habitación. No, lo peor fue el aparato de aire acondicionado que no dejaba de hacer un pequeño ruido todo el tiempo, incluida la noche, y eso que estaba desconectado ya que no me gusta pasar calor en las habitaciones. Los armarios generosos, tanto en espacio como en perchas -de madera lógicamente -, amplia caja fuerte y completo minibar con cubitera llena de hielos. No quisimos que el mayordomo nos deshiciera el equipaje debido a que no traíamos mucho y que, como español que soy, aún no estamos muy habituados a este servicio muy personal.
El cuarto de baño amplio, funcional pero algo anticuado. Todo muy limpio ¿Por qué no penalizan el usar las cortinillas de la bañera? Para algo están las mamparas de baño. Un gran fallo. Dos lavabos y un bidé - lógicamente estamos en Londres -. Las "amenities" de baño eran de "Garden of Highgrove", producidas exclusivamente para el hotel, mezcla de extractos de fragancias de hierbas y plantas y, pocas veces las he probado mejores.
El servicio de "coberture" vespertino es excelente. Nunca molestan y tienes antes de acostarte la cama perfectamente descubierta y preparada para descansar, "mineral water" de cortesía, reposición de hielos, toallas o productos de baño, en fin, lo necesario para pasar una buena noche. El detalle de dos tallas de zapatillas o la tela cubre cabecero con el logo del hotel junto con el "please, non disturb" a mano para colgarlo en el pomo de la puerta hacen esta segunda revisión de la habitación diaria por encima de lo común.

Estancias, Bares y Restaurantes
En primer lugar, si no te gusta la etiqueta en el vestir ¿qué haces intentando alojarte o acudir a este hotel? Sí. Es así y, a mi juicio, una de las reglas que se mantienen ya en pocos lugares, y que hace que The Rizt London, sea un referente en el lujo y en servicio. "Jacket and tie" es necesario para moverse por los diferentes salones y estancias del hotel. Es decir, bares y restaurantes. Por supuesto, incluyo el tan ansiado por unos y famoso "Afternoon tea". Solo los orientales y los nuevos ricos rusos bajaban a desayunar a "The Ritz Restaurant" sin corbata. No entiendo porqué no les llamaban la atención puesto que en el check-in te lo recuerdan con una carta explícita. Todo ello no quiere decir que siempre haya que usarla, por ejemplo si vas o vuelves de la calle, pero para el resto, si piensas no llevarla, vete mejor al "Sanderson Hotel" o al "Soho Hotel" o a cualquier otro hotel de Londres que, incluso más caro, no tienen estas reglas.
El "Afternoon tea" debes reservarlo con antelación, si bien es cierto que lo sirven desde las doce hasta las siete. Es obligatorio si quieres empaparte de buen gusto y glamour y de los vestidos infumables de la alta sociedad londinense. Un escaparate lleno de curiosidades.
El "Rivoli Bar", con entrada por "Picadilly Street" es un lugar maravillorso para dejarse ver y ser visto tomándose un "Bloody Mary" antes de la cena o un "Mohito" con ron blanco después de una velada. Aunque para esto último no hay que dejar de visitar "The Ritz Club Casino", donde todos los huéspedes del hotel son socios durante el tiempo que dure su estancia. Vale para cenar, tomarse una copa o jugarse unas libras al "Black-Yack". Ni qué decir tiene que quien no tenga la mano suelta para gastar, no debería ni intentar entrar a hoteles como este. Quién quiera una oferta de fin de semana en Londres que se vaya a una web de esas que casi te pagan por alojarte en uno de medio pelo. A "The Ritz London" se va por su clase y servicio y nada más.
El "Breakfast" es inmejorable. Lejos quedan esos kilométricos mostradores de bufet con todo tipo de estupideces que nadie come jamás y esas damas rechonchas despavoridas dando "culazos" por agenciarse antes que yo un trozo de pan o una de esas salchichas que, junto con los huevos revueltos que ni son huevos y solo están revueltos, pululan por cualquier hotel sin clase, por muchas estrellas que tenga.
El desayuno tiene una pequeña mesa de bufé donde tienes salmón ahumado de la mejor calidad, jamón, queso, alguna salsa que tanto gusta a los ingleses pero de muy buena calidad, cereales, frutas secas y escarchadas y fruta fresca.
Posteriormente, el desayuno es totalmente a la carta. Sus "Eggs Benedict" son soberbios, así como sus "Eggs Frite" con "Black Pudding" - como morcilla española -. Tú lo pides y te lo sirven. No hace falta levantarte veintisiete veces como en otros bufets donde me salen hasta agujetas del esfuerzo.
El zumo de naranja frío y recién exprimido servido en jarras de alpaca es delicioso, las tostadas también te las sirven, así como el pan y la bollería; por supuesto también el té o café. La vajilla y la cubertería digna de "Buckingham Palace".
Una copa de "champagne" aprovechando el salmón ahumado no desmerece nada. Hay que tomárselo con tranquilidad, no hace falta ir a la trágala mirando el reloj porque no llegamos a "Portobello Market" para comprar idioteces. Si eres un coleccionista de tres al cuarto, no puedes alojarte en The Ritz London e ir luego a esos sitios de turismo barato y masificado sin ninguna clase.
No cené ningún día en el hotel puesto que tenía preparado una serie de restaurantes para probar que más tarde comentaré. El "Concierge" efectivísimo me hizo todas las "Book a tables" que le solicité. Es recomendable hacerlo así debido a que, como llaman desde The Ritz, en el restaurante te dan una mesa mejor que si haces la reserva por internet o por esos canales de ahora totalmente deshumanizados a través de la red.
No queria seguir sin comentar una obviedad como que no se puede fumar en ninguna estancia del hotel. The Ritz London no tiene un cenicero en la puerta de entrada por lo que es recomendable el uso personal de un "ashtray pocket" para no verse en la difícil tesitura de tener que tirar al suelo la colilla del cigarrillo creyendo que nadie te ha visto cuando no es así. Cesar Ritz, fundador de la cadena, si levantara la cabeza y viera que en su hotel no se puede fumar, la volvería a meter en su ataud.
Por último, hay que hacer mención al "seventh floor heaven" donde, sin llegar a ser un SPA, tienen preparadas cabinas para masajes y tratamientos de belleza en la séptima planta con productos producidos especialmente para The Ritz London por "Aromatherapy Associates", empresa de reconocido prestigio en los productos de tratamientos de belleza.

Check-out
Fue rápido, eficaz y distinguido, como todo lo que huele a este hotel. No hubo ninguna equivocación.

Comentarios finales
He intentado desglosar la crítica en varios apartados para que no parezca todo un batiburrillo de datos sin conexión. Rogaría me hicieran cualquier tipo de recomendación o sugerencia si también han disfrutado de este espléndido hotel, origen y modelo del lujo y servicio que otros muchos han intentado copiar y copian no con mucho éxito.
Como curiosidad, cada lunes a las doce de la mañana suena una alarma de incendio pero solo es un simulacro por protocolo de seguridad. Lo avisan con la elegancia que les caracteriza.

Alfredo.